La COP30 que se celebra en Belém, en el corazón de la amazonía brasileña, es una prueba de fuego que podría marcar un cambio de ritmo para acelerar la reducción de emisiones, la movilización de recursos para luchar contra la crisis climática y mostrar un compromiso tangible con la adaptación y la justicia climática. Pero, por otro lado, corre el riesgo de convertirse en otro acto simbólico con escasa acción real en la gobernanza global del clima.
La 30ª edición de la Conferencia de las Partes del marco de la United Nations Framework Convention on Climate Change (COP30) que tiene lugar en Belém (Brasil) entre el 10 y el 21 de noviembre de 2025 afronta tres grandes retos que tienen una relevancia especial para el futuro climático del planeta.
1-Mantener la ambición: ¿el objetico del 1,5 °C es viable?. Uno de los mensajes más contundentes del arranque de la COP30 es que el mundo está lejos de estar haciendo lo necesario para evitar que la temperatura global aumente más allá de 1,5 °C respecto a la era preindustrial. Según la United Nations Environment Programme (PNUMA), con los compromisos actuales el planeta se encamina hacia un calentamiento de 2,3 °C o más, lo que dejaría obsoleto el objetivo de 1,5 °C.
En la COP30 de Belém ya se han presentado nuevas contribuciones nacionales (NDC) de 113 países que representan aproximadamente el 69 % de las emisiones globales, pero la estimación es que esas aportaciones sólo reducirán un 12 % las emisiones para 2035 frente a los niveles de 2019.
El reto, por tanto, es tanto técnico como político: cómo hacer que los compromisos se traduzcan en acciones concretas, en marcos de cumplimiento y en recursos adecuados. La cumbre busca impulsar cinco ejes de movilización de recursos, adaptación, mitigación, tecnología y gobernanza.
Si desfallecemos en la ambición, la COP30 corre el riesgo de ser otra conferencia de promesas sin herramientas efectivas. En un mundo golpeado por olas de calor extremas, sequías, inundaciones y pérdida de biodiversidad, cada décima de grado cuenta. Y el símbolo de hacerlo en Belém —frente al pulmón del planeta, la Amazonía— nos pone frente al espejo en un lugar en el que la crisis climática afecta dramáticamente.
2-Financiación para la adaptación y justicia climática. Un segundo gran reto es la movilización de recursos no sólo para mitigación sino para adaptación y garantizar una transición justa. Los países desarrollados habían acordado movilizar 300.000 millones de dólares al año para financiación climática; la hoja de ruta apunta a escalar hasta 1,3 billones de dólares anuales para 2035. La COP30 pondrá a prueba una vez más ese compromiso y su ejecución.
La adaptación, es decir, cómo los países y comunidades vulnerables se preparan para impactos inevitables, requiere un nuevo impulsp El PNUMA advierte que los recursos actuales no cubren “ni de lejos” las necesidades para la adaptación ni para hacer posible el principio de “transición justa”. Reemplazar los combustibles fósiles con la expansión de las renovables y un nuevo despliegue tecnológico puede generar nuevas desigualdades. Sin recursos suficientes o sin mecanismos de distribución efectivos, muchas regiones seguirán siendo vulnerables profundizando las brechas entre países ricos y pobres.
La Amazonía, un lugar simbólico, una paradoja tangible. El hecho de que la COP30 se celebre en Belém (en el estado de Pará, Brasil) junto a la selva amazónica aporta un fuerte valor simbólico. Pero también plantea paradojas e incógnitas concretas. En el estado de Pará, la deforestación ilegal sigue siendo significativa (en 2024 se cifró en más de 1.200 km²) y las actividades ilegales de minería y tala indiscriminada continúan.
En definitiva, la celebración de la COP30 muestra esas contradicciones y retos organizando un foro global climático en un lugar que a la vez es símbolo de las luchas ecológicas. Celebrar la COP junto al “pulmón del planeta” es desde un punto de vista estético muy poderoso, pero exige que lo local refleje los compromisos globales, no que sea escenario solo de discurso. La COP30 en Belém no es sólo una más de las conferencias climáticas, lo que importa es cuánto se avanza y cómo se implementan los acuerdos. Belém va a mostrar con toda su crudeza las luces y sombras de la lucha climática global.

