Interesante informe “Europe’s emissions trading system is an ally, not an enemy, of industrial competitiveness” de Bruegel, explicando por qué el ETS (Sistema Europeo de Comercio de Emisiones) no sólo contribuye a la lucha contra el cambio climático, sino que puede fortalecer la competitividad industrial de la Unión Europea.
El análisis de Bruegel es relevante para hacer pedagogía sobre los potenciales beneficios del Sistema Europeo de Comercio de Emisiones (EU ETS), piedra angular de la política climática de la UE. Algunos lo ven como un obstáculo para la competitividad industrial europea, pero es todo lo contrario, puede convertirse en un aliado estratégico para una transición eficaz hacia una economía competitiva y baja en carbono y sostenible, siempre que se preserve y reforme adecuadamente en la revisión de 2026.
El EU ETS es el mayor sistema de comercio de emisiones del mundo, creado en 2005 para regular y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero mediante un mecanismo de “cap-and-trade” (límite e intercambio). Bajo este sistema:
- Se establece un límite total (cap) de emisiones para sectores como la generación de electricidad, la industria pesada y el transporte aéreo/maritimo que se reducen con el tiempo.
- Las empresas reciben o compran permisos de emisión (EUAs) y deben entregar tantos permisos como toneladas de CO₂ emitan; si no tienen suficientes, deben comprar en el mercado.
- Los permisos pueden comprarse y venderse libremente, permitiendo reducir emisiones donde resulta más barato o eficiente.
El sistema cubre actualmente alrededor del 40 % de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE y está alineado con objetivos climáticos ambiciosos, incluyendo una reducción de emisiones significativa para 2030 y un objetivo de neutralidad climática para 2050.
Eficacia en reducir emisiones
El informe subraya que el EU ETS ha sido efectivo para reducir emisiones sin causar impactos dramáticos en la economía. Estudios empíricos muestran que el ETS redujo las emisiones totales de la UE entre un 14 % y un 16 % entre 2005 y 2020, en comparación con un escenario sin políticas climáticas activas. El mecanismo ha incentivado inversiones en tecnologías menos intensivas en carbono, por la existencia de un precio creciente del carbono que transmite una señal de mercado a largo plazo.
La reducción ha sido heterogénea por sectores: la generación eléctrica ha descarbonizado rápidamente gracias a la sustitución de carbón por renovables y gas, mientras que industrias con altas emisiones han progresado con más lentitud debido a barreras tecnológicas y económicas para cambiar procesos de producción. Este patrón refleja que, si bien el ETS no elimina todos los retos de la descarbonización, genera incentivos reales para reducir emisiones allí donde es más coste-eficiente y para que las empresas planifiquen inversiones a largo plazo.
Competitividad industrial: desmontando mitos
Un punto clave del análisis de Bruegel es que muchas críticas al ETS —que afirman que perjudica la competitividad industrial europea— no se sostienen frente a la evidencia disponible de que la competitividad no se ha visto severamente erosionada
Las reducciones de emisiones han ocurrido con impactos relativamente modestos en rentabilidad empresarial y empleo, lo que sugiere que la industria ha sabido adaptarse sin sufrir pérdidas masivas de competitividad. El ETS permite que las industrias que encuentran más barato reducir emisiones lo hagan, mientras que aquellas con mayores costes de reducción compran permisos, equilibrando presión económica y ambiental. Esto convierte al ETS en un mecanismo que minimiza el impacto económico directo de las políticas climáticas.
Un elemento frecuentemente subestimado es la importancia de las expectativas sobre las futuras reducciones de emisiones. La credibilidad de que el límite del ETS se endurecerá con el tiempo genera un incentivo para inversiones anticipadas en eficiencia energética e innovación tecnológica, fortaleciendo así la competitividad futura de empresas europeas frente a rivales internacionales.
Riesgos y prioridades
El análisis de Bruegel se publica en un momento crítico: el ETS está bajo revisión legislativa en 2026, y existe presión política y de algunos sectores industriales para debilitar partes del sistema alegando que el coste del carbono es una desventaja competitiva frente a países con políticas más laxas. Frente a esto, Bruegel identifica tres elementos que deben preservarse o reforzarse para asegurar que el ETS siga siendo un aliado de la competitividad industrial:
✔ Eficacia del sistema
Mantener un enfoque robusto de reducción de emisiones, evitando retrocesos que debiliten la señal de escasez de carbono.
✔ Régimen de asignaciones gratuitas eficiente
Las asignaciones gratuitas temporales han servido para mitigar riesgos de “fuga de carbono” sin socavar el objetivo ambiental. A medida que el ETS evoluciona, el uso de estas debe estar diseñado con cuidado para equilibrar competitividad y ambición climática.
✔ Uso estratégico de los ingresos de subastas
Los ingresos que generan las subastas de permisos de emisión deben destinarse a inversiones en innovación, tecnologías bajas en carbono, modernización industrial y apoyo social a la transición. El análisis defiende que el ETS puede evolucionar de un mero “cap-and-trade” a un modelo más orientado a la inversión climática sostenible, reforzando su rol en la modernización industrial europea más allá de la simple regulación de emisiones.
El ETS forma parte de un ecosistema de políticas climáticas que incluye la introducción del Mecanismo de Ajuste en la Frontera de Carbono (CBAM), diseñado para proteger a la industria europea frente a competidores extranjeros sin políticas de carbono equivalentes.
El CBAM, que empezará a aplicarse en 2026, cobra un precio equivalente al carbono a las importaciones de sectores intensivos en emisiones (como acero, cemento y aluminio), con el objetivo de evitar la fuga de emisiones y de producción fuera de la UE. Esto ayuda a nivelar las condiciones de competencia y refuerza el impacto del ETS.
Además, la evolución del sistema incluye una expansión de ETS2, un segundo régimen de comercio que cubrirá sectores como transporte, edificios y pequeñas industrias a partir de 2027, ampliando la cobertura total de emisiones bajo precio de carbono.
Conclusión: un instrumento fortalecido
El análisis de Bruegel concluye que el ETS debe verse como un instrumento estratégico para la competitividad industrial europea, no como una carga que la debilite. La evidencia empírica disponible sugiere que:
- El ETS ha reducido emisiones significativamente sin quebrar la industria europea.
- Su impacto en competitividad ha sido modesto y manejable cuando se combina con mecanismos de protección adecuados.
- Una política climática ambiciosa, bien diseñada y predecible puede estimular innovación y modernización industrial, posicionando a Europa en ventaja ante la transición global hacia economías bajas en carbono.
- La revisión de 2026 representa una oportunidad para consolidar estos beneficios y no retroceder ante presiones de ciertos sectores.
En definitiva, el ETS puede y debe servir como una palanca para fortalecer el liderazgo industrial europeo en la transición climática, combinando ambición ambiental con estrategias que preserven la competitividad en un contexto global cada vez más competitivo.
Accesio al informe completo: Bruegel

