sábado, junio 13, 2026

Top 5 esta semana

Related Posts

Mundial 2026: el deporte entra en la era del riesgo climático. ¿Priorizar la salud o las audiencias?.

El Mundial de fútbol de 2026, que se celebrará en Estados Unidos, Canadá y México es un gran espectáculo deportivo: 48 selecciones, 104 partidos y millones de aficionados movilizados alrededor del planeta. Sin embargo, junto al desafío deportivo emerge un riesgo cada vez más evidente, el impacto del calor extremo y de la crisis climática sobre jugadores, espectadores e infraestructuras.

Diversos estudios científicos y organismos especializados alertan de que una parte importante de los partidos podría disputarse bajo condiciones térmicas peligrosas. Según un análisis difundido por World Weather Attribution y recogido por diversos medios internacionales, alrededor de uno de cada cuatro encuentros del torneo podría jugarse en escenarios de calor y humedad capaces de afectar al rendimiento físico y poner en riesgo la salud de futbolistas y aficionados.

La amenaza no se mide únicamente por la temperatura ambiente. Los expertos utilizan indicadores más complejos, como el WBGT (Wet Bulb Globe Temperature), que combina temperatura, humedad, radiación solar y viento para calcular el estrés térmico real sobre el cuerpo humano. En algunos estadios, especialmente en ciudades como Miami, Houston o Dallas, se podrían superar niveles considerados críticos para la práctica deportiva de alta intensidad.

Durante décadas, el deporte global se percibió como un espacio relativamente ajeno a la crisis climática. Hoy esa idea ha desaparecido. Olas de calor, incendios, contaminación atmosférica y fenómenos meteorológicos extremos empiezan a alterar calendarios, competiciones y condiciones de juego. El Mundial 2026 simboliza un cambio de paradigma. Por primera vez, el principal torneo deportivo del planeta deberá gestionar de forma explícita el impacto del calentamiento global sobre la salud y la seguridad de los participantes, ya sean jugadores, aficionados, periodistas, trabajadores, etc.

La propia FIFA ya ha anunciado protocolos especiales como pausas obligatorias de hidratación, sistemas de refrigeración, vigilancia médica reforzada y adaptación de horarios. Sin embargo, numerosos científicos consideran que estas medidas podrían resultar insuficientes si las temperaturas continúan aumentando. El debate recuerda inevitablemente al Mundial de Qatar 2022, cuya celebración tuvo que trasladarse al invierno debido al calor extremo del verano en Oriente Medio.

La diferencia es que, en 2026, el problema no afecta a una única sede, sino a una parte importante del continente norteamericano durante los meses más cálidos del año y el calor extremo no solo plantea riesgos sanitarios. También puede transformar el propio deporte. El rendimiento deportivo bajo estrés térmico es relevante. Las altas temperaturas reducen la intensidad física, la velocidad, la capacidad de recuperación y la toma de decisiones.

Desde el punto de vista de la salud de los jugadores también genera riesgos importantes. El estrés térmico aumenta la fatiga muscular y eleva el riesgo de deshidratación y golpes de calor, especialmente en encuentros disputados durante la tarde. Asímismo, la desigualdad climática entre unos emplazamientos u otros podría influir en la competición. Selecciones acostumbradas a ambientes cálidos y húmedos podrían adaptarse mejor que equipos procedentes del norte de Europa o regiones templadas.

Pero el riesgo más importante afecta probablemente a los aficionados. A diferencia de los jugadores, los espectadores permanecen durante horas expuestos al calor en gradas, accesos y desplazamientos urbanos. Personas mayores, niños o aficionados con patologías previas constituyen grupos especialmente vulnerables ante las olas de calor.

El deporte como palanca de transformación

Más allá de la competición, el Mundial 2026 se ha convertido en un símbolo de la necesaria transformación que necesita el deporte, porque ya no puede desvincularse de la sostenibilidad y de los efectos del cambio climático. El deporte, como práctica deportiva ya sea amateur o profesional, posee una enorme capacidad de influencia social y cultural y tiene una especial responsabilidad en la sensibilización climática y en la promoción de modelos más sostenibles. La tienen igualmente porque los grandes torneos internacionales también generan una enorme huella ambiental con millones de desplazamientos aéreos, consumo energético masivo y una compleja logística transcontinental.

Por eso, el desafío ya no consiste únicamente en organizar competiciones sostenibles, sino en garantizar que puedan celebrarse en condiciones climáticas seguras. El calentamiento global empieza a cuestionar aspectos estructurales del calendario deportivo internacional. Los deportes de invierno son uno de los ejemplos más evidentes, pero el fútbol y otros deportes también comienzan a verse afectados. Cada vez resulta más difícil organizar grandes competiciones estivales sin afrontar episodios de calor extremo.

La doble vulnerabilidad del deporte global

El Mundial 2026 refleja además una nueva “doble vulnerabilidad” que afecta a las grandes organizaciones deportivas. Por un lado, existe un riesgo climático directo: altas temperaturas, estrés térmico, problemas sanitarios, tensiones energéticas y posibles alteraciones logísticas derivadas de fenómenos extremos. Por otro, emerge un riesgo reputacional creciente. La percepción de improvisación o falta de previsión puede erosionar la imagen de instituciones globales como la FIFA.

En un contexto donde la sostenibilidad se ha convertido en un criterio estratégico, el deporte ya no es evaluado únicamente por el espectáculo que genera, sino también por su capacidad de adaptación climática y responsabilidad ambiental. El Mundial de 2026 puede marcar un punto de inflexión. No solo por su dimensión deportiva, sino porque probablemente el Mundial de fútbol 2026 será el primer gran torneo global disputado bajo la conciencia explícita de vivir en una era de emergencia climática.

Las decisiones que adopten la FIFA ya sea en este Mundial como después de su celebración, podrían anticipar cómo evolucionarán las competiciones internacionales en las próximas décadas que pueden forzar a cambios de calendario, adaptación de horarios y nuevos estándares de seguridad climática e infraestructuras más resilientes.

El problema ya no pertenece al futuro. El calor extremo ha entrado definitivamente en el terreno de juego. Pero lamentablemente la FIFA y los organizadores parecen primar los horarios que benefician que se llegue a las millonarias audiencias televisivas que la coherencia para proteger la salud de jugadores y aficionados. El espectáculo más universal del planeta tiene una especial responsabilidad que parece no asumir.

Sostenibles.org
Sostenibles.orghttp://http//www.sostenibles.org/
SOSTENIBLES.ORG es un Think Net formado por un grupo de profesionales con un propósito compartido: trabajar por un nuevo liderazgo colectivo y colaborativo que contribuya a una nueva mirada del presente y del futuro con la sostenibilidad como vector de desarrollo y competitividad económica y social.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Popular Articles

Share