Durante décadas, las bicicletas compartidas fueron percibidas como un experimento marginal. Hoy, se han consolidado como una de las innovaciones urbanas más subestimadas de Europa, una herramienta que va mucho más allá de la simple reducción de emisiones de carbono. El estudio de EY para Cycling Industries Europe (CIE) y EIT Urban Mobility, aporta pruebas financieras solidas sobre el impacto del uso estos sistemas. 305 millones de euros en beneficios anuales, un aire más limpio, ciudadanos más saludables, reducción de atascos y creación de empleo.
Las bicicletas compartidas hacen que la movilidad urbana sea más ágil, eficiente y atractiva. Un estudio pionero de EY, encargado por Cycling Industries Europe (CIE) y EIT Urban Mobility, es el primero de su tipo a nivel mundial. Aporta pruebas financieras solidas sobre el impacto del uso estos sistemas.
Los resultados son extraordinarios: 305 millones de euros en beneficios anuales, derivados de un aire más limpio, ciudadanos más saludables, la reducción de los atascos y la creación de empleo. Este estudio demuestra el poder transformador de las bicicletas compartidas y establece un nuevo referente para entender el auténtico valor económico y social de ka movilidad en bicicleta.
Un impacto multidimensional
Más allá de evitar 46.000 toneladas de CO2e al año, el auténtico valor de las bicicletas compartidas reside en los beneficios sociales. Al sustituir trayectos en coche, reducen la contaminación del aire, previenen 968 enfermedades crónicas y generan un ahorro de 40 millones de euros en gastos sanitarios.
Alivian la congestión de la movilidad. Recuperan 760.000 horas que de otro modo se perderían en atascos, equivalentes a 30 millones de euros en productividad. Con 6.000 empleos directos vinculados, estos sistemas estimulan las economías locales y hacen que la movilidad sea más asequible, reduciendo hasta un 90% los costes de transporte en comparación con el automóvil.
Una inversión pública rentable. Para las ciudades, las cifras hablan por sí mismas: cada euro invertido genera un retorno anual del 10%, es decir, 1,10€ en beneficios sociales. De aquí a 2030, estos beneficios podrían triplicarse hasta alcanzar 1.000 millones de euros si las bicicletas compartidas se convierten en una prioridad en las políticas de movilidad urbana. Esto supondría 224.000 toneladas de CO2e evitadas, 4.205 enfermedades crónicas menos y 12.900 empleos creados, lo que representa un rendimiento anual del 75% sobre la inversión pública.
¿Cómo liberar todo el potencial de las bicicletas compartidas?
El estudio identifica cuatro palancas clave:
- El aumento de la demanda, impulsado por la concentración urbana y une mayor concienciación ciudadana.
- El aumento de la oferta, favorecido por la reglamentación climática y la expansión de los sistemas hacia áreas periféricas
- La electrificación de las flotas, ante el creciente interés de los usuarios.
- La expansión territorial, para cubrir las carencias de movilidad en las principales ciudades.
Estos logros dependen también de tres condiciones esenciales:
- Fortalecer el apoyo político, mediante financiación a largo plazo, infraestructura ciclista adecuada y cooperación entre todos los actores implicados.
- Implementar una gestión flexible de los sistemas, adaptando la oferta, mejorando la fiabilidad y tomando decisiones basadas en datos.
- Fomentar una cultura ciclista sólida, integrando el servicio con el transporte público y mejorando de manera continua la infraestructura urbana.
El mensaje para alcaldes y los gobiernos locales es claro: las bicicletas compartidas no solo son sostenibles, sino también estratégicas, son la verdadera revolución de la movilidad.
Con políticas adecuadas, pueden transformar la movilidad urbana, haciendo que las ciudades sean más saludables, justas y eficientes, y el éxito está al alcance de todos.
Para saber más: Rendimiento de inversión de las bicicletas compartidas

