Entrevistamos a Idoia Miranda, responsable de prensa de la cooperativa de telefonía ética Somos Conexión, la primera cooperativa de telecomunicaciones sin ánimo de lucro en España. Ofrece servicios éticos y sostenibles de telefonía móvil, fija e internet (fibra óptica), posicionándose como una alternativa real frente a las grandes operadoras del mercado tradicional. Promueven el uso consciente de la tecnología y adaptan las tarifas a las necesidades reales para evitar el sobreconsumo.
¿Qué elementos diferenciales definen a Somos Conexión en comparación con los operadores tradicionales de telecomunicaciones?
Uno de los más destacados es que somos cooperativa de consumo y no tenemos ánimo de lucro. Los operadores tradicionales pertenecen a grandes fondos de inversión o accionistas, cuyo principal objetivo es maximizar la rentabilidad económica. Somos Conexión es propiedad de sus socias y socios. Funcionamos bajo un modelo democrático donde cada persona tiene voz y voto (una persona, un voto), y los beneficios no se reparten para enriquecer a unos pocos, sino que se reinvierten en mejorar el servicio y en proyectos de transformación social. Los excedentes económicos, en lugar de ir al bolsillo de nadie, nos permiten impulsar proyectos alineados a nuestra razón de ser: acompañar a las familias en el acompañamiento digital de sus hijos/as, para reducir la brecha digital o para evitar las llamadas SPAM.
Otra de las grandes diferencias es nuestro servicio de atención a las usuarias, próximo, humano y gestionado desde los cuidados, la transparencia y la honestidad.
En un contexto de digitalización creciente, ¿qué papel considera que debe desempeñar una cooperativa de telecomunicaciones en la sociedad actual?
Nosotros nacimos con una vocación de servicio clarísima y con muchas ganas de agitar el sector. Seamos sinceras: la industria tradicional vive de empujarte a contratar tarifas gigantescas con gigas ilimitados y velocidades que te permitirían conectar a la NASA desde el salón de tu casa. Te lo pintan como el paraíso, pero al final pagas por cosas que no usas. En Somos Conexión hacemos justo lo contrario: asesoramos a la gente para que contrate solo lo que necesita. Si con 30 GB vas de sobra, ¿para qué vas a pagar por 100? Impulsamos una cultura de la contención y del consumo digital consciente, porque sabemos que esos datos flotando en la nube también tienen un impacto real en el planeta. Básicamente, preferimos priorizar tu bienestar y el del medioambiente por encima de nuestra propia facturación.
En resumen: mientras las telecos tradicionales usan a las personas para generar beneficios, en Somos Conexión le damos la vuelta a la tortilla y utilizamos la tecnología como una herramienta para generar bienestar colectivo y construir un modelo más justo, transparente y sostenible.
El consumo de datos y el despliegue de infraestructuras no dejan de aumentar en el sector. ¿Cómo se aborda desde vuestro modelo esta tendencia de crecimiento continuo?
A nivel de infraestructura y producto, esto se ve muy claro en el día a día. Por ejemplo, evitamos la duplicidad de redes. En lugar de llenar fachadas con cables innecesarios que dañan el territorio, optimizamos lo que ya existe y compramos los servicios de forma colectiva a los proveedores. No hace falta colonizar y destruir el territorio y las fachadas para dar buena conexión.
Y en cuanto a las tarifas, vamos a contracorriente: no ofrecemos datos ilimitados. Es más, somos de las poquísimas operadoras que tienen tarifas con muy pocos gigas… ¡e incluso tarifas sin datos! Que parece un chiste en los tiempos que corren, pero es que hay gente que solo quiere el móvil para llamar. Esto va totalmente alineado con nuestra idea de contención del consumo.
Además, hacemos mucha pedagogía. A través de nuestros artículos, del videopodcast, de talleres y de otros recursos, intentamos generar conciencia sobre el impacto social y ecológico que tiene la tecnología. Para nosotras, la conectividad es un derecho fundamental que hay que cuidar, no un privilegio de consumo para exprimir al máximo.
¿Cómo se concreta en la práctica el concepto de “telecomunicaciones éticas” en la prestación de servicios, redes y tecnologías?
Para nosotras, la ética no es un concepto abstracto; se aterriza en decisiones muy concretas. A nivel técnico, como decíamos, preferimos optimizar los recursos que ya están instalados mediante acuerdos mayoristas compartidos.
En los servicios aplicamos una honestidad radical: no hay letra pequeña, no inflamos tarifas y facilitamos tanto la entrada como la salida. Creemos que la fidelidad debe basarse en la satisfacción, no en contratos de permanencia abusivos. Y un detalle del que estamos muy orgullosas: si bajamos un precio, se aplica automáticamente a todo el mundo, no solo a los nuevos clientes para “engancharlos”.
Además, trabajamos en red con la economía social y apoyamos iniciativas como el Mobile Social Congress para luchar contra el extractivismo tecnológico. Esto nos lleva a impulsar proyectos como nuestras tarifas bonificadas contra la brecha digital o la fibra comunitaria para edificios, que reduce el impacto ambiental y el coste para los vecinos.
¿Y sobre la IA? Tenemos una postura muy clara: nunca la usaremos para sustituir a personas. Mientras el sector automatiza y deshumaniza los call centers, nosotras usamos la tecnología solo para quitar tareas repetitivas y aburridas internamente. Así, nuestro equipo puede seguir dedicándote todo el tiempo y el cariño que necesites cuando nos llamas. Las personas van primero, siempre.
¿Qué decisiones estructurales o de diseño de servicio son clave para priorizar la protección de los derechos digitales y la privacidad de las personas usuarias?
En esto somos tajantes: con los datos no se comercia. Solo almacenamos la información técnica estrictamente imprescindible para que puedas hablar, navegar y para emitir las facturas. Por supuesto, no hacemos ningún tipo de explotación comercial ni vendemos los datos de nuestras usuarias a terceros. Nosotras, por ejemplo, no compartimos tus datos privados con plataformas de marketing digital como Google o Meta para que te persigan con anuncios. Tu privacidad no es nuestro negocio.
Y esto lo aplicamos incluso en proyectos tan potentes como la alianza que tenemos con Som Energia y Som Mobilitat. Aunque colaboremos estrechamente, cada cooperativa pide solo lo estrictamente necesario y jamás compartimos información con terceros. Si compartimos algún dato con las otras “SOM”, es única y exclusivamente si la usuaria nos da su consentimiento explícito porque le interesa contratar un servicio conjunto. La confianza de nuestra base social está por encima de todo.
¿De qué manera influye el modelo cooperativo en la toma de decisiones estratégicas, la relación con proveedores y el diseño de servicios?
El hecho de ser cooperativa lo cambia todo. Aquí las grandes líneas estratégicas, los presupuestos y qué hacemos con los excedentes se debaten y aprueban en la Asamblea General. Y se hace bajo el principio democrático de “una persona, un voto”, de igual a igual, sin importar el capital que hayas aportado.
Como no tenemos la presión de un inversor externo exigiéndonos exprimir el negocio, tenemos la libertad de tomar decisiones desde un punto de vista mucho más humano. Por eso podemos permitirnos invertir en proyectos como los que te comentaba antes —la reducción de la brecha digital o las herramientas pedagógicas para familias—, aunque económicamente no tengan un retorno inmediato. Nuestro retorno es social.
Además, intentamos ser coherentes en toda nuestra cadena. A la hora de contratar herramientas de software, logística o servicios financieros, priorizamos a compañeras de la economía social y solidaria. Trabajamos codo con codo con proyectos como Som Energia, Som IT, Coop57 o Fiare. Creemos que la transformación se hace así, tejiendo red.
En un mercado altamente concentrado, ¿qué oportunidades y qué limitaciones presenta la estructura cooperativa en el sector de las telecomunicaciones?
Seamos realistas: el modelo cooperativo no es una varita mágica y tiene límites claros. Al no tener redes propias de miles de millones de euros, dependemos de la infraestructura de los grandes proveedores mayoristas, y negociar con ellos en un mercado donde imponen sus reglas es un reto diario. Además, las grandes telecos compiten en una guerra de precios agresiva porque compensan márgenes mínimos vendiéndote de todo: televisión, alarmas, seguros… de todo menos valores. Nosotras priorizamos salarios dignos y estables y no inflamos facturas, lo que nos deja márgenes estrechos y presupuestos incomparables a los de las grandes para campañas de publicidad masiva. Aun así, hacemos un esfuerzo enorme por mantenernos en precios de mercado; cuanta más gente se sume a este lado, más fuertes seremos para ganar soberanía y transformar el sector.
Pero ojo, porque este modelo también nos da superpoderes que los gigantes ya querrían para sí mismos. Gracias a nuestros valores y calidad en el servicio y la atención, tenemos una comunidad fiel que nos recomienda con orgullo, lo que hace que nuestra tasa de bajas esté a años luz por debajo de la media del sector. Y lo mejor de todo es que nuestros proyectos de impacto social nacen de una convicción real y del conocimiento de las necesidades de la gente y del sector, no son parches de marketing ni el típico greenwashing con el que las grandes corporaciones intentan lavar su imagen en sus campañas de RSC. Aquí nos movemos por transformación, no por postureo.
¿Cómo se integra la consideración del impacto del entorno digital en la operativa diaria sin tratarse como un ámbito separado de la actividad principal?
Totalmente. Es que, en línea con eso que comentábamos del greenwashing y las campañas de RSC de las grandes empresas, para nosotras el impacto de las telecomunicaciones no es un anexo que añadimos para lavar la conciencia mientras el negocio sigue funcionando a toda máquina.
Aquí el impacto es, literalmente, el filtro a través del cual pasa cada decisión que tomamos. Se nota en cómo diseñamos cada producto, en los proyectos que decidimos impulsar y, sobre todo, en nuestras alianzas. No buscamos colaboradores al azar; tejemos red con sentido. Un ejemplo de esto son los servicios compartidos que ofrecemos para empresas junto a Som Energia y Som Mobilitat. Nos unimos para ofrecer una alternativa completa de conectividad, energía limpia y movilidad sostenible. Así es como demostramos que otra forma de consumir y de hacer economía no solo es necesaria, sino que ya es totalmente real.
¿Qué transformaciones considera necesarias en el sector de las telecomunicaciones para avanzar hacia un modelo digital más equilibrado y centrado en las personas?
Es imprescindible y urgente frenar esta inercia de empujar a todo el mundo hacia los gigas ilimitados. Es un reclamo comercial muy goloso, pero invisibiliza por completo el impacto ecológico de las infraestructuras y satura las redes de forma innecesaria.
Para nosotras, el gran cambio pasa por reconocer la conectividad como lo que es: un derecho fundamental, no un bien de consumo. Mientras internet y la telefonía móvil se sigan tratando como meras mercancías, el mercado continuará priorizando las zonas más rentables y a los usuarios con más dinero. Por eso apostamos por una infraestructura abierta, compartida y neutral. El cableado o las torres deberían tratarse como bienes comunales o servicios públicos compartidos, de forma que las operadoras compitamos en calidad de servicio, atención y valores, y no en ver quién destruye o satura más el territorio. No tiene ningún sentido ver calles con tres o cuatro cables de fibra distintos en la fachada; en suministros como el agua o la luz esto nos parecería una locura impensable.
Y, por supuesto, hay que abordar de una vez el tema de las redes sociales por pura salud digital, tanto de los más pequeños como de los adultos, y por la propia salud de nuestra democracia. El debate público no puede depender de una infraestructura digital privatizada. Hemos privatizado la plaza del pueblo y eso es un peligro enorme. Necesitamos revertir esta situación impulsando redes abiertas, éticas y neutrales que no basen su modelo de negocio en secuestrar nuestra atención, y que funcionen con algoritmos transparentes y auditables. La tecnología tiene que volver a estar al servicio de la ciudadanía, no al revés.
Desde vuestra experiencia, ¿cuáles deberían ser los principios que definan el futuro de las telecomunicaciones en un horizonte de medio y largo plazo?
Al final, la gran transformación que tenemos pendiente como sociedad es entender que el éxito del sector tecnológico no se debería medir por cuántos gigas se consiguen facturar a final de mes, sino por cómo contribuimos a la cohesión social y a la salud del planeta. El objetivo del futuro no puede ser tener una sociedad hiperconectada a cualquier precio, enganchada a las pantallas las 24 horas, sino construir una sociedad comunica

