El turismo influye de forma importante en la vida de las ciudades tanto a nivel social, económico y ambiental. Una gestión proactiva y una perspectiva a largo plazo puede ayudar a regenerar la dinámica urbana y brindar beneficios duraderos tanto a los residentes como a los visitantes. Interesante decálogo de Anteverti para un turismo urbano equilibrado y resiliente.
El turismo urbano no solo debe ser sostenible o resiliente, sino regenerativo: fomentar la comprensión cultural, salvaguardar la identidad y las oportunidades locales, apoyar la biodiversidad y permitir que las economías prosperen y se adapten con el tiempo. La consultora Antiverti ha presentado diez puntos que pueden ser panacas para inspirar a las ciudades a avanzar hacia ese horizonte, beneficiando en última instancia a todos, ya sean visitantes o residentes.
1-El turismo como catalizador, no como fin. Puede parecer obvio, pero es fundamental, por eso lo priorizamos: el turismo debe servir como catalizador del bienestar local, la cohesión social y el desarrollo urbano sostenible, no como un fin en sí mismo. Su éxito debe medirse por su contribución a estos objetivos más amplios, no solo por los beneficios económicos.
2-Las comunidades anfitrionas, en el centro. El turismo urbano sostenible debe generar beneficios tangibles y positivos para las comunidades locales. En otras palabras, si no preserva la calidad de vida de los residentes —ambiental, social, cultural y económicamente— y obstaculiza su acceso a bienes esenciales como la vivienda, los servicios públicos o el espacio público, no puede considerarse legítimo ni sostenible. El turismo solo puede desarrollarse de forma verdaderamente sostenible, resiliente y enriquecedora si se centra la toma de decisiones en las comunidades y se consideran todas las dimensiones interconectadas de la vida urbana y la heterogeneidad de las ciudades.
3-Forjar una visión clara y compartida. Si bien el crecimiento del turismo añade una capa adicional de complejidad de la que ninguna ciudad puede escapar, hay una verdad innegable: las ciudades tienen la capacidad y la responsabilidad de decidir qué esperan de él. Pueden definir el tipo de turismo que desean cultivar, los visitantes y operadores que buscan atraer, y el valor que buscan crear. Lograr esto requiere un marco coherente y rector que maximice los beneficios y evite consecuencias imprevistas, y debe construirse de forma colaborativa entre todas las partes interesadas, especialmente los residentes. Puede parecer obvio, pero vale la pena repetirlo: una visión compartida comienza con quienes viven en la ciudad.
4-Piensa a largo plazo, actúe estratégicamente. Las soluciones a corto plazo pueden generar resultados rápidos, pero con el tiempo pueden erosionar la resiliencia de una ciudad. El turismo debe gestionarse con previsión, priorizando la sostenibilidad a largo plazo sobre decisiones reactivas y fragmentadas. Para 2034, se proyecta que el sector generará 16 billones de dólares a nivel mundial (Consejo Mundial de Viajes y Turismo), el 11,4 % de la economía mundial, lo que pone de relieve la importancia de una planificación cuidadosa y con visión de futuro.
En esta era de rápido crecimiento, las ciudades deben actuar con decisión. Necesitan una visión clara de lo que el turismo debería significar para ellas y, aún más importante, deben mantener a todos alineados, desde las comunidades locales hasta los actores públicos y privados, al planificar los próximos pasos. Priorizar acciones, establecer objetivos mesurables y aprender de las mejores prácticas globales es esencial. Cada decisión debe fortalecer la ciudad, apoyar a sus residentes y salvaguardar su futuro, garantizando que los logros de hoy no se produzcan a expensas del futuro.
5-La colaboración rompe barreras y crea beneficios mutuos. El turismo urbano no existe de forma aislada; se entrelaza con numerosos aspectos de la vida urbana: vivienda, planificación urbana, gestión del espacio público, cultura local, infraestructuras, movilidad… Por lo tanto, requiere un enfoque holístico y coordinado. El turismo presenta desafíos complejos que exigen soluciones integrales. Rmper con los silos tradicionales en la gobernanza permite a las instituciones públicas, los actores privados y las comunidades locales compartir la propiedad y la responsabilidad.
6-Innovación basada en la evidencia. Creemos firmemente que la innovación turística, como en cualquier ámbito, debe basarse en datos, análisis y perspectivas del mundo real. Hoy en día, herramientas como los Gemelos Digitales de Ciudades o las plataformas basadas en IA pueden facilitar la previsión de impacto, la toma de decisiones informada y la adaptabilidad. Pero antes de implementar soluciones innovadoras y disruptivas, las ciudades deben comprender las realidades del turismo en su contexto específico.
7-Proteja la especificidad local y la singularidad de su ciudad. El carácter de una ciudad —su patrimonio vivo, sus tradiciones y sus ritmos cotidianos— es la esencia de su atractivo. Al fin y al cabo, es por eso que viajamos y por lo que nos encanta vivir en las ciudades o ser de ellas. Por lo tanto, el turismo debería aspirar a proteger y potenciar esa singularidad y el uso mixto dinámico que define a los grandes barrios, en lugar de erosionarlos o mercantilizarlos.
8-Un compromiso ambiental genuino. Seamos claros: no hay sostenibilidad sin integridad ecológica. El turismo debe respetar los ecosistemas locales, reducir su huella ambiental, desde el uso del agua hasta la gestión de residuos, y contribuir activamente a la biodiversidad y la preservación de los recursos naturales. Medir los impactos es crucial para implementar soluciones eficaces.
9-Actuar a escala metropolitana, difundir los impactos positivos. Como ocurre con muchas actividades urbanas, la descentralización y la desestacionalización del turismo ayudan a minimizar los impactos negativos. La planificación a escala metropolitana, con esfuerzos coordinados para redistribuir la demanda en el tiempo y el espacio, desde alojamientos hasta atracciones turísticas, desde iconos culturales hasta centros de ocio y conferencias, alivia la presión sobre los centros urbanos y garantiza una distribución más amplia de los beneficios.
10-Construye una marca urbana sólida que cuente una historia que todos apropien. Una marca urbana bien diseñada puede transformar un destino, haciéndolo atractivo y resonante para el público objetivo, atrayendo al mismo tiempo el tipo de turismo que busca. La marca ciudad es un ecosistema de herramientas de comunicación arraigadas en la identidad, diseñadas para crear impresiones duraderas y moldear cómo las personas experimentan y recuerdan el lugar.
Para saber más: Anteverti

