Un ‘new deal’ ibérico para el periodismo y la comunicación 1 386

Juan Carlos Blanco

El Green New Deal al que aspiramos, también necesita un ecosistema de la información más sano y más robusto. Para lograrlo, necesitaremos tener medios de comunicación fuertes, empresas socialmente comprometidas que sean capaces de transmitir sus valores y ciudadanos críticos y exigentes a los que no se les pueda engañar con un simple mensaje de whatsapp.

Recientemente he leído un par de entrevistas en El País con Ana Botín, presidenta del Banco Santander, y con Ignacio S. Galán, presidente de Iberdrola, en las que ambos coinciden en hacer hincapié en la necesidad de un nuevo contrato social (Botín) y un green deal europeo (Galán) que nos permitan superar las consecuencias del descalabro económico fruto de la pandemia del coronavirus. Estas ideas no son sólo suyas, pero es importante que dirigentes participen en este debate por su extraordinaria influencia en el mundo de las empresas y en el de las finanzas.

Tanto el Santander como Iberdrola son destacadas entidades de ese parque cerrado de grandes corporaciones que influyen en la agenda del país. Y más allá de maniqueísmos de corto alcance, es muy relevante que asuman el papel de fuerzas tractoras de este new deal ibérico que los distintos gobiernos describen como un gran ejercicio de reconstrucción nacional.

Pongámonos en el caso de que este debate sigue adelante y que nos ponemos a preparar entre todos el orden del día de ese nuevo gran pacto político, social y económico. Pues bien, en él, y quizás por deformación profesional, me gustaría que se incluyera un punto esencial para que ese new deal sea algo más que una declaración rimbombante y efectista sin consecuencias prácticas: el de la necesidad de trabajar para que éste llegue también al periodismo y a la comunicación.

En un mundo que, pese a los augurios apocalípticos, seguirá más o menos igual de globalizado como el de antes del coronavirus (salvo que el virus sea capaz de  inutilizar los cables submarinos de Internet que han convertido el planeta en una urbanización al alcance de un click), suena pueril pretender que España aporte por sí sola soluciones locales a un problema que es global.

Pero es cierto que, más allá de confrontaciones y polarizaciones domésticas, debemos esforzarnos para transmitir una imagen de marca de país seguro y con las ideas claras en los cuatro grandes pilares por los que se moverá el mundo: la innovación, la digitalización, sostenibilidad y la internacionalización. Y en eso, la comunicación y el periodismo son, como se dice ahora, actividades esenciales. Nos hace falta un nuevo relato de país y nos hacen falta profesionales que sepan contextualizar y enmarcar ese nuevo discurso para hacerlo creíble y para que conecte emocionalmente con los ciudadanos.       

Ahora bien , tanto en el periodismo como en la comunicación tenemos que solucionar antes nuestros problemas particulares si queremos ayudar aponer en marcha ese nuevo contrato social. Entre ellos, me quedo con tres para su discusión:

1. El futuro de los medios de comunicación tras el derrumbe del modelo de negocio basado en la publicidad y, en el caso de los periódicos, la venta de ejemplares de papel.

2. La importancia de trabajar, desde una comunicación corporativa comprometida con los valores sociales, la imagen de nuestras marcas para, así, poder colocarlas en esta nueva liga global 2030.

Y 3. Cómo afecta a nuestra capacidad de generar confianza un fenómeno que   aquí arrasa: el de las informaciones y las web falsas.

En todos los supuestos, las responsabilidades son compartidas y colectivas, pero se les debe exigir más a unos que a otros. Y es bueno que lo asumamos cuanto antes, porque este mundo nos va a exigir también nuevos sacrificios y compromisos.

Vayamos por partes:

En lo que se refiere a la crisis de la industria del periodismo, esa responsabilidad hay que pedírsela en primera instancia directamente a los ciudadanos. El derrumbe del modelo de negocio de los medios ya no es una hipótesis, sino un hecho. La publicidad se ha trasladado a los grandes gigantes sociales de la red (Google + Facebook) y los sistemas de pago por contenidos apenas acaban de arrancar en las grandes cabeceras.

Los españoles requieren información de calidad, básica para combatir la desinformación, y baten records de visitas en los portales de los principales medios, pero, después de treinta años de gratis total en los periódicos, aún no acaban de asumir que, si quieren periodismo de calidad, tendrán que pagar por él. Como consecuencia, el mercado periodístico se cae, las cabeceras sufren y la información se precariza y genera desconfianza.

Pues bien, o los lectores se van comprometiendo pagando por algún periódico lo mismo que desembolsan diez euros por Netflix o por Spotify o no podrán reclamar (ni disfrutar) de un periodismo capaz de soportar las inevitables presiones que les lleguen desde la política, la empresa o el mundo de las finanzas y, de otra parte, de desenmascarar a los traficantes de infamias y de bulos.

En cuanto a la marca social de las empresas, a quienes hay que exigirle esa responsabilidad más directa es a quienes están en la cúspide de estas organizaciones: a sus dueños y altos directivos. Ya no vale usar la responsabilidad social corporativa como un cliché vacío que queda muy bien en los discursos y en las presentaciones de las memorias de sostenibilidad, pero que luego acaba en algo vaporoso.

La misma pandemia nos demuestra que, más allá de los prejuicios clásicos sobre ellas, la mayoría de las empresas ya es consciente de que sólo compartiendo y transmitiendo los valores sociales de la comunidad a la que sirve, podrá ganarse la confianza de los ciudadanos a quienes quiere vender productos, bienes o servicios. En una era de escrutinio global y transparencia forzada, las empresas no podrán optar a ser socialmente responsables. O lo son o, si no, el mercado las expulsará más temprano o más tarde. Y eso les obligará a trabajar mejor su reputación.

Y, por último, en relación con las noticias falsas, que nos afectan a todos, a quien primero hay que reclamarle responsabilidades es a las Administraciones y a los gobiernos, quienes deben asumir su rol capital a la hora de liderar una acción conjunta con las plataformas sociales para frenar un proceso de erosión de la credibilidad que pone en peligro el propio nivel de calidad de las sociedades democráticas.

En este nuevo orden social, las Administraciones deben comprender la magnitud de la cuestión (estamos ante el mayor vertido tóxico de informaciones falsas de la historia de la humanidad) y, abandonando tentaciones orwellianas, liderar un ambicioso frente de lucha que incluya en esta disputa a los propios medios de comunicación y también a las instituciones educativas y culturales del país.

Este new deal al que aspiramos necesita un ecosistema de la información más sano y más robusto. Y para lograrlo, necesitaremos tener medios de comunicación fuertes, empresas socialmente comprometidas que sean capaces de transmitir sus valores y ciudadanos críticos y exigentes a los que no se les pueda engañar con un simple mensaje de whatsapp.

El empeño no es fácil para quienes quieren un periodismo y un ejercicio de la comunicación corporativa que sean capaces de aportar un valor social, pero es el momento de afrontarlo, ahora que hablamos tanto de este new deal peninsular.   Entre otras razones, porque quizás no tengamos ya otra opción si no queremos perder más trenes hacia la modernidad o hacia donde quiera que vaya la sociedad que saldrá de la pandemia de la COVID-19.         

Autor: Juan Carlos Blanco, periodista y formador

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1 Comment

  1. Juan Carlos, aquí un experto en abrir debates. Lo bueno es que, además, los enfocas muy bien. Algunas ideas a cuento de tu post.

    1. Botín y Galán hacen muy bien liderando este New Deal, pero no nos olvidemos que para ellos, lo primero siguen siendo sus accionistas. Y esto es lo que ahora les piden. Mañana será otra cosa…

    2. La marca país en España, de momento, se cocina en Moncloa, y ahora el chef es un tal Redondo. No se hará nada si el Redondo de turno no quiere.

    3. Estamos hablando de periodismo, no de periódicos. Y el periodismo no es comparable con Netflix ni Spotify. Son entretenimiento. El periodismo, información. Lo que habría que salvar es el periodismo, no los periódicos. Y el periodismo son periodistas. A lo mejor, un periodista no necesita mucho más que una marca para vender su producto…A lo mejor lo que sobra son las macroestructuras, carísimas e insostenibles, que se han creado para vender información.

    4. No pediría responsabilidades a las administraciones respecto de la fake. Son parte del problema.

    Y 5. Tu artículo es de los buenos, tiene alcance…

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Políticas sociales multi-nivel basadas en evidencias 0 47

El Ministro de Seguridad Social José L. Escrivá, ha participado en el Taller Económico on-line sobre la evaluación de las políticas públicas. Una intervención llena de pasión, experiencia y conocimientos que resume el profesor Francesc Trillas.

El Ministro Escrivá partió de la escasa experiencia de España con la evaluación de políticas públicas. Algunas instituciones existentes, como los tribunales de cuentas o la intervención del Estado, realizan un control formal, pero no realizan una evaluación del impacto de las políticas públicas sobre el bienestar de la ciudadanía. Con los mecanismos existentes, es difícil romper inercias y salirse de las reducciones lineales del gasto cuando hay necesidades de ajustes.

La aprobación del Ingreso Mínimo Vital (IMV), fruto de un análisis que venía desarrollándose desde hacía tiempo, y que se aceleró con la pandemia de la COVID-19, ha supuesto una inyección de práctica sistemática de evaluación basada en evidencia, que ha situado los estándares al respecto a un nivel muy alto. El haber acompañado la aprobación del IMV de un proceso de evaluación y de transparencia abrazando el debate con todo tipo de personas expertas, ha facilitado que la medida fuese aprobada con un elevadísimo consenso, y con un aplauso que iba desde Pablo Iglesias al Fondo Monetario Internacional.

Escrivá explicó que no era casual que la evaluación basada en evidencia se desarrollase más en administraciones progresistas, como las de Obama («show me the evidence», muéstrame la evidencia, solía decir) o Blair, ya que son este tipo de gobiernos los que están más interesados en elevar el prestigio de la acción del estado en la economía, y reforzar unas políticas sociales eficientes y bien dotadas. 

En España, parece que ha hecho falta una concatenación de sucesos contingentes para que por fin empecemos a tener en cuenta la evaluación de políticas públicas basada en evidencia de una manera sistemática

José L. Escrivá,

El ministro explicó que es imprescindible que todos los niveles de la administración practiquen la evaluación de políticas públicas, que hoy es más posible que nunca por los avances metodológicos (como los ensayos aleatorios controlados o randomized control trials, RCTs) y los avances tecnológicos que permiten el tratamiento de fuentes de Big Data como los datos administrativos o datos de interacciones sociales. Un estado federal moderno debe basarse en compartir datos, en poder experimentar para adoptar aquellas prácticas que se hayan probado primero en pequeña escala. En este sentido, Escrivá se mostró dispuesto a que las Comunidades Autónomas gestionen el IMV si aceptan algunas condiciones para hacer uso de fondos de los presupuestos del Estado, como por ejemplo que ellas mismas colaboren con los ayuntamientos.

A lo largo del debate, animado por una fila cero con Laia Bonet, Ana Berenguer y Aleix Calveras, se abordaron cuestiones institucionales como quien debía encargarse de la evaluación, si órganos externos, internos, independientes, funcionariales, académicos. Escrivá reconoció que con el IMV fue crucial el dramatismo del momento y el apoyo del presidente del gobierno para movilizar todo el esfuerzo de recopilación de datos cruzando fuentes de distintas agencias del Estado. Explicó que en su opinión los académicos conocen el estado del arte, pero a veces realizan afirmaciones poco «aterrizadas» y no tienen en cuenta a menudo las restricciones de economía política.

Por su lado, los académicos «se ofrecen» para realizar evaluaciones, pero exigen disponer de forma transparente de todos los daos necesarios, a lo cual hasta ahora la administración no siempre ha estado dispuesta. Las Consultorías externas pueden tener un rol en la realización de trabajos rutinarios asociados a la evaluación, pero no disponen de los incentivos para realizar un análisis profundo de las situaciones. En su opinión, son necesarios expertos multidisciplinares en evaluación en la administración, con estadísticos, economistas, sociólogos, politólogos… La evaluación interna tiene límites, puesto que uno debe aceptar ser evaluado por otros, pero hacen falta agentes internos a los gobiernos que sean sensibles a la evaluación externa (por ejemplo de instituciones como la AIREF, que Escrivá dirigió antes de ser ministro), y sean capaces de reaccionar ante ésta, acompañando la evaluación ex ante de una evaluación ex post y facilitando la comunicación de los resultados de la evaluación.La calidad institucional es clave, pero esta es endógena, no basta con simplemente tratar de inyectarla.

En España, parece que ha hecho falta una concatenación de sucesos contingentes para que por fin empecemos a tener en cuenta la evaluación de políticas públicas basada en evidencia de una manera sistemática: una política pública concreta que había sido estudiada por la AIREF y los partidos en el gobierno, una gran crisis, un ministro sensible que venía de una institución que había estudiado el tema… No deja de ser paradójico que para que la evaluación reciba impulso, el responsable de la autoridad independiente tenga que irse a trabajar a la institución evaluada (en este caso el gobierno), en un curioso, y hasta ahora no destacado por nadie, ejercicio de puertas giratorias internas al sector público.

Probablemente, ello ilustre que no basta con organismos independientes despolitizados, aunque estos pueden ser un input crucial, sino que es necesario un impulso político para que se abran paso iniciativas que rompen inercias y que no siempre son del agrado de grupos de presión (en mi perfil de Google Académico se pueden encontrar algunos artículos que he escrito sobre la regulación independiente). 

La evaluación no es neo-liberal, explicó brillantemente Escrivá: puede implicar recortar algún gasto, pero también mantenerlo o ampliarlo, como ha ocurrido con las becas universitarias. Por eso la evaluación es más importante que nunca con la actual pandemia, por las dificultades económicas combinadas con las urgentes necesidades sociales, que obligan a priorizar y direccionar bien el gasto público.

La charla fue muy oportuna especialmente por el momento que se vive en Cataluña, donde la coincidencia de la pandemia con el período pre-electoral, pone de manifiesto la importancia del buen gobierno en las importantísimas competencias autonómicas, como señaló Eva Granados al final del evento. Un rol reforzado y modernizado de la agencia Ivàlua, así como un análisis en profundidad de todo el gasto autonómico, serán necesarios para romper inercias de 40 años de una administración que tiene excesivos componentes clientelares y dedicados a prioridades que no son de tipo social, para liberar recursos priorizando el gasto sanitario y educativo, o la reindustrialización digital y ecológica.

El reto de aprovechar la oportunidad histórica de los fondos Next Generation de la Unión Europea también nos obligará a aumentar mucho los estándares evaluativos.

Francesc Trillas es Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Manual para digitalizar una pyme 0 52

Leonard Pera

Leonard Pera, colaborador habitual de Sostenibles.org acaba de publicar su libro “Manual para Digitalizar una Pyme”. Una guía indispensable para afrontar la nueva era digital y sostenible.

Porque lo que está ocurriendo es que la tecnología ha dejado de ser una cuestión de los departamentos tecnológicos, de los CIOs, de los informáticos para convertirse en una herramienta competitiva va imprescindible para las pymes. El libro pretende desgranar cada uno de los aspectos en lo que la deberemos tener en cuenta y qué elementos deberemos tener en cuenta para poder decidir entre una solución u otra.

Un momento muy importante en cualquier decisión de compra es cuando uno entiende por fin cuales son los elementos que debe tener en cuenta. En Decathlon tienen un sistema muy intuitivo de etiquetado que permite a los practicantes no habituales de un deporte analizar cuales son los elementos que debe tener en cuenta para esa decisión de compra, En función de edad, de frecuencia de práctica y de expertise se recomiendan unos parámetros que, junto con el precio marcarán la decisión de compra.

la tecnología ha dejado de ser una cuestión de los departamentos tecnológicos, de los CIOs, de los informáticos para convertirse en una herramienta competitiva va imprescindible para las pymes

Leonard Pera

En tecnología pasa lo mismo, dependiendo de nuestras necesidades deberemos tener en cuanta unos factores u otros en esa decisión de implantación de tecnología. Porque la pyme tiene recursos limitados y toda decisión debe estar muy ajustada a su necesidad.

En el libro Leonard Pera nos diferencia entre aspectos de digitalización interna y externa. Entendiendo por los primeros los relacionados con la mejora de eficiencia en la gestión, ahorros de costes y mejora de procesos. Mientras que la externa reúne los aspectos de go to market, comunicación y comercialización. Los que están más relacionados con el mercado y los clientes.

Para cada uno de ellos nos ofrece una guía de aspectos a tener en cuenta, distintas alternativas, analizando sus pros y sus contras y un modelo de seguimiento para analizar los resultados.

Si quisiéramos destacar de entre todos los aspectos uno que sea el que más va a influir en la pyme durante el próximo año resaltaríamos los aspectos de gestión del dato. Los proyectos de Smart Data y Monitorización o Escucha Activa que llevan años implantados en las grandes empresas y que ahora están al alcance de las pymes con inversiones razonables.

El proceso de transformación digital de las pymes es uno de los retos a los que se enfrenta la economía española postCovid y el libro de Leonard Pera reúne las claves para afrontarlo con éxito.

Para comprar el libro: https://www.amazon.es/Manual-para-Digitalizar-una-Pyme-ebook/dp/B08B51CY2Q