Una economía más competitiva, resiliente, inclusiva y verde. 1 244

Timmermans

La crisis del coronavirus estalló de repente, y sorprendió a muchos desprevenidos. Pero no se puede decir lo mismo de los principales desafíos climáticos y de biodiversidad a los cuales nos  enfrentamos: hace tiempo que la ciencia ha dejado muy clara la necesidad de tomar más medidas urgentes.

La pandemia del coronavirus ha provocado la mayor conmoción económica y social en muchas  generaciones. A medida que empezamos a controlar mejor la emergencia sanitaria, tenemos que iniciar la ingente tarea de reconstruir nuestras economías y reparar el enorme daño que ha provocado esta crisis en nuestras sociedades, trabajadores y empresas, aseguran Frans Timmermans y Fatih Birol.

La crisis del coronavirus estalló de repente, y sorprendió a muchos desprevenidos. Pero no se puede decir lo mismo de los principales desafíos climáticos y de biodiversidad a los cuales nos  enfrentamos: hace tiempo que la ciencia ha dejado muy clara la necesidad de tomar más medidas urgentes.

A medida que los países de Europa y de más allá de nuestras fronteras  se recuperan de la crisis actual, tenemos, al mismo tiempo, que reparar nuestras economías y nuestro planeta. Nuestra salud y bienestar dependen de ello.

Tenemos que evitar pasar de las cuarentenas y el sonambulismo a un “encierro” perjudicial, de tecnologías obsoletas y contaminantes, de modelos de negocio trasnochados, del siglo pasado.

Si vamos a poner a disposición billones de euros para la recuperación, gastemos bien e invirtamos en una economía limpia, competitiva, “resiliente” e inclusiva para el siglo XXI.

Una economía más “verde” que fomente nuevos empleos “limpios”

El impulso está ahí. Antes de la crisis de la COVID-19, las ciudades de Europa pedían inversiones ecológicas, las empresas lo programaban y los ciudadanos se manifestaban por las calles reclamándolo.

Europa hizo del Pacto Verde su máxima prioridad hace muy pocos meses, y ahora promete una recuperación verde. Pero no es un lujo. Es la espina dorsal de su respuesta a la crisis. ¿Pero por qué y cómo?. En pocas palabras: porque todavía tiene lógica desde el punto de vista económico y ambiental.

En Europa, como en muchas otras partes del mundo, invertir en tecnologías de energía limpia, en transportes e industrias limpias es una forma de crear puestos de trabajo locales bien remunerados que impulsen el crecimiento económico.

Además, esas inversiones nos ayudarán a poder cumplir más rápido con nuestros objetivos internacionales en materia climática y ambiental, y a hacer que nuestras economías sean más resistentes ante futuras crisis. En la mente de muchos en Europa, el recuerdo del colapso económico de 2008 y 2009 se resume en que “los bancos fueron rescatados y la población no ganó nada”.

Esta vez, tenemos que conseguir mucho más que simplemente apuntalar un antiguo sistema; debemos construir uno nuevo que beneficie directamente a nuestros ciudadanos y a sus hijos.

Tenemos que dedicar nuestros recursos a proyectos viables, que aporten beneficios tanto a corto como a largo plazo, como la renovación de viviendas, la infraestructura de energía limpia y el transporte bajo en carbono.

Una “ola” de edificios más limpios y sostenibles

Los edificios siguen representando más de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE, y muchos europeos luchan por pagar sus facturas de energía en casas mal aisladas con sistemas de calefacción contaminantes.

Se puede ayudar al sector de la construcción, con sus 15 millones de empleados directos e indirectos, a volver a ponerse en pie, con una ola de renovación que haga más limpias y sostenibles nuestras casas y edificios públicos.

Los proyectos de renovación se pueden implementar rápidamente. Cerca del 60% del gasto en modernización para la eficiencia energética del hogar iría directamente para los trabajadores locales de la construcción, según apunta un análisis de la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

Centrar el esfuerzo en las viviendas sociales, escuelas, hospitales y otras infraestructuras de elevado impacto podría dinamizar a las comunidades más afectadas y contribuir sensiblemente a la recuperación económica.

Autobuses y tranvías de hidrógeno y “renacimiento” del tren

Otro ejemplo es el sector del transporte. Los programas de desguace para incentivar las compras de vehículos limpios, junto con la inversión en una red europea de puntos de recarga eléctrica, darían un gran impulso a la industria automotriz afectada y (potenciarían) el paso a vehículos menos contaminantes.

Las inversiones en sistemas de transporte urbano seguro y limpio, incluidos los autobuses y tranvías de hidrógeno, y un “renacimiento” de los viajes en tren ayudaría a aquellos que no pueden permitirse comprar un vehículo, o para quienes la compra de un coche ha dejado de ser una prioridad.

A medida que salimos de la crisis, tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para ayudar a las regiones mineras de carbón e intensivas en carbono a prepararse para su futuro en un sistema energético cada vez más limpio y sin carbono.

La recuperación verde europea no debe dejar a nadie atrás. Las inversiones en energía limpia deben estar en el eje de la recuperación si queremos mantener el impulso climático y apoyar a la industria europea.

Electrolizadores de hidrógeno y baterías de iones de litio

La energía eólica y la solar deberían beneficiarse de un importante apoyo de la UE. Y dos elementos nuevos importantes en el avance de la energía limpia: electrolizadores de hidrógeno y baterías de iones de litio, ya están a punto de convertirse en las tecnologías innovadoras de la década.

Estas tecnologías deberían desempeñar un papel clave en el refuerzo del transporte y la industria de Europa a medida que el continente emerge de la crisis y busca desarrollar nuevas manufacturas superiores para la exportación. Si la UE logra aprovechar esta oportunidad, conseguirá una ventaja competitiva en los mercados mundiales.

Para lograrlo, los líderes europeos, las empresas y los ciudadanos deben ser audaces y valientes. Hemos demostrado que podemos adaptarnos a las nuevas realidades durante la crisis del coronavirus.

Es momento de demostrar que también podemos construir una nueva realidad. Miremos más allá del mundo que conocíamos y comprometámonos con el mundo que queremos ver.

Ha llegado la hora.

(*) Frans Timmermans es Vicepresidente de la Comisión Europea, y Fatih Birol es Director Ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía AIE).

Fuente y fotos Agencia EFE.

Esta tribuna se publicó simultáneamente, en exclusiva, en inglés en el portal EURACTIV.com (EA.com), socio de EFE, y en otros portales miembros de la red paneuropea de EA.com.

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El coste humano de los desastres climáticos 0 32

La UNDRR publica un informe con motivo del Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres 1 que confirma cómo los fenómenos meteorológicos extremos han llegado a dominar el panorama de los desastres en el siglo XXI. Desde principios de siglo se han registrado 7.348 desastres naturales graves, un 80% más que en las dos décadas anteriores.

El informe de la UNDRR, elaborado per expertos del Centro de Investigación sobre Epidemiología de Desastres, en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), indica que en las dos últimas décadas se han registraron en todo el mundo 7.348 eventos que pueden ser catalogados como desastres (sucesos de origen natural que acaban provocando gran número de pérdidas de vidas y daños materiales; generalmente por falta de prevención y planificación).

En los últimos veinte años, el número de grandes inundaciones se ha duplicado, de 1.389 a 3.254, mientras que la incidencia de tormentas aumentó de 1.457 a 2.034

Las estadísticas de este informe provienen de la Base de datos de eventos de emergencia (EM-DAT) mantenida por el Centro de Investigación sobre la Epidemiología de los Desastres (CRED) que registra desastres que han causado la muerte de diez o más personas; afectado a 100 o más personas; resultó en un estado de emergencia declarado; o una llamada de asistencia internacional.

En el período 2000 a 2019, se registraron 7.348 grandes desastres que cobraron 1,23 millones de vidas y afectaron a 4.200 millones de personas (muchas en más de una ocasión), lo que provocó aproximadamente 2,97 billones de dólares en pérdidas económicas mundiales.

Este es un fuerte aumento con respecto a los veinte años anteriores. Entre 1980 y 1999, 4.212 desastres estuvieron relacionados con peligros naturales en todo el mundo que cobraron aproximadamente 1,19 millones de vidas y afectaron a 3,25 mil millones de personas, lo que provocó aproximadamente 1,63 billones de dólares en pérdidas económicas.

Gran parte de la diferencia se explica por un aumento en los desastres relacionados con el clima, incluidos los eventos climáticos extremos: de 3.656 eventos relacionados con el clima (1980-1999) a 6.681 desastres relacionados con el clima en el período 2000-2019.

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En los últimos veinte años, el número de grandes inundaciones se ha duplicado, de 1.389 a 3.254, mientras que la incidencia de tormentas aumentó de 1.457 a 2.034. Las inundaciones y tormentas fueron los eventos más frecuentes.

El informe “El coste humano de los desastres 2000-2019” también registra aumentos importantes en otras categorías, como sequías, incendios forestales y eventos de temperaturas extremas. También ha habido un aumento en los eventos geofísicos, incluidos terremotos y tsunamis, que han matado a más personas que cualquiera de los otros peligros naturales que se analizan en este informe.

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El nuevo valor de la proximidad en las ciudades 0 89

“La pandemia global ha resaltado la importancia de la ubicación y la proximidad” dice Jordan Stark, portavoz de Here Technologies , la plataforma de datos de ubicación que ha creado el mapa que te indica si vives en una ciudad de los 15 minutos.

En una «ciudad de 15 minutos», concepto defendido por la Alcaldesa de París, Anne Hidalgo, es posible satisfacer sus necesidades básicas en 15 minutos a pie o en bicicleta. El futuro de la ciudad es el barrio, pero no ese barrio que obliga a coger el coche para ir a la oficina o hacer la compra en el supermercado. 

La ciudad del mañana es la suma de barrios autosuficientes donde todos los servicios esenciales están a quince minutos o menos en bici o a pie. Se trata de crear una ciudad descentralizada para buscar un nuevo equilibrio en los barrios y reducir la movilidad forzosa.

En los EEUU, una nueva herramienta permite trazar un mapa de los servicios locales para ver qué tan cerca se acerca su vecindario al ideal. Here Technologies , la plataforma de datos de ubicación que creó el mapa, crea mapas para empresas y creó la nueva herramienta para demostrar cómo los desarrolladores podrían trabajar con sus datos. 

Si bien la versión actual traza servicios como tiendas de comestibles, paradas de tránsito y atención médica, en la línea de Walkscore, otra herramienta, la compañía dice que luego podría crear una iteración que considere qué tanlo lejos deben viajar los residentes para llegar a una oficina.

El mapa también muestra a cuántos servicios se puede acceder en automóvil desde una dirección. “Queríamos mostrar, especialmente en los Estados Unidos, el contraste en la accesibilidad entre caminar y conducir”, dice Stark. “Y como puede imaginar, hay varias comunidades en las que tiene todos sus artículos esenciales a 15 minutos en automóvil, pero potencialmente menos de una ubicación esencial en un paseo. Así que fue una forma de mostrar ese contraste en la composición espacial «.

Se trata en definitiva de rediseñar la ciudad “policéntrica” y desmovilizada para fortalecer las redes vecinales y afianza nuestro sentido de pertenencia.

En España algunas ciudades han impulsado proyectos orientados a desmovilizarse como  las “supermanzanas” de Barcelona y Vitoria, diseñadas para desincentivar el tráfico rodado y alejar los coches de los lugares frecuentados por los peatones. Otras muchas iniciativas empiezan a desarrollarse bajo el concepto de la ciudad de los 15 minutos como una “hoja de ruta” en la que inspirar el desarrollo urbanístico del futuro. Un nuevo e ineludible reto para los gobiernos locales para rediseñar el espacio público de nuestras ciudades para hacerlas más habitables.

Fuente: The Fast Company y Traveler