Apuntes sobre la elección del nuevo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo 0 115

Gabriel Puricelli

El 12 de septiembre Mauricio Claver-Carone fue electo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por un período de cinco años rompiendo la tradición de que la presidencia de la entidad fuera ejercida por un latinoamericano.

Esa había sido la regla no escrita a partir de la fundación de la misma, en 1959, para compensar el hecho de que su sede quedaba en Estados Unidos. Argentina, México, Chile, Costa Rica y los países accionistas miembros de la Unión Europea habían pedido infructuosamente postergar la elección, argumentando explícitamente que las condiciones que creaba la pandemia (incluyendo la imposibilidad de un sufragio presencial) la hacían inoportuna, e implícitamente que un candidato que no contaba con el respaldo del Partido Demócrata no era aceptable en medio del proceso electoral en curso en EE.UU.

Lograr que la política exterior exprese un consenso de los actores domésticos es la buena práctica que prescriben los manuales de relaciones internacional.

La administración del Presidente Donald Trump movió sus fichas con celeridad y (con el respaldo automático de Brasil y Colombia y de una docena de países más), le puso cerrojo a la posibilidad de postergación y se aseguró la mayoría accionaria requerida por el estatuto del BID. La importancia de la elección amerita algunos apuntes analíticos, en sumario apretado:

1) la ruptura de una costumbre (en este caso, reservar la presidencia a un latinoamericano) en el ámbito internacional no es un evento insignificante, ya que erosiona una de las bases sobre las que se organiza el derecho internacional público, que es el derecho consuetudinario;

2) la elección de un estadounidense no sólo rompe la costumbre: vuelve insignificante aquello que América Latina y el Caribe obtuvieron en el momento de la constitución del BID: el poder de veto colectivo que le da tener el 50,015% del poder de voto. Los países de América Latina, al no acordar una candidatura y una estrategia comunes deciden tácitamente cortarse la mano;

3) la decisión de Trump de quedarse con la presidencia del BID es otra más que ignora el consenso dentro del establishment estadounidense (el Partido Demócrata y casi todos los republicanos que precedieron a Trump en cargos de gobierno se expresaron públicamente por la postergación de la fecha de la elección y contra la postulación de un estadounidense)  y es una nueva ocasión para querellarse con la Unión Europea, cuyos países miembros se terminaron por abstenerse en la votación del nuevo presidente;

4) el argumento explícito de Trump para buscar la presidencia del BID es peligroso: contener a China. Tiene el potencial de acelerar una confrontación que América Latina tiene todo el interés en evitar que la tenga por escenario;

5) el argumento implícito de Trump es que la presidencia del BID vale dos monedas. No es más que un nombramiento de favor para un aliado político que lo ayuda (nada menos que) a conseguir votos en Florida para no perder el Colegio Electoral en noviembre. Trump extiende la tradición de patronazgo estadounidense, que reserva a todo presidente nombramientos discrecionales en embajadas en países importantes, a un organismo internacional. A diferencia de los embajadores amigos de Trump, cuyos nombramientos caducarán con su salida del poder (sea cuando sea que ésta se produzca), Claver-Carone se asegura un puesto cuyo mandato estará vigente más allá del mandato actual de Trump;

6) la aquiescencia automática de Brasil es el hecho más impactante de la elección. Una vez más voló por la ventana la idea de que la burocracia profesional del Palacio Itamaraty podía actuar como un contrapeso a la voluntad del Presidente Jair Messias Bolsonaro, asegurando así alguna continuidad en la tradicionalmente estable política exterior brasileña. Por el contrario, Brasil no demoró más que unos minutos en respaldar al candidato de Trump cuando su candidatura se hizo pública. El otro país de la región con un gobierno de extrema derecha, Colombia, siguió una línea idéntica. En ambos casos, la noción de interés nacional estuvo completamente ajena a la decisión seguidista;

7) si la capacidad de los países de proyectar poder internacional se basa en múltiples factores, es relevante observar cómo se puso en juego uno de éstos en la elección. Lograr que la política exterior exprese un consenso de los actores domésticos es la buena práctica que prescriben los manuales de relaciones internacional. Pues bien, Trump forzó una candidatura partidista e ignoró una oposición tan unánime como impotente. Puede darse ese lujo, claro: su proyección de poder internacional casi no sufre mella por eso, porque es la principal potencia económica y la única superpotencia militar.

¿Pero qué hay de los países cuya política exterior depende de una ecuación que incluye el poder blando, para los que la coherencia doméstica es clave?.

Empezando por Brasil y siguiendo por los países más pequeños, eso no entró siquiera en consideración en esta elección. En México y Chile, gobiernos con orientaciones políticas opuestas esa consideración fue clave y prevaleció. En Argentina, cuyo gobierno estuvo hiperactivo en su intento de evitar que América Latina perdiera la presidencia, el posicionamiento preservó una vieja tradición, pero no contó con el apoyo público de la oposición parlamentaria y fue antagonizado por sectores tradicionales de la prensa, que abogaron por la aquiescencia y que ahora critican el gobierno por no haber prevalecido en la porfía asimétrica con Washington.

A estos apuntes atravesados por una desazón que no vale la pena ocultar, podemos agregarles una coda esperanzada: los países de América Latina y la Unión Europea que se unieron en la abstención (y que hicieron de Claver-Carone el presidente del BID que llega a la presidencia con menos apoyo en toda su historia), encontraron un denominador común de intereses más allá de la ideología de sus gobiernos. Han marcado una huella que harían bien en profundizar.

En este mundo de multilateralismo maltratado y maltrecho, la oportunidad de construir autonomía y de preservar (viejas) y crear (nuevas) reglas se presenta cada vez más frecuentemente como un ahora o nunca. Hágase conciencia de ello.

GabrielPuricelli, Coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas. Docente de la Especialización en Estudios Contemporáneos de América y Europa de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

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Igualdad Retributiva con rango de Ley: a igual trabajo, igual salario 0 21

El Gobierno de España ha aprobado dos reales decretos dirigidos a garantizar la plena igualdad entre mujeres y hombres en el entorno laboral otorgando rango de ley a los reglamentos de Igualdad Retributiva y de Planes de Igualdad. Un intento de poner fin a una de las desigualdades más injustas del mercado laboral.

Esta normativa asegura la corrección de la discriminación salarial en las empresas, una desigualdad que supone una «aberración democrática» ya que vulnera derechos fundamentales de la mitad de la población.

«A partir de hoy, se acabó que un hombre y una mujer en nuestro país, en nuestras empresas, puedan percibir retribuciones diferentes», ha manifestado la Ministra de Trabajo en la rueda de prensa posterior a la reunión del Gabinete.

La brecha de género no se limita al ámbito retributivo, sino que también se refleja en la precariedad de los empleos y las dificultades de conciliación de la vida laboral y personal, y han remarcado la relación directa entre las políticas de igualdad de una empresa y su eficiencia.

«Se acabó que un hombre y una mujer en nuestras empresas, puedan percibir retribuciones diferentes»

Igualdad retributiva entre mujeres y hombres

El Real Decreto de igualdad retributiva facilita la identificación de las discriminaciones salariales a través de un conjunto de instrumentos de transparencia: un registro con información desagregada por sexo, clasificación profesional y tipo de retribución.; una auditoría de la empresa que incluya la evaluación de los puestos de trabajo y un plan para corregir las desigualdades; y un sistema de valoración de puestos de trabajo que respete el principio de igual retribución para puestos de igual valor.

El texto garantiza el derecho a la información sobre la cadena retributiva, que es donde justamente se perciben todas y cada una de las discriminaciones que sufrimos las mujeres a lo largo de nuestra carrera profesional y de nuestra vida.

Además, prevé la celebración de reuniones semestrales de los Ministerios de Trabajo y Economía Social y de Igualdad con los agentes sociales para analizar la efectividad de la lucha contra la brecha salarial. También se colaborará con los agentes sociales en la elaboración de una guía de buenas prácticas para la negociación colectiva y las empresas, así como de una guía técnica para las auditorías retributivas.

Planes de igualdad en las empresas

En cuanto al Real Decreto sobre los planes de igualdad, la titular de Trabajo y Economía Social ha explicado que la meta es que las empresas dispongan de planes que contengan un diagnóstico negociado con los agentes sociales y abarquen desde el proceso de selección del personal y la permanencia en una empresa hasta la salida del puesto de trabajo.

El texto fija el procedimiento de elaboración de los planes a través de una comisión negociadora, su contenido mínimo -que debe incluir la auditoría retributiva- y su vigencia. Los planes incluirán a todos los trabajadores de la empresa y será obligatorio registrarlos.

Fuente: La Moncloa

World Metropolitan day: las ciudades de los proyectos vitales. 0 73

La ciudad debe entenderse como un espacio donde las personas puedan desarrollar sus proyectos vitales. eCivis y Eurlocal, organizaron en el marco del World Metropolitan Day de Metropolis un debate titulado “Las ciudades como motor para la transformación en sociedades más sostenibles, resilientes y justas”. Un debate que contó con las aportaciones del consultor en reputación y liderazgo Pau Solanilla, impulsor de la plataforma Sostenibles.Org, y Sonia P. Landázuri, arquitecta en Quiquiricú, consultoría de innovación social.

La ciudad tiene que ser un espacio donde las personas puedan desarrollar sus proyectos vitales, debe ser un espacio cívico, un entorno que favorezca la participación ciudadana, la interacción de lo público con sus vecinos y vecinas, en un contexto local, pero de mirada global.

Un entorno competitivo en el sentido positivo de la palabra, que trabaje por ser sostenible en el sentido amplio de la palabra, esto es, desde un punto de vista social, económico, y de equidad. Y finalmente, debe ser un espacio híbrido, capaz de maridar lo físico con lo digital, entendiendo en todo caso la tecnología como medio para conseguir este territorio activo, solidario, resiliente y por qué no, divertido y atractivo para todas las personas que habitamos en él.

La ciudad tiene que ser un espacio donde las personas puedan desarrollar sus proyectos vitales

Estos importantes retos para las ciudades nos interpelan a pensar qué es lo necesario para redibujar la ciudad conforme a este esquema en un contexto de crisis que impacta de manera especial en el territorio urbano. Una crisis que pone de manifiesto:

La ausencia de conciliación de las personas con el planeta. No podemos vivir de espaldas a la naturaleza. Y hay muchas cosas que podemos hacer desde lo pequeño, desde la ciudad, para revertir esa situación, como, por ejemplo, impulsar el consumo de proximidad.

La ausencia de conciliación de las personas con el espacio urbano. Las ciudades se han revelado como lugares que no facilitan la vida comunitaria, se construyen y desarrollan impulsados más por intereses económicos que por la pretensión de favorecer un entorno apto para el desarrollo de la comunidad.

Y, por último, ha dejado ver la ausencia de conciliación con nuestro entorno más cercano (familia, hogar).

¿Qué acciones se podrían llevar a cabo?

Hay que plantear en primer lugar una necesaria reconfiguración del espacio público, una transformación urbana, que sea sostenible pero no excluyente. Y como ejemplo tenemos que poner espacios verdes en las ciudades puede ser, por paradójico que parezca, excluyente para ciertos colectivos. Transformar y redibujar sí, pero sin dejar a nadie atrás.

De esta forma, hay que retornar a modelos de urbanismo ecosistémico, reconciliándonos con nuestro entorno próximo, aprendiendo a explotar los recursos y a vivir en la ciudad de una manera sostenible en lo medioambiental, en lo económico y en lo social.

Necesitamos repensar la gobernanza. La Covid ha puesto de manifiesto la necesidad de establecer espacios colaborativos, espacios para la cocreación. Porque actuando juntas, las personas somos mejores y podemos hacer más.

Ello se liga también a la recomendación de profundizar en la gestión de la ciudad desde lo local, desde lo municipal, pero sin perder de vista nuestra posición en la globalidad y buscando por tanto el participar en modelos de gobernanza imbricada.

Todo ello contando con la ciudadanía, ligando proyectos cívicos con la actuación administrativa que, a una velocidad decimonónica, ha quedado desnuda ante la ciudadanía de una manera preclara: la transformación de la actuación administrativa y su mastodonte burocrático exige sin más dilación una intervención drástica y eficaz, modelos de tramitación y de gobernanza electrónica que no se pierdan en procedimientos interminables y que conecten, por fin, con la ciudadanía.

La ciudad necesita repensar los horarios, necesita intervenir colaborativamente con proyectos cívicos para reconfigurar la gestión del tiempo, como elemento tractor para otras transformaciones necesarias en el espacio urbano.

Estas cuestiones surgieron en el marco de un interesantísimo debate, muy participativo. Y aunque es cierto con son temas que no son inmediatos sino que requieren tiempo y rodaje, no lo es menos que el hecho de ponerlos sobre la mesa puede ser inspirador para entidades sociales y organizaciones interesadas en estas cuestiones para, poco a poco, ir participando y contribuyendo a la reconfiguración de nuestras urbes.