Tradicionalmente la economía verde -o green economy- ha sido percibida como una agenda fundamentalmente ambiental para reducir emisiones, impulsar las energías renovables, reciclar más o mejorar la eficiencia energética. La transición ecológica y económica impulsada por la crisis climática, el nuevo contexto geopolítico y la necesidad de apostar por la autonomía estratégica y el desarrollo de nuevas tecnologías convierten la sostenibilidad en una de las grandes oportunidades para la innovación, la inversión y la creación de nuevos negocios y mercados. Una realidad que constituye una gran oportunidad para territorios y ciudades que apuesten por ecosistemas de innovación, tecnología y talento.
Además de la oportunidad de ganar en competitividad, la economía verde no consiste solamente en reducir impactos medioambientales. Su responsabilidad desborda el ámbito económico y es una palanca indispensable para reconstruir la maltrecha idea de progreso. La economía verde, y especialmente la transición justa, son parte de la solución de algunos de los principales retos sociales a los que nos enfrentamos en nuestras sociedades modernas.
Esta transformación, además, representa una gran oportunidad para hacer surgir infinidad de nuevas empresas, oportunidades y empleos de calidad, además de atraer inversión. Para ello, necesitamos un relato y una gobernanza más sofisticada y ágil. Necesitamos reforzar con creatividad y audacia el potencial de la colaboración público-social-privada.
¿Y qué tipo de actividades pueden desplegarse? A modo de ejemplo podríamos hacer un decálogo a modo de cartografía de las nuevas oportunidades:
WaterTech: Generar iniciativas vinculadas a las tecnologías del agua que aborden el estrés hídrico, la modernización de la agricultura y la industria, o la eficiencia y adaptación climática de las ciudades densas y mediterráneas. Soluciones como la detección inteligente de fugas, el desarrollo de digital twins, la predicción de demanda y la monitorización de calidad, la reutilización y regeneración de las aguas grises o la optimización industrial mediante IA.
Climate Adaptation Tech y Climate Risk Intelligence. Si bien gran parte del climate tech actual se ha concentrado en soluciones de mitigación como reducir CO₂, la próxima gran necesidad es la adaptación. Necesitamos startups y empresas especializadas en predecir riesgos de inundación, gestionar las olas de calor, diseñar nuevos refugios climáticos, anticipar incendios, modelizar riesgos inmobiliarios, medir la vulnerabilidad territorial o determinar el riesgo climático de activos como las grandes infraestructuras. Soluciones exportables y escalables a centenares de ciudades mediterráneas y del mundo.
Edificios eficientes e inteligentes. La rehabilitación constituye una de las grandes oportunidades y necesidades de nuestra era. Aproximadamente el 70% del parque inmobiliario actual no está adaptado a la nueva era climática. Combatir la crisis de la vivienda no consiste solamente en construir edificios sostenibles nuevos. Hay que rehabilitar y transformar los ya existentes mediante métodos de diagnóstico, actuación y financiación energético automático. Una especie de “one-stop-shop digital de rehabilitación” que reduzca la burocracia y los tiempos para ejecutar las obras y actuaciones que son imprescindibles.
CircularTech: apostar por estar en el centro del mercado de las materias primas secundarias. En la nueva geopolítica del mundo, los residuos empiezan a convertirse en recursos estratégicos y se abren interesantes oportrunidades en los mercados B2B de recuperación de metales críticos y materiales industriales. Para ello necesitaremos nuevas empresas industriales y startups especializadas en la trazabilidad de materiales con pasaportes digitales y el uso de la IA para clasificar residuos. Un verdadera economía sostenible y circular en la que Barcelona y Cataluña podrían destacar.
Economía azul y Blue Tech Port: ciudad, Mediterráneo, Puerto, universidades, logística, turismo y tecnología. Las ciudades mediterráneas pueden obtener una ventaja competitiva única y singular en sectores como la descarbonización marítima, los combustibles alternativos, la optimización energética o la robótica submarina.
Energía distribuida. El futuro energético estará caracterizado por ser un sector distribuido, digital y renovable. Un sector en el que hay innumerables oportunidades en el desarrollo de la la capa inteligente. Por ejemplo software para comunidades energéticas, soluciones de optimización mediante IA, almacenamiento y gestión de baterías, peer-to-peer energy, o sistemas capaces de decidir automáticamente cuándo consumir, almacenar o vender electricidad.
ForestTech y bioeconomía. En los últimos años ha emergido un enorme problema de gestión forestal y de prevención de incendios. La tecnología puede y debe jugar un papel fundamental con la implantación de drones forestales, sensores, IA aplicada a la prevención y gestión de incendios, gestión digital de masas forestales, valorización de biomasa y biomateriales o sistemas de certificación.
FoodTech sostenible: La combinación de gastronomía, industria alimentaria e investigación tiene ante sí un mercado internacional extraordinario. Aquellas empresas y startup que se orienten a soluciones orientados a problemas concretos como la reducción del desperdicio, las proteínas alternativas, la agricultura de precisión, la optimización hídrica, los envases circulares, la trazabilidad o la valorización de subproductos tienen un recorrido extraordinario por delante.
Climate Intelligence: las empresas acumulan cada vez más enormes cantidades de información en materia ESG, climática, energética, territorial o regulatoria, pero tienen dificultades para convertirla en decisiones estratégicas. Necesitamos empresas y soluciones que gestionen de forma eficiente e inteligente datos, riesgos climáticos, regulación, geopolítica, reputación y prospectiva de posibles escenarios. No se trata de tener más software para elaborar informes, sino herramientas de inteligencia para CEOs, consejos de administración, inversores y administraciones públicas.
Turismo sostenible y regenerativo. En los últimos años hemos visto emerger soluciones TravelTech. Su orientación es eminentemente comercial y de gestión de hoteles o destinos. Sin embargo, hay otros muchas oportunidades en terrenos como la medición de la vulnerabilidad territorial, la gestión de flujos, la huella hídrica, la movilidad, la capacidad de carga social y medioambiental o sistemas de prevención que distribuyan visitantes espacial y temporalmente.
En definitiva, la nueva economía verde no debería pensar únicamente en crear startups sostenibles como empresas que hacen algo bueno para el planeta, sino comprometernos a reconstruir la idea de progreso mediante nuevas soluciones y la construcción de nuevas coherencias. La green economy no es un nicho del mercado, es probablemente el gran mercado que viene a pesar de las trabas y los palos en las ruedas de los retardistas y los ingenieros del caos.

