El gran novelista y ensayista checo Milan Kundera, decía que la cultura es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica y un modo de pensar y de vivir. Igualmente, otro de los cásicos como el historiador Diógenes Larcio, dejó escrito que la cultura es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad.
Hace pocas semanas, la Comisión Europea daba un paso decisivo para volver a poner a la cultura en el centro del proyecto europeo con la presentación de la Brújula Cultural para Europa. Bruselas ha decidido fijar un marco de acción que pretende reforzar el papel de la cultura como palanca para la economía y la competitividad, reforzar la cohesión social y promover la sostenibilidad.
En un momento de transformaciones profundas para el mundo y para el viejo continente, es imprescindible una visión renovada para de la cultura. Históricamente la cultura ha sido uno de los pilares más sólidos de la construcción europea, y su relevancia trasciende su dimensión patrimonial o artística. La cultura es un motor estratégico de desarrollo económico, social y territorial.
Es por ello que la propuesta de la Comisión es adecuada e imprescindible porque quiere volver a poner en valor esa visión a través de la nueva Brújula Cultural planteando cuatro grandes ejes de actuación:
- Por un lado, la defensa de los valores y derechos culturales europeos en un mundo más incierto y violento.
- Por otro, promover y mejorar la capacitación de artistas y profesionales de la cultura y darles reconocimiento político y social.
- Igualmente, la cultura puede dar un impulso de la competitividad, la resiliencia y la cohesión de la UE.
- Finalmente, la cultura ha sido y es un instrumento de diplomacia internacional de primer orden.
El reto así, es reconstruir un ecosistema cultural más sólido, conectado y preparado para los retos que tenemos que afrontar colectivamente. La iniciativa llega en un momento crucial para Europa y el mundo. La creciente conflictividad y polarización social nos interpela a reforzar la cultura europea como elemento de identidad común. En tiempos de incertidumbre y tensiones geopolíticas y transformaciones tecnológicas aceleradas, la cultura puede ejercer de elemento estabilizador refuerzando nuestro valores democráticos e impulsando la cohesión social.
La cultura además puede ejercer un papel relevante como palanca económica. Las industrias culturales y creativas generan millones de empleos y representan un porcentaje significativo del PIB europeo, aunque se enfrentan a retos tales como la precariedad laboral, las desigualdades en el acceso, restricciones a la libertad artística o los impactos disruptivos derivados de la inteligencia artificial. Es por ello, que debemos articular nuevas políticas públicas y una colaboración público-social-privada que permita que la cultura siga siendo un sector innovador, creativo, sostenible y competitivo capaz de generar valor económico sin renunciar a valores fundamentales como la diversidad, la libertad artística y la participación ciudadana.
La cultura europea y la diplomacia cultural, tiene que volver a ser un activo geopolítico global. En un mundo marcado por la emergencia de líderes y narrativas autoritarias, la cultura puede convertirse en un recurso diplomático crucial para la UE como instrumento para conectar emocinalmente con amplios colectivos que comparten valores e intereses a lo largo y ancho del mundo. Una renovada estrategia europea de relaciones culturales internacionales, alejada del eurocentrismo y de cualquier atisbo de superioridad moral, puede reforzar y relanzar la imagen de la UE en el mundo proyectándonos como un actor global coherente y atractivo que apuesta por la paz, la properidad compartida, la diversidad y el multilateralismo.
La UE debe reconoce la cultura y sus industrial culturales como un factor transversal imprescindible para afrontar los grandes desafíos actuales a los que se enfrenta Europa y el mundo. La cultura puede ser un aliado precioso para afrontar con mejores herramientas y actitudes retos como la digitalización, la inclusión social, la transición ecológica y la construcción de una identidad europea compartida si somos capaces de situar la Brújula Cultural para Europa en el lugar que le corresponde.
La cultura conecta economía, democracia y ciudadanía a través de un lenguaje universal. De nosotros depende saber explotarla con inteligencia construyendo una nueva misión compartida. No solo es necesaria para Europa, también lo es como propósito compartido con el resto del mundo.
Pau Solanilla, editor y fundador de Sostenibles.Org, socio de Sector Público de Harmon.

