Repensar el turismo: nuevas narrativas, nuevas estrategias y una nueva gobernanza 0 861

Pau Solanilla

Dos años después de pandemia de la crisis sanitaria de la COVID19 que paralizó el mundo y por ende la movilidad y los viajes, los principales destinos turísticos de moda vuelven a estar prácticamente al 100%. A pesar de ser un sector tractor para muchas economías locales, vuelven algunos debates sobre el riesgo de saturación turística y en algunos casos emergen algunas campañas alentando la “turismofobia” al albur de la masificación de ciertos destinos o localizaciones.

Más allá de los debates apasionados sobre casuísticas concretas, tenemos la necesidad de afrontar una reflexión holística y honesta sobre los cambios sistémicos a los que nos enfrentamos. El turismo debe redefinir su contribución para seguir siendo un motor económico y social en un mundo que nos interpela a contribuir de forma positiva ante el reto de la adaptación y mitigación ante crisis climática, el impacto de la digitalización o la capacitación del talento. Retos que requieren nuevas narrativas, una oferta renovada y nuevas formas de gobernanza en el sector.

El cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad pone en peligro muchas de las actividades turísticas, y es responsabilidad también del sector, liderar un nuevo modelo que sitúe los planes de acción climática en el centro para generar modelos de negocio sostenibles económicamente, medioambientalmente y socialmente.

Es crítico transitar de forma rápida y coherente hacia un modelo de turismo que concilie competividad, sostenibilidad y equidad. Está en juego la propia viabilidad del sector tal y como la hemos conocido en las últimas décadas.

En ese sentido, la Declaración de Glasgow que se lanzó en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP26 como compromiso voluntario, fue un paso relevante. La declaración pide a las organizaciones del sector que apoyen la reducción de las emisiones a la mitad para 2030 y el logro de un nivel neto cero para 2050. 

Un compromiso colaborativo con los planes de acción climática con cinco líneas de trabajo: medir, descarbonizar, regenerar, colaborar y financiar; reportando públicamente sobre los progresos en la aplicación de esos compromisos.

Medición: Medir y dar a conocer todas las emisiones relacionadas con los viajes y el turismo. Cerciorarnos de que nuestras metodologías y herramientas estén en consonancia con las directrices de la CMNUCC sobre medición, presentación de informes y verificación, y que sean transparentes y accesibles.

Descarbonización: Determinar y cumplir objetivos alineados con la ciencia del clima para acelerar la descarbonización del turismo. Se incluye ahí el transporte, la infraestructura, el alojamiento, las actividades, las comidas y bebidas y la gestión de residuos. Aunque la compensación puede tener un papel secundario, debe ser complementaria a las reducciones reales.

Regeneración: Restaurar y proteger los ecosistemas, afianzando la capacidad de la naturaleza de capturar el carbono, así como salvaguardando la biodiversidad, la seguridad alimentaria y el suministro de agua. Gran parte del turismo se desarrolla en regiones especialmente vulnerables a los impactos del cambio climático, garantizar que el sector pueda apoyar a las comunidades afectadas y en situación de riesgo para mejorar su resiliencia, adaptación y respuesta a los desastres.

Colaboración: Compartir pruebas de los riesgos y soluciones con todos los agentes y los turistas y viajeros trabajando para asegurarnos de que nuestros planes sean lo más eficaces y coordinados que sea posible. Fortalecer la gobernanza y la capacidad de acción a todos los niveles, inclusive entre las autoridades nacionales y subnacionales, la sociedad civil, las grandes empresas y las pymes, los grupos vulnerables, las comunidades locales y los visitantes.

Financiación: Garantizar que los recursos y la capacidad de las organizaciones sean suficientes para cumplir los objetivos fijados en los planes climáticos, y que se incluya la financiación de la formación, la investigación y la implantación de herramientas fiscales y políticas efectivas cuando sea preciso para acelerar la transición.

Mucho más que nuevas narrativas

El turismo sostenible era ya antes de la crisis del coronavirus un valor emergente en el sector. Así lo recogían numerosos estudios y cómo estaba enraizando en la percepción de los viajeros. Sin embargo, la crisis sanitaria y la paralización del turismo supuso un tsunami para millones de empresas a lo largo y ancho del planeta afectando a millones de trabajadores del sector que perdieron sus empleos.

A medida que se recuperaba una cierta normalidad, los principales actores de la gobernanza del sector turístico prometían reconstruirlo sobre nuevas bases, eso es, apostar por un turismo más inteligente y sostenible. Nuevas narrativas incipientes (#storytelling) que requieren constante actualización y que tienen que estar alineadas con las acciones (#storydoing) del conjunto de un sector económico muy atomizado.

Hay territorios y destinos que llevan años apostando por el turismo sostenible, pero el riesgo para el sector radica hoy en que se banalice el término con campañas de promoción que no están basadas en una oferta de valor realmente sostenible, sino en un márketing verde convirtiendo el término “turismo sostenible” en un nuevo commodity que vaya perdiendo valor y credibilidad rápidamente.

La promesa de valor de construir destinos inteligentes y sostenibles corre el riesgo de ser poco más que un eslogan. La prioridad para la mayoría de destinos ha sido la de recuperar visitantes. Pocos han apostado de forma estratégica por una transición ordenada del ecosistema turístico hacia un modelo más coherente y sostenible que implica hacer corresponsables e implicar activamente tanto la oferta (el sector turístico) como a la demanda (los turistas).

Quizás la cuestión que debemos responder de forma honesta es si es posible hacerlo, o por el contrario, es simplemente una narrativa más o menos bienintencionada sobre una nueva categoría como es el “turismo regenerativo”. Construir un nuevo modelo turístico es altamente complejo y no es un tema únicamente para especialistas. Es un proceso social que requiere una nueva gobernanza sofisticada, esto es, pensar despacio para actuar rápido con la participación y concertación de muchos sectores políticos, económicos y sociales.

Con la vuelta a la nueva normalidad, el turismo ha vuelto por sus fueros. Parece que nadie, o casi nadie, tiene una respuesta integral para un sector estratégico para la economía mundial y local que requerirá de transiciones con una mirada de medio y largo plazo que huya del simplismo de las proclamas del decrecimiento sin proponer estrategias audaces, eficientes y posibles.

Repensar el turismo exige consensos amplios entre instituciones, sector privado y sociedad. Cada territorio tiene una realidad propia que gestionar, y todos tendremos que aprender de todos en una delicada estrategia de focalización de esfuerzos para implementar aquellas buenas prácticas que se han ido demostrando eficaces y viables en otras latitudes adaptándolas a nuestra realidad.

Repensar el turismo requiere de nuevas narrativas, nuevas estrategias y una nueva gobernanza mucho más sofisticada. Desconfiemos de los que ofrecen soluciones rápidas y milagrosas que polarizan los debates o de aquellos que ponen el acento en una única problemática.

Esto va de confrontar ideas, mediación y una síntesis inteligente para gestionar la enorme complejidad de un sector vibrante y fascinante que debe seguir teniendo un impacto positivo en el mundo.

Pau Solanilla es fundador de Sostenibles.Org

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