viernes, septiembre 4, 2026

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Bonos verdes, hacia una economía descarbonizada, competitiva y energéticamente más independiente.

Un reciente artículo del Financial Times analiza el fuerte resurgimiento del mercado europeo de bonos verdes en 2026. Un crecimiento está que impulsando la emisión mundial hacia niveles récord. Un fenómeno que contrasta con lo que está ocurriendo en los EEUU donde la emisión continúa disminuyendo en un contexto político mucho más hostil hacia las políticas ambientales, sociales y de gobernanza (ESG).

Durante el primer semestre de 2026 se emitieron en Europa 242.000 millones de dólares en bonos vinculados a objetivos verdes, según datos de Climate Bonds Initiative. Si se mantiene este ritmo, la emisión mundial podría superar el récord de 673.000 millones de dólares alcanzado en 2024, año en el que Europa aportó 385.000 millones. El peso europeo dentro del mercado de los bonos verdes está aumentando: después de representar aproximadamente el 55 % de las emisiones mundiales en 2025, Europa podría concentrar en 2026 cerca de dos tercios de toda la nueva deuda verde.

Los bonos verdes son instrumentos de deuda emitidos por empresas o administraciones públicas para obtener financiación destinada a proyectos con objetivos ambientales. Pueden utilizarse, por ejemplo, para financiar energías renovables, infraestructuras energéticas o iniciativas relacionadas con la transición hacia una economía baja en carbono.

Durante la última década, este mercado se ha desarrollado especialmente en Europa, donde tanto emisores como gestores de activos han mostrado mayor disposición a incorporar criterios ESG a sus estrategias financieras. El artículo de FT destaca que la evolución europea contrasta claramente con la estadounidense. En Estados Unidos, las emisiones de bonos verdes alcanzaron su máximo en 2021, con 94.000 millones de dólares, pero posteriormente han ido descendiendo. En 2025 se captaron unos 77.000 millones y, durante el primer semestre de 2026, solamente se habían emitido 34.000 millones, por lo que se espera una nueva caída al cierre del ejercicio.

Una explicación fundamental de esta divergencia es el contexto político estadounidense. La administración de Donald Trump ha adoptado una posición favorable a los combustibles fósiles y contraria a numerosas iniciativas ambientales impulsadas durante la presidencia de Joe Biden. Esta situación ha provocado que algunas empresas estadounidenses sean mucho más prudentes a la hora de presentar públicamente sus actividades como sostenibles.

Larissa de Barros Fritz, estratega de renta fija de ABN Amro, define esta situación mediante el concepto de “greenhushing”. A diferencia del greenwashing, donde una organización exagera sus credenciales ambientales, el greenhushing consiste en minimizar o evitar deliberadamente la comunicación pública de iniciativas sostenibles. Algunas compañías estadounidenses continúan desarrollando proyectos relacionados con ESG o con la transición energética, pero prefieren no utilizar explícitamente estas etiquetas por temor a las repercusiones políticas.

Europa de desarrolla en una dinámica distinta. Aunque durante 2025 también se produjo cierto retroceso en las agendas ESG y existía la posibilidad de que el rechazo estadounidense se extendiera al mercado europeo, el impacto fue considerablemente menor. Además, parte de la ralentización europea del año pasado respondió a razones regulatorias: algunos emisores esperaron a conocer con mayor claridad las nuevas normas voluntarias y más exigentes de la Unión Europea para los bonos verdes, así como las nuevas orientaciones de la International Capital Market Association. Una vez reducida esa incertidumbre, la emisión ha vuelto a acelerarse rápidamente.

Otro elemento central del resurgimiento es la seguridad energética. El conflicto entre Estados Unidos e Irán y el consiguiente impacto sobre los mercados energéticos han renovado el interés europeo por garantizar fuentes de energía más seguras y resilientes. Esto ha beneficiado especialmente a las empresas de servicios públicos (utilities), que se encuentran entre los emisores más activos de bonos verdes en 2026.

En definitiva, el mercado mundial de bonos verdes está cada vez más marcado por una divergencia geográfica y política. Mientras Estados Unidos reduce sus emisiones y evita en ciertos casos la etiqueta ESG, Europa consolida su liderazgo. La combinación de mayor claridad regulatoria, necesidades de inversión energética y renovada preocupación por la seguridad del suministro está devolviendo protagonismo a la transición verde y convirtiendo los bonos verdes en una herramienta cada vez más importante para financiarla.

El potencial de los bonos verdes

Los bonos verdes pueden desempeñar un papel importante en la construcción de una economía sostenible porque conectan dos necesidades complementarias: por un lado, existe una enorme demanda de capital para transformar los sistemas energéticos, industriales y de transporte; por otro, los inversores buscan activos capaces de ofrecer rentabilidad financiera y, simultáneamente, financiar objetivos ambientales. Los bonos verdes crean un puente entre ambas partes.

El caso europeo muestra además que la política energética y la política climática pueden reforzarse mutuamente. La inversión en energías renovables, redes eléctricas y otras infraestructuras bajas en carbono no solo contribuye a reducir emisiones, sino que puede disminuir la dependencia de combustibles fósiles importados.

La seguridad energética puede convertirse en un nuevo motor económico de la transición ecológica.

Sin embargo, un volumen récord de bonos verdes no implica automáticamente un impacto ambiental equivalente. Su verdadero valor depende de qué proyectos financian, de la transparencia sobre el uso de los fondos y de la existencia de criterios suficientemente rigurosos para determinar qué puede considerarse “verde”. Un mercado con estándares débiles corre el riesgo de favorecer el greenwashing y de financiar proyectos que habrían recibido capital igualmente, sin generar beneficios ambientales adicionales.

Por ello, las normas más exigentes desarrolladas en Europa pueden parecer inicialmente un obstáculo —como demuestra la espera de algunos emisores en 2025—, pero también pueden fortalecer el mercado a largo plazo. Cuanto mayor sea la confianza de los inversores en que un bono verde produce resultados ambientales verificables, mayor será su capacidad para movilizar capital a gran escala.

El potencial de estos instrumentos, por tanto, no reside simplemente en alcanzar cifras récord de emisión. Su importancia está en orientar sistemáticamente enormes cantidades de capital hacia inversiones compatibles con una economía descarbonizada, competitiva y energéticamente más independiente. Si ese crecimiento viene acompañado de estándares sólidos, transparencia y medición real del impacto, los bonos verdes pueden pasar de ser un producto financiero especializado a convertirse en una pieza fundamental de la infraestructura financiera de la transición sostenible.

Artículo completo del FT: European green bonds rebound to take share from ‘greenhushed’ US

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