miércoles, julio 22, 2026

Top 5 esta semana

Related Posts

Reconstruir la idea de progreso. De la era de la tecnología a la innovación social de las preguntas.

Durante los últimos años los defensores del tecnodeterminismo nos han querido hacer creer que el futuro lo lideraría la programación y los algoritmos. Proclaman la autosuficiencia de la tecnología para construir una nueva inteligencia para el siglo XXI como refleja el “Manifiesto de Palantir” el documento político e ideológico en forma de 22 tesis publicado por Alexander Karp, el CEO de la empresa de software y análisis de datos Palantir.

Es evidente que la innovación, y particularmente la innovación tecnológica es una palanca imprescindible para el progreso, siempre que maride de forma coherente la competitividad con la sostenibilidad y la equidad. Pero asistimos a una aceleración tecnológica que nos arrastra hacia un mundo en el que la tecnología parece renunciar a incorporar los principios de la equidad, olvidando un enfoque ni sensibilidad humana que genera nuevas brechas y desigualdades.

Muchos de los avances tecnológicos que se nos presentan como el nuevo mantra tecnológico no están diseñados para favorecer a la sociedad o el interés común. Son innovaciones que sirven eminentemente a los intereses corporativos de algunas compañías, ya sean las BigTech o la aspiración de algunos emprendedores que diseñan tecnologías sin alma y sin propósito para dar el pelotazo y hacerse ricos en poco tiempo.

Por todo ello, es imprescindible reivindicar, dar tribuna y reconocimiento a aquellos emprendedores y empresas que diseñan tecnología o iniciativas con propósito. Tecnologías que además de dinamizar e innovar en el terreno económico, también lo hacen en el terreno de las relaciones humanas, sociales y culturales. No son iniciativas que se construyen o diseñan en un laboratorio o basados en el mito de tres amigos programando en un garaje, sino que se generan gracias a la convivencia e interacción entre las personas de un grupo que aspiran a constituir una verdadera comunidad de destino.

La eclosión y evolución de la Inteligencia Artificial nos muestra que la tecnología puede ser una gran aliada del bienestar siempre que se utilice con un claro propósito económico y social. Asistimos a una carrera por la primacía tecnológica que ahonda la brecha de acceso al mercado, amenaza el empleo cronificando la precariedad desplazando a los trabajadores hacia modelos de subcontratación hacia plataformas digitales con algoritmos entrenados con datos históricos que reflejan y perpetúan estereotipos.

La resignación no puede ser la respuesta. El futuro no tiene por qué ser un lugar distópico y debemos y podemos reconstruir la idea de progreso. Quizás no tenemos todas las respuestas, aunque una buena parte sí, porque precisamente la tecnología y la Inteligencia Artificial puede proporcionarlas si le hacemos las preguntas adecuadas. Y es que, en un mundo saturado de respuestas, el liderazgo ya no pertenecerá a quienes hablen más alto o actúen más rápido, sino a quienes sean capaces de abrir y dinamizar las conversaciones que realmente importan. Ahí radica la gran oportunidad de la política, de la diplomacia corporativa o del diálogo social. Aquellas organizaciones que sepan preguntar, escuchar y conectar intereses diversos será la que esté mejor preparada para construir el futuro.

La influencia política y social en las décadas que vienen no dependerá tanto de la capacidad de presión -o de lobby- como de la de generar confianza, visión y deliberación compartidas sustentadas en conexiones humanas y tecnología. En entornos cada vez más algorítmicos caracterizados por la sobreabundancia y la saturación de datos, la verdadera ventaja competitiva ya sea política, económica o social no consistirá en saber más, sino en formular las mejores preguntas sobre intereses comunes o misiones compartidas.

Para ello debemos reconocer que solos no podemos y tener la humildad de cuestionar constantemente nuestras  propias ideas e hipótesis. Eso incluye saber identificar los sesgos de confirmación, desafiar las narrativas dominantes tanto en nuestras organizaciones como en la sociedad y hacernos las preguntas adecuadas que quizás nadie se está haciendo todavía.

El trabajo que técnicamente llamamos advocacy, o de incidencia pública o de lobby, ya no se sustentará en competir por disponer de más información que los demás, sino de interpretar mejor la complejidad, construir confianza entre actores diversos y formular las preguntas adecuadas que permita anticipar riesgos y descubrir oportunidades antes que nadie. Esa será en esencia el papel de la nueva política, así como de la diplomacia corporativa o el activismo social y cultural.

La innovación podrá seguir siendo una fuente de progreso si sabemos formular las preguntas adecuadas sustentado en una potente capa tecnológica. Los grandes laboratorios de IA lo han comprendido y están incorporando filósofos, lingüistas, especialistas en ética e historiadores del pensamiento a sus equipos. Han comprendido algo que los clásicos sabían ya hace más de dos mil años. La inteligencia no consiste únicamente en responder rápido, que es lo que hace la IA, sino en hacerse mejores preguntas.

La disciplina de la prospectiva ya sea política, económica o social comparte esa misma lógica. Estudiamos qué futuros son plausibles, cuáles son deseables y qué señales quizás estamos ignorando para influenciar para que vaya en una dirección u otra. Es, en esencia, un ejercicio permanente de duda organizada como ya hacía Sócrates en la vieja Grecia.

Ante un futuro tecnológico y algorítmico, las organizaciones que generarán más confianza no son las que tienen las respuestas prefabricadas más rápidas, sino aquellas que entiendan mejor lo humano. Algo que se hace a través de un proceso de escucha y preguntas para comprender los intereses diversos que residen en la sociedad y desde ahí construir espacios de convivencia y síntesis entre actores con objetivos o sensibilidades diferentes.

La política, como la diplomacia corporativa o el activismo social empieza mucho antes de una negociación, es ante todo un proceso de escucha. Influir ya no consiste únicamente en defender una posición por legítima que esta sea. Significa comprender el marco mental del otro, identificar los valores compartidos y construir relatos creíbles que sean capaces de construir confianza y generar consensos.

Y es que por mucha tecnología que apliquemos o dispongamos, hasta la IA se sustenta en el viejo método socrático de la ignorancia fingida. Eso es especialmente importante para los entornos humanos, quien crea saberlo todo dejará de aprender, y si dejas de aprender te estancas.

En definitiva, la tecnología, por sí sola, no define el progreso. Programar un algoritmo resulta cada vez más sencillo, lo realmente difícil será mantenernos alerta ante los dilemas éticos, los conflictos de valores y las situaciones ambiguas que requieren de decisiones humanas mediante complejos procesos deliberativos. Cuanto más avance la IA, más evidente resultará no dependerá únicamente de máquinas inteligentes, sino de personas capaces de dotarlas de criterio, sentido y propósito.

Pau Solanilla es fundador y editor de Sostenibles.Org y socio en Harmon.

Sostenibles.org
Sostenibles.orghttp://http//www.sostenibles.org/
SOSTENIBLES.ORG es un Think Net formado por un grupo de profesionales con un propósito compartido: trabajar por un nuevo liderazgo colectivo y colaborativo que contribuya a una nueva mirada del presente y del futuro con la sostenibilidad como vector de desarrollo y competitividad económica y social.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Popular Articles

Share