sábado, junio 13, 2026

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Resiliencia económica: de la crisis geopolítica y energética, al fenómeno climático de El Niño.

El anuncio de los científicos del posible regreso del fenómeno climático de El Niño en el segundo semestre de 2026 ha vuelto a encender las alarmas entre gobiernos y mercados internacionales. Aunque se trata de un fenómeno natural asociado al calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial, los climatólogos advierten de que, combinado con el calentamiento global y un contexto geopolítico extremadamente tensionado, podría desencadenar una cadena de impactos económicos de gran alcance.

La preocupación no es baladí. La economía mundial atraviesa un periodo de vulnerabilidad tras varios años marcados por la pandemia, la inflación, la fragmentación comercial y, más recientemente, las tensiones energéticas derivadas de la guerra entre Irán y los EEUU e Israel y la creciente inestabilidad en todo Oriente Medio. Las interrupciones en el suministro de petróleo y gas a nivel global ya ha provocado episodios de volatilidad energética y repuntes en los costes de transporte y producción industrial.

En ese contexto, una nuevo riesgo climático viene a sacudir el delicado contexto geoeconómico global. El fenómeno de El Niño aparece como un potencial acelerador de desequilibrios globales. Si el conflicto geopolítico amenaza la oferta energética, el fenómeno climático podría impactar simultáneamente sobre alimentos, infraestructuras, cadenas logísticas y producción eléctrica. La combinación de ambas crisis preocupa especialmente porque podría alimentar una nueva ola inflacionaria mundial.

¿Porqué es potncialmente tan peligroso El Niño?. Altera los patrones atmosféricos del planeta generando generando sequías extremas en algunas regiones mientras otras padecen inundaciones devastadoras. América Latina, el sudeste asiático, Australia y partes de África suelen encontrarse entre las zonas más vulnerables.

Los modelos meteorológicos internacionales apuntan a una probabilidad creciente de que el episodio alcance una intensidad elevada, comparable a los grandes eventos de 1997-1998 o 2015-2016. Algunos expertos incluso hablan ya de un posible “Súper El Niño”. El principal riesgo económico comienza en el sector agrícola. Las variaciones bruscas de temperatura y precipitaciones afectan directamente a cultivos estratégicos como arroz, trigo, café, azúcar, cacao o maíz. Cuando varias regiones productoras sufren anomalías climáticas simultáneamente, los precios internacionales de los alimentos tienden a dispararse.

La experiencia reciente demuestra que estos riesgos no son poco probables o teóricos y hay que tomárselos en serio. Durante el episodio de El Niño de 2015-2016, numerosos países sufrieron pérdidas multimillonarias por sequías, incendios y alteraciones en la producción agrícola que dañaron infraestructuras críticas y paralizaron sectores enteros de la economía en algunos países. En el 2026 el escenario es más preocupante siu cabe porque el planeta parte de temperaturas históricamente muy elevadas que amplifica muchos de sus efectos.

Impacto en la soberanía alimentaria

Uno de los principales riesgos económicos es el repunte de la inflación alimentaria. Si disminuye la producción agrícola mundial, los precios de materias primas esenciales podrían volver a subir, afectando especialmente a países importadores de alimentos y economías vulnerables. Los analistas siguen con atención mercados como el café, el cacao o el aceite vegetal. Brasil, Colombia, Indonesia o Vietnam, grandes exportadores agrícolas, podrían verse afectados por sequías o lluvias extremas.

El impacto no se limitaría a los alimentos. El Niño también puede alterar profundamente los mercados energéticos. En países con alta dependencia hidroeléctrica, la reducción de lluvias amenaza la generación eléctrica y obliga a recurrir a fuentes más caras o más contaminantes.

Emerge uno de los grandes riesgos para la economía global: una posible convergencia entre crisis energética y crisis climática.

Si las tensiones geopolíticas en Oriente Medio continúan presionando los precios del petróleo y del gas, y al mismo tiempo El Niño afecta la producción agrícola y energética en distintas regiones del planeta, el resultado podría ser un nuevo shock inflacionario global difícil de contener. Los bancos centrales se encontrarían entonces ante un escenario especialmente complejo. Después de años intentando controlar la inflación mediante subidas de tipos de interés, un nuevo ciclo de encarecimiento energético y alimentario podría retrasar cualquier relajación monetaria y frenar el crecimiento económico.

Infraestructuras vulnerables y cadenas de suministro frágiles

El impacto económico de El Niño no se limita al campo o la energía. Las infraestructuras de transporte y logística también son extremadamente vulnerables. Las lluvias torrenciales pueden destruir carreteras, puertos y líneas ferroviarias, mientras las sequías afectan la navegabilidad de rutas estratégicas para el comercio internacional como hemos visto en otras ocasiones. En el canal de Panamá, la falta de agua obligó a restringir el tráfico marítimo y alteró cadenas globales de suministro.

En una economía mundial altamente interdependiente, como hemos visto en el bloqueo del Estrecho de ormuz, cualquier interrupción logística puede provocar retrasos industriales, aumento de costes y problemas de abastecimiento. Sectores como la automoción, la tecnología o la alimentación podrían verse especialmente afectados.

Las aseguradoras también observan el fenómeno con creciente preocupación. El incremento de catástrofes naturales implica mayores indemnizaciones y una subida progresiva de los costes de cobertura. Algunas regiones especialmente expuestas empiezan incluso a presentar dificultades para acceder a seguros asequibles.

Europa y España también sufrirían impactos

Aunque El Niño tiene su origen en el Pacífico, Europa no queda al margen de sus efectos. Los expertos señalan que el fenómeno puede intensificar olas de calor, agravar sequías y alterar patrones de lluvia en el Mediterráneo. Para España, esto supone riesgos importantes en agricultura, turismo y gestión del agua. Cultivos como el olivo, la vid o los cítricos podrían sufrir nuevas pérdidas si coinciden altas temperaturas y escasez hídrica.

El turismo también podría verse afectado. Veranos cada vez más extremos pueden reducir la competitividad de algunos destinos mediterráneos durante determinados periodos y aumentar los costes asociados a refrigeración, salud pública y prevención de incendios.

Además, el impacto indirecto sobre los mercados globales terminaría repercutiendo también en la economía europea a través de la inflación importada, el encarecimiento energético y la volatilidad financiera. El fenómeno de El Niño supone en nuevo riesgo sistémico a gestionar. La gran diferencia respecto a episodios históricos es que El Niño ya no actúa sobre un clima estable ni sobre una economía global equilibrada. Coincide con un periodo de creciente fragmentación geopolítica, tensiones energéticas y acumulación de vulnerabilidades económicas lo que lo puede hacer más letal.

Aunque todavía existe incertidumbre sobre la intensidad final del episodio previsto para 2026, la comunidad científica coincide en una idea central: el coste de no prepararse puede ser enorme. En un mundo ya tensionado por conflictos energéticos y rivalidades geopolíticas, El Niño podría convertirse en un poderoso factor adicional de desestabilización económica global. No hay que asustarse, pero sí anticiparse.

Sostenibles.org
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