Los retos (y amenazas) del sector olivar tradicional 0 599

olivar

Después de dos ejercicios seguidos de precios bajos, el olivar tradicional agoniza. Un problema que, si no se remedia, acabará por extinguir a gran parte del sector. Daniel Millán, socio-director de Elaia Zait analiza los retos y amaenazas a los que se enfrente un sector estratégico para el campo en España.

Los precios actuales de venta del aceite de oliva hace inviable que se pueda recoger y producir el producto. A modo de resumen se podría sintetizar en que todo depende del equilibrio entre la oferta y la demanda. Este equilibrio ha llevado al aceite de oliva a precios en los que una parte de este cultivo, el olivar tradicional, no es rentable.

Esa es la principal razón. Si profundizamos aun más en el problema específico del olivar tradicional, determinaremos que, a igualdad de condiciones con el olivar superintensivo e intensivo, no resulta competitivo.

Un panorama nada esperanzador

Después de dos ejercicios seguidos de precios bajos, el olivar tradicional agoniza. El invierno pasado vimos a los agricultores salir a la calle para intentar resolver el problema. Un problema que, si no se remedia, acabará por extinguir a gran parte de este olivar.

Según los datos y previsiones ofrecidos por el Consejo Oleícola Internacional (COI), al final de esta campaña, habrá un enlace que rondará las 360.000 toneladas de aceite de oliva que no se consumieron en los dos últimos ejercicios. Si a esto le sumamos las expectativas de una cosecha buena según la floración en Jaén y Córdoba, entonces, se da el caldo de cultivo para una tragedia en el olivar tradicional puesto que, dado que la demanda no crecerá de manera sustancial, un exceso de oferta volverá a presionar los precios a la baja. Pero, aquí no acabaría todo, el último incremento del salario mínimo interprofesional de febrero de este año, que aumentaba el valor de la mano de obra, se verá reflejado por primera vez en los costes de la nueva campaña.

No olvidemos que, el olivar tradicional, es intensivo en mano de obra, a diferencia del cultivo superintensivo. Para terminar de rematar este preocupante escenario, deberemos añadir la incertidumbre que supone un posible nuevo rebrote del COVID-19 en otoño, que podría afectar a la recolección, ya sea porque los costes de la mano de obra suban por la escasez de ésta o que disminuya la productividad de la misma al tener que utilizar mano de obra no especializada.

200.000 productores españoles corren el riesgo de desaparecer en los próximos 10 años. 300.000 familias de Andalucía, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Aragón  y Catalunya están afectadas directamente por la crisis del olivar, que se plasma ya en el abandono de más de 130.000 hectáreas de variedades autóctonas.

Todo esto supone un escenario que no augura una cosecha tranquila en materia de precios para el productor de este tipo de olivar tradicional. Y, mucho me temo que, si no se hace algo, esta será la última cosecha para muchas de las plantaciones.

Análisis de las causas del problema

Soy consciente de que la naturaleza humana trata de buscar culpables en otros y no en uno mismo. Muchos piensan que el problema o gran parte del problema se debe a los abusos de la gran distribución. Pero, sinceramente, la gran distribución es parte del problema, pero no el problema en sí mismo. Este estriba en que, a los precios presentes de venta del aceite de oliva, hay un tipo de cultivo, que es el intensivo, que gana dinero y no está incómodo con la situación actual y otro cultivo, el tradicional, que lo pierde. He aquí el verdadero problema. En mi artículo “Porque no todos los aceites son iguales: De cómo el olivar tradicional debe diferenciarse para asegurar su supervivencia” desgranaba gran parte de esta cuestión.

Los tres escenarios posibles a los que se enfrenta el olivar tradicional

El primero que nos podemos encontrar es la propia desaparición por abandono de cultivos de olivar tradicional que no han podido o sabido salvar la situación de bajos precios.

El segundo escenario, que puede ser abordado solo por una parte del olivar tradicional dado que depende de la orografía, es el de arrancar el olivar tradicional y suplantarlo por un sistema de olivar intensivo o superintensivo.

En tercer lugar, el olivar tradicional puede crear mayor valor del producto para el consumidor, incrementar su productividad a través de una mayor tecnificación y aplicación de nuevas tecnologías, una optimización de recursos empleados y una concentración que permita la generación de economías de escala al máximo y, de forma paralela y complementaria, buscar nuevas fuentes de ingresos. En definitiva, reinventarse.

¿Qué debería hacer el sector oleícola tradicional?

Llegados a este punto, la supervivencia de este olivar pasa por la diferenciación de su producto, ya no solo de cara al consumidor en relación con otras grasas, sino dentro de la oferta del propio sector del aceite de oliva para que puedan diferenciarse entre ellos, incluidos los de olivar intensivo. Por ello propongo:

-Apoyo sin fisuras al análisis sensorial y al panel de cata como instrumento para la catalogación de los aceites de oliva vírgenes. Esto no es óbice para continuar explorando fórmulas y soluciones que lo hagan más objetivo.

-Creación de forma inmediata de categorías de aceite en función de su estabilidad, que se determinarían con métodos objetivos. La idea es que estas categorías cotizaran como tal en el mercado de venta de aceite. Con esto conseguiríamos atributos de valor que juegan un papel esencial en la estabilización de muchos de los aceites de oliva que se comercializan.

No olvidemos que, los aceites de oliva producidos en cultivos intensivos son, en su mayoría de categorías menos estables en el tiempo y que, por tanto, necesitan de otras categorías para conformar un producto que perdure en perfectas condiciones según su fecha de caducidad. Con esto se conseguiría que, el producto elaborado en el olivar tradicional, mucho más estable, obtenga un precio superior al menos estable.

«La supervivencia de este olivar pasa por la diferenciación de su producto»

-Reforzar instrumentos y mecanismos que ayuden a resaltar esta diferenciación de olivar, su calidad y su origen. Destacamos las IGPs, las DOPs o producción de productos de alta calidad como los AOVE de cosecha temprana.

-Continuar con procesos de profesionalización, concentración y tecnificación de los cultivos que permitan una mejor gestión y un incremento de la productividad.

-Trabajar sobre los valores intangibles u ocultos del cultivo y su producto para que se conviertan en una ventaja competitiva. Estos valores descritos por el catedrático de Comercialización e Investigación de Mercados de la Universidad de Jaén, Manuel Parras Rosa y el profesor asociado al Departamento de Organización de Empresas de la Facultad de Comercio y Turismo de la Universidad Complutense de Madrid, Ignacio Ruíz Guerra, son un activo intangible que hay que poner en valor. Destacamos la oleocultura, la oleosalud, la oleoecología y el oleoturismo. La explotación de estos valores intangibles proporcionaría, o bien ingresos alternativos, o bien una generación de valor percibido por el consumidor que se podría trasladar a los precios, incrementándolos.

-Búsqueda de ingresos extraordinarios provenientes del cultivo o de sus recursos. Podríamos poner como ejemplo el aprovechar todos los subproductos del olivo, como la hoja o los restos de madera de la poda para hacer pellet, pero también buscar fórmulas novedosas como una posible doble producción de cultivos aprovechando la estacionalidad de estas plantaciones y la tierra del olivar. La innovación resulta un factor clave en este ámbito.

¿Qué deben hacer las administraciones e instituciones?

-Establecer un marco legal para la catalogación objetiva y clara de los aceites en función de sus cualidades de estabilidad, que vendría condicionado fundamentalmente por la variedad de aceituna. Esto establecería unas restricciones y límites claros en la fecha de caducidad del producto final en función del aceite de oliva empleado. Estas condiciones de estabilidad deberían plasmarse, igualmente, en el etiquetado para que fueran de fácil comprobación.

«Hay que hacer lo posible por mejorar la imagen del aceite de oliva y conseguir incrementar su consumo»

-Seguir impulsando y apoyando instrumentos de diferenciación y de generación de valor de los aceites de oliva. Destacamos las DOPs, las IGPs, la promoción del oleoturismo, el apoyo sin fisuras al análisis sensorial para categorizar los aceites de oliva a través del panel test y otras de alto valor como la iniciativa de obtención de la declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad del mar de olivos.

-Reestructuración de las ayudas y subvenciones, principalmente de la PAC. No es lógico que el cultivo intensivo de olivar, que es muy rentable, se beneficie de ayudas. Estas deberían de aplicarse con diversos criterios, por ejemplo, para subvencionar olivar de montaña de zonas donde se fija la población y olivares de alto valor ecológico de olivar tradicional para compensar las diferencias que estos tienen con el intensivo. Desde mi punto de vista, la ayuda tiene que ser compensatoria de la diversidad y de su dificultad en el cultivo, en la recolección y en la elaboración del producto. Pero, aparte de cumplir el objetivo de conservación de la producción y tierras, debe ampliarse a otros ámbitos como la fijación de población, biodiversidad o sostenibilidad del cultivo y de su entorno.

-Paquetes de ayudas para el incremento de la productividad del olivar tradicional que quiera permanecer. Poniendo el foco en la aplicación de nuevas tecnologías.

-Para aquellos olivares tradicionales que no tengan gran valor y no sean objeto de puntos anteriores, siempre y cuando las condiciones orográficas lo permitan, un paquete de ayudas para la reconversión de este olivar tradicional en olivar intensivo. No olvidemos que, estos territorios productores, cuentan con valiosa infraestructura como la red de almazaras que pueden quedar infrautilizadas. Por ello, aquel olivar tradicional que no tenga valor como tal y cuya viabilidad sea dudosa, se debe ayudar a su reconversión para seguir generando riqueza y empleo.

«La creación de categorías en función de la estabilidad del producto puede ser una solución para incrementar el valor del aceite producido en olivar tradicional»

-Medidas para un estricto cumplimiento de la calidad y durabilidad de los aceites de oliva en la red de distribución. En los últimos años, hemos visto noticias que desprestigian al sector a consecuencia de los fraudes. Pero, también, productos que ya no cumplen con los estándares de calidad exigidos. En este sentido, se deben depurar responsabilidades en la cadena.

Para ello, se deberían establecer mecanismos de control para conocer si la estabilidad del producto se ha visto alterada por unas condiciones externas durante el proceso de transporte o en su estancia en la cadena de distribución o si, por el contrario, el producto se ha mantenido en condiciones estables, pero es el producto el que se ha deteriorado por su propia naturaleza y ya no cumple con las indicaciones de caducidad establecidas por el fabricante. Desgraciadamente, todavía hay fraude en el sector o empresas que lanzan al mercado un producto al límite de la calidad. Por ello, estos controles darán una tranquilidad al consumidor y obligará a la producción a producir mejores aceites de oliva para que se conserven el tiempo indicado en la etiqueta.

La clave es aumentar el consumo

Hemos hecho referencia a ello al principio, todo esto es un problema de oferta y demanda. Hasta este momento, solo he hablado de la oferta, pero, por supuesto, no hay que olvidarse de la demanda. En este ámbito no debería de haber fricción interna en el sector, que debería estar unido en este fin. Hay que hacer lo posible por mejorar la imagen del aceite de oliva y conseguir incrementar su consumo.

No olvidemos que, si el consumo sube, la curva de precios, que es elástica a este, también se incrementaría y, con ella, los precios. Por tanto, un objetivo común es el de aumentar la demanda global del producto.

Me gustaría finalizar recordando que, la naturaleza nos lo ha mostrado a lo largo de miles de años de evolución, cuando dos especies chocan, la más débil acaba desapareciendo. Esto es lo que está ocurriendo con los dos tipos de cultivos del olivar: el olivar tradicional y el intensivo. El primero, salvo que se reinvente o se proteja, tiene todas las de perder y estaría abocado a la extinción y a una presencia testimonial.

Cuando una especie desaparece, los biólogos lo describen como una rama rota en el árbol de la vida. Pero, el problema es que está pérdida no suele ser aislada, sino que va más allá y alcanza a muchas otras especies que, al haber evolucionado íntimamente relacionadas con esta, dependen de ella.

En nuestro caso, estas otras especies serían la población fijada a ese territorio, la cultura de este tipo de olivar, las tradiciones, el paisaje, la biodiversidad y tantos valores y riqueza que, sinceramente, no podemos permitirnos perder. Por ello, esto no es un asunto puramente económico y de curvas de oferta y demanda, sino mucho más trascendental en el cual, todos, y no solo los agricultores y el sector del aceite de oliva, nos jugamos mucho.

Daniel Millán, socio-director de Elaia Zait

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