viernes, enero 16, 2026
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Ciudades que se hunden: el desafío urbano de los deltas fluviales

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Un estudio científico reciente advierte de que la mayoría de las grandes ciudades situadas en deltas fluviales se están hundiendo a un ritmo superior al de la subida del nivel del mar. Una realidad que incrementa de forma drástica su vulnerabilidad frente a inundaciones, salinización y pérdida de suelo habitable con un riesgo creciente para millones de habitantes urbanos, infraestructuras críticas y para las economías metropolitanas que requiere repensar la planificación urbana, la gobernanza del agua y las estrategias de adaptación climática en las ciudades.

Las ciudades han sido históricamente atraídas por los deltas de los grandes ríos. Acceso al agua, suelos fértiles, conectividad marítima y oportunidades comerciales han convertido estos territorios en motores urbanos y económicos. Sin embargo, un reciente estudio científico publicado en Nature revela una realidad inquietante: muchas de estas ciudades se están hundiendo, y lo hacen a un ritmo que supera la subida global del nivel del mar.

Este fenómeno, conocido como subsidencia, no es nuevo, pero lo novedoso es su aceleración y escala urbana que genera una situación de riesgo creciente. El fenómeno no responde únicamente al cambio climático, sino sobre todo a decisiones urbanas y de gestión del territorio: extracción intensiva de agua subterránea, expansión urbana sobre suelos inestables y alteración del flujo natural de sedimentos por infraestructuras río arriba.

Deltas urbanos: éxito histórico, fragilidad estructural

Alrededor de 500 millones de personas viven en regiones deltaicas, muchas de ellas en grandes áreas metropolitanas. Estas ciudades concentran puertos, redes logísticas, industrias, agricultura intensiva y centros financieros. Pero su éxito urbano se ha construido sobre terrenos jóvenes, blandos y dinámicos, cuya estabilidad depende de un delicado equilibrio entre agua, sedimentos y actividad humana.

El estudio analizó 40 grandes deltas del mundo mediante datos satelitales de alta resolución y concluyó que cerca del 60 % se están hundiendo de forma significativa. En términos urbanos, esto significa que barrios enteros pierden elevación año tras año, incluso en ausencia de tormentas extremas.

el hundimiento no es solo un fenómeno natural, sino en gran medida consecuencia del desarrollo urbano

La extracción masiva de agua subterránea para abastecer a poblaciones en crecimiento provoca la compactación del suelo. En ciudades densas, esta práctica ha sido durante décadas una solución barata y rápida frente a la demanda hídrica, pero sus efectos acumulativos son devastadores. A medida que el acuífero se vacía, el terreno colapsa lentamente.

A esto se suma el peso físico de la ciudad. Rascacielos, carreteras, puertos y zonas industriales se construyen sobre suelos poco consolidados, acelerando la subsidencia. La expansión urbana, especialmente en zonas periféricas del delta, suele implicar drenaje de humedales y rellenos artificiales, lo que elimina los mecanismos naturales de absorción y amortiguación.

El cambio climático añade una capa adicional de complejidad. La subida del nivel del mar es un fenómeno ampliamente conocido, pero el estudio subraya que, para muchas ciudades deltaicas, el problema más inmediato es que el suelo baja más rápido de lo que el mar sube y multiplica los riesgos urbanos:

  • Inundaciones crónicas, incluso sin eventos extremos.
  • Intrusión salina en redes de agua potable y alcantarillado.
  • Daños estructurales en edificios y transporte público.
  • Pérdida de valor inmobiliario y aumento de la desigualdad urbana, ya que los barrios más vulnerables suelen ser los más afectados.

En muchas ciudades, la respuesta ha sido construir diques, muros y sistemas de bombeo. Sin embargo, estas soluciones de ingeniería, aunque necesarias, no abordan las causas estructurales del problema y pueden generar una falsa sensación de seguridad.

Otro aspecto clave es la alteración del flujo de sedimentos. Las presas construidas río arriba, fundamentales para la energía y el riego, retienen los sedimentos que históricamente alimentaban los deltas. Sin ese aporte natural, las ciudades pierden su capacidad de regenerarse frente al hundimiento.

Desde una perspectiva urbana, esto plantea un dilema: las decisiones energéticas y agrícolas tomadas a cientos de kilómetros impactan directamente en la seguridad de ciudades costeras. La gestión urbana ya no puede pensarse de forma aislada, sino como parte de sistemas territoriales complejos e interdependientes.

Gobernanza urbana y adaptación: un cambio de paradigma

El estudio plantea una pregunta incómoda: ¿están las ciudades preparadas para gestionar un riesgo que es lento, invisible y acumulativo?. La respuesta, en muchos casos, es no. La adaptación urbana requiere nuevos enfoques de gobernanza:

  • Regulación estricta del uso de acuíferos y transición a fuentes alternativas.
  • Integración de datos geológicos y climáticos en la planificación urbana.
  • Recuperación de humedales urbanos como infraestructuras verdes.
  • Revisión de planes de crecimiento en zonas de alto riesgo.

Estas medidas exigen coordinación entre niveles de gobierno, inversión a largo plazo y, sobre todo, voluntad política para priorizar la resiliencia frente al crecimiento inmediato.

Ciudades que aún pueden decidir su futuro

No todos los escenarios son inevitables. El estudio subraya que gran parte del hundimiento inducido por la actividad humana es reversible o, al menos, mitigable. Las ciudades que actúen ahora pueden reducir riesgos, proteger a su población y redefinir su relación con el territorio.

En última instancia, el hundimiento de los deltas es una advertencia clara: las ciudades no pueden seguir creciendo como si el suelo bajo sus pies fuera estable e infinito. La crisis de los deltas no es solo ambiental, es profundamente urbana, y su resolución será uno de los grandes retos de la planificación de ciudades en el siglo XXI.

Acceso al estudio: Global subsidence of river deltas

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Los retos ESG para las empresas en 2026: integración estratégica, datos y confianza.

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A pesar de la ofensiva iliberal contra la sostenibilidad, los principales directivos de las empresas reconocen que los pilares de la ESG son elementos centrales de la gestión empresarial competitiva. Integración estratégica, datos fiables, cultura corporativa y transparencia son las claves que determinarán qué organizaciones no solo sobreviven, sino prosperan en un entorno económico, social y ambiental más exigente.

Los nuevos cambios geopolíticos del mundo abren una nueva fase en la gestión empresarial. El año 2026 plantea desafíos importantes para la ESG que van más allá del cumplimiento normativo. Lejos de reducirse a una práctica aislada de reporte o una etiqueta de marketing, los criterios ESG se han convertido en una parte estructural del tejido estratégico de las organizaciones. Lo que antes era percibido como una exigencia externa o una responsabilidad ética incipiente ahora está redefiniendo cómo las empresas compiten, innovan y generan confianza en sus diferentes públicos de interés.

1-De la visión voluntaria a la integración estratégica

El primer gran reto para 2026 consiste en trascender la ESG como etiqueta para internalizarla como parte del modelo de negocio. La sostenibilidad ya no puede considerarse una iniciativa voluntaria o secundaria: su gestión coherente influye directamente en la competitividad, la resiliencia y la accesibilidad al capital.

Esto implica mover los criterios ESG desde departamentos aislados hacia los núcleos de decisión estratégica. Más que metas de impacto aisladas, hoy las organizaciones deben articular sus objetivos ESG con crecimiento, rentabilidad y eficiencia operativa. Esta integración profunda exige un replanteamiento de la gobernanza, donde el análisis de riesgos ambientales y sociales se entrelaza con la gestión financiera y de mercado.

2-Transparencia y credibilidad: la exigencia de datos sólidos

Uno de los retos más palpables de 2026 es la gestión y reporte de datos ESG con calidad, trazabilidad y verificabilidad. La era de las memorias superficiales basadas en estimaciones poco precisas está quedando atrás. Los stakeholders —ya sean inversores, clientes, empleados o reguladores— demandan datos sólidos y auditables que permitan comparar, evaluar y confiar en las afirmaciones de sostenibilidad.

Eso ha intensificado la adopción de tecnologías como la inteligencia artificial y blockchain para la recolección y validación de datos. Estas herramientas permiten no solo automatizar procesos de reporte, sino también integrar la sostenibilidad en sistemas de gestión internos y en la planificación estratégica. Sin embargo, hay que garantizar la calidad de los datos, la gobernanza de los algoritmos y el equilibrio entre automatización y supervisión humana.

3-Gestión de la cadena de suministro: la responsabilidad ampliada

Un reto complementario a la transparencia interna es garantizar la coherencia de la gestión de la cadena de suministro sostenible. Cada vez es más claro que no basta con registrar impactos directos; la huella ambiental y social de un negocio se extiende por toda su red de proveedores, distribuidores y colaboradores.

Para cumplir con estándares ESG coherentes, las empresas deben implicar a sus proveedores en programas de mejora continua, exigir reportes confiables y establecer métricas comunes que permitan medir y gestionar emisiones de alcance, derechos laborales y prácticas ambientales. Esta labor exige recursos, formación y asociaciones estratégicas, convirtiéndose en un reto organizacional de largo alcance.

4-Cultura corporativa y compromiso interno

Más allá de sistemas y procesos, el reto ESG de 2026 se juega en la cultura corporativa. La sostenibilidad y la gobernanza responsable solo pueden madurar si van acompañadas de un compromiso genuino de las personas dentro de la organización. Esto significa que las empresas deben invertir en formación continua, comunicación interna y mecanismos que permitan a las personas colaboradoras ser partícipes del cambio. No es suficiente contar con políticas bien redactadas en un documento; la diferencia está en cómo estas se traducen en prácticas cotidianas, en decisiones de liderazgo y en comportamientos de los equipos.

5-Gestión de riesgos climáticos y sociales

Las empresas están aprendiendo que los riesgos ambientales y sociales no son externos al negocio, sino que tienen impacto directo en su desempeño financiero. La evaluación de riesgos climáticos, por ejemplo, está dejando de ser un mero requisito de reporte para convertirse en parte del análisis de riesgos financieros y operativos. Eso exige nuevas capacidades internas: entender el impacto de eventos climáticos extremos sobre la cadena de valor, cuantificar la exposición financiera ante transiciones regulatorias o tecnológicas, y articular estrategias que mitiguen estos riesgos sin perder competitividad. Este enfoque integrado requiere a menudo repensar la estructura de gestión de riesgos tradicional.

6-Transparencia y combate al greenwashing

En un entorno donde la información circula con rapidez y los consumidores son cada vez más críticos, la transparencia real se ha convertido en un activo estratégico. Exagerar o maquillar resultados de sostenibilidad ya no funciona: se detecta, se penaliza y puede dañar la reputación corporativa. Esto obliga a las organizaciones a comunicarse con honestidad, compartir tanto avances como desafíos y asumir una postura que reconozca que la sostenibilidad es un camino en construcción. La transparencia, en este sentido, no es solo una práctica de reporte sino una herramienta de construcción de confianza y legitimidad.

7-Innovación y resiliencia frente a la transición energética

Finalmente, la transición energética y los esfuerzos por reducir impactos ambientales directos generarán presiones operativas y estratégicas. Empresas de todos los sectores tendrán que adaptarse a un contexto energético cambiante, integrando energías renovables, aumentando la eficiencia y reconsiderando su huella de carbono en cada etapa de producción y distribución. Este proceso no solo es técnico, sino también estratégico. Requiere inversiones, alianzas tecnológicas y una planificación que contemple escenarios futuros inciertos. Las organizaciones que lo logren no solo reducirán riesgos, sino que también podrán abrir nuevas oportunidades de mercado y posicionarse como líderes en la transición sostenible.

Puedes utilizar estos sieta elementos como check list de tu organización y valorar los retos que tienes por delante.

World Culture Report y el nuevo papel de la cultura en las ciudades

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En un momento histórico marcado por la incertidumbre económica, la crisis climática, la transformación tecnológica y los cambios geopolíticos, las ciudades se han convertido en el principal laboratorio de respuestas a los grandes desafíos globales. Y en ese contexto, la cultura deja de ser un complemento simbólico para consolidarse como infraestructura esencial del desarrollo urbano. La 5ª Edición del World Cities Culture Forum reúne datos y casos de 45 ciudades globales y más de 260 millones de habitantes sobre cultura urbana a nivel mundial.

El valor del World Culture Report no reside en la amplitud de los datos recopilados, sino en su capacidad para demostrar, con evidencia empírica y casos reales cómo la cultura es un motor estratégico de resiliencia, cohesión social, innovación económica e identidad urbana.

Lejos de concebir la cultura como un gasto prescindible en tiempos de austeridad, el informe demuestra que invertir en cultura genera retornos sociales, económicos y urbanos. Desde programas culturales en barrios vulnerables hasta grandes estrategias metropolitanas, la cultura actúa como un lenguaje común capaz de recomponer el tejido social y generar sentido de pertenencia en contextos de fragmentación.

Las ciudades que sitúan la cultura en el centro de sus políticas están mejor preparadas para afrontar crisis complejas. Tras el impacto de la pandemia de la COVID, muchas urbes utilizaron la cultura como herramienta para reconstruir la vida comunitaria, reactivar economías locales y reforzar la salud mental y emocional de la ciudadanía. Además, el reporte subraya el papel de la cultura en la adaptación a la transformación tecnológica, ayudando a las ciudades a explorar nuevas formas de creación, producción y participación cultural, al tiempo que se abordan cuestiones clave como la brecha digital y el acceso equitativo a los recursos culturales.

Participación cultural: un indicador de vitalidad urbana

Uno de los aspectos más relevantes del informe son los datos de la participación cultural recogidos, que son especialmente reveladores. A pesar de los desafíos recientes y las restricciones presupuestarias, la cultura sigue siendo una práctica viva y en crecimiento en las ciudades analizadas:

  • El 40 % de la población visitó un museo
  • El 35 % asistió a conciertos
  • El 46 % participó en otras formas de artes en vivo

Estas cifras confirman que la cultura continúa siendo una de las principales formas de interacción social en el espacio urbano. Más allá del consumo cultural tradicional, el informe destaca un aumento de prácticas híbridas, comunitarias y participativas, que refuerzan el papel de la cultura como espacio de encuentro y diálogo.

La participación cultural se convierte en un indicador de salud urbana,vinculado a la calidad de vida, la inclusión social y la capacidad de generar experiencias compartidas.

Proteger los espacios creativos en un mercado inmobiliario tensionado

Uno de los grandes retos que enfrentan las ciudades globales es el aumento de los precios del suelo y la expulsión progresiva de artistas y creativos de los centros urbanos. El World Culture Report aborda este problema con un dato contundente: el 94 % de las ciudades analizadas están implementando políticas para proteger y asegurar espacios creativos.

Estas políticas incluyen desde la regulación del uso del suelo y la cesión de espacios públicos hasta incentivos fiscales y modelos de propiedad colectiva. El mensaje es claro: sin espacios asequibles para la creación, la innovación cultural urbana se ve seriamente amenazada. La protección de los ecosistemas creativos no es solo una cuestión sectorial, sino una decisión estratégica que afecta a la diversidad cultural, la economía local y la capacidad de las ciudades para atraer talento y generar innovación.

Cultura, economía y turismo: una relación estructural

El informe desmonta definitivamente la idea de que la cultura es un lujo desvinculado de la economía real. La economía cultural representa una parte sustancial del turismo global y está integrada de forma explícita en las estrategias económicas urbanas de la mayoría de las ciudades analizadas.

Museos, festivales, patrimonio, música, gastronomía y creatividad contemporánea no solo atraen visitantes, sino que generan empleo, dinamizan barrios y refuerzan la marca urbana. Sin embargo, el reporte también advierte de la necesidad de avanzar hacia modelos de turismo cultural más sostenibles, que eviten la sobreexplotación de los centros urbanos y distribuyan mejor los beneficios. El informe pone además especial énfasis en áreas emergentes donde la cultura está ampliando su impacto:

  • Economía nocturna: el 97 % de las ciudades cuentan con políticas específicas para gestionar y potenciar la actividad cultural nocturna, reconociendo su impacto económico, social y creativo.
  • Cultura y clima: el 88 % integra la cultura en sus estrategias de acción climática, utilizando las artes y la creatividad como herramientas de sensibilización, adaptación y cambio de comportamiento.
  • Educación artística y juventud: la formación cultural y la participación juvenil se consolidan como prioridades estratégicas para garantizar la sostenibilidad a largo plazo de los ecosistemas culturales urbanos.

Estas áreas reflejan una visión ampliada de la política cultural, que va más allá de la programación artística para incidir en cuestiones estructurales del desarrollo urbano.

Datos para decidir: nuevas herramientas para la política cultural

Uno de los grandes avances de esta edición es la incorporación de herramientas analíticas innovadoras, como el Data Explorer interactivo y el nuevo CREATIVE Data Framework. Estos instrumentos permiten a gestores culturales, urbanistas y responsables políticos medir, comparar y planificar políticas culturales con mayor rigor y evidencia. En un contexto donde la toma de decisiones basada en datos es cada vez más necesaria, estas herramientas suponen un salto cualitativo para profesionalizar la gestión cultural urbana y reforzar su legitimidad dentro de las agendas públicas.

Más allá de los datos, el informe destaca por la riqueza de sus casos de estudio, que muestran cómo distintas ciudades están utilizando la cultura para transformar entornos urbanos, promover la justicia social, fortalecer comunidades y abrir espacios de innovación. Estos ejemplos demuestran que no existe un único modelo, sino múltiples formas de integrar la cultura en las políticas urbanas, adaptadas a contextos sociales, económicos y culturales diversos.

En definitiva, la principal conclusión de la 5ª edición del World Cities Culture Forum es claro y contundente: las ciudades más vibrantes, resilientes y sostenibles son aquellas que entienden la cultura como infraestructura esencial. En un mundo atravesado por la incertidumbre, la cultura ofrece algo que pocas políticas pueden garantizar por sí solas: sentido, cohesión, identidad y capacidad de imaginar futuros compartidos.

Este informe no es solo una recopilación de datos, sino una invitación clara a repensar nuestras prioridades urbanas. Invertir en cultura no es una opción estética ni ideológica; es una decisión estratégica de desarrollo sostenible, capaz de transformar ciudades y mejorar la vida de quienes las habitan.

Acceso al informe completo: World Cities Culture Forum

La batalla por el talento: cómo la reputación de las empresas redefine la elección laboral.

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En un contexto laboral cada vez más competitivo y exigente, la reputación corporativa se ha convertido en un factor clave para la atracción de talento, aunque su papel está transformándose. Según la nueva consulta de Employer Branding elaborada por InfoJobs, más de dos de cada tres profesionales (alrededor del 70%) afirman informarse sobre la reputación de una empresa antes de postularse a una oferta o acudir a una entrevista de trabajo, frente a un 30% que reconoce no hacerlo.

La batalla por el talento en España no se libra únicamente con salarios competitivos o beneficios laborales atractivos, sino también con una reputación empresarial sólida, coherente y creíble. Aunque la importancia de esta reputación sigue siendo alta, su significado ha cambiado: ya no basta con proclamar valores corporativos aspiracionales, los profesionales evalúan la reputación desde una perspectiva pragmática, basada en la experiencia real y la transparencia. Las empresas que sepan adaptarse a estas nuevas expectativas estarán mejor posicionadas para atraer y retener talento en un mercado cada vez más exigente.

Un mercado donde el talento manda

La configuración del mercado laboral en España está marcada por la dificultad continua de atraer y fidelizar talento en entornos caracterizados por la competencia entre empresas y la escasez de profesionales en algunas áreas. El reto, ya no es únicamente cubrir puestos vacantes, sino hacerlo con empleados que no solo cumplan con los requisitos técnicos, sino que también encajen cultural y reputacionalmente con la organización. En este nuevo escenario, los candidatos analizan con mayor detenimiento aspectos que antes se pasaban por alto, como la coherencia entre lo que la empresa comunica públicamente y la realidad interna de la organización.

Este comportamiento refleja dos grandes cambios: por un lado, el incremento en la exigencia de los profesionales; por otro, una mirada más crítica frente a las narrativas corporativas tradicionales, que a menudo abruman con mensajes aspiracionales que no siempre se corresponden con la experiencia real de los empleados. La sobreexposición a mensajes corporativos y la multiplicación de fuentes de información han propiciado este escepticismo, a pesar de que, según el Edelman Trust Barometer 2025, las empresas siguen siendo las instituciones en las que se deposita mayor confianza social, aunque con credibilidad en descenso.

¿Qué entienden los candidatos por reputación?

La reputación empresarial, entendida como la percepción global que los distintos grupos de interés —clientes, empleados, sociedad— tienen sobre la empresa, combina múltiples factores como la ética, la transparencia, la calidad del ambiente laboral y la coherencia entre discurso y práctica real. La reputación no solo impacta en la elector laboral, sino que también puede traducirse en ventaja competitiva para las compañías que la gestionan adecuadamente.

El 74% de las personas CANDIDATAS con estudios superiores consulta la reputación de la empresa, frente al 59% de quienes no tienen estudios,

Sin embargo, los datos muestran que la reputación ya no se interpreta de manera automática como un filtro previo en la búsqueda de empleo, sino que se evalúa de forma más contextual y pragmática. Esto significa que, aunque sigue siendo relevante, su peso relativo varía según el perfil del candidato y sus prioridades profesionales. Un ejemplo de ello es la diferencia por nivel educativo: el 74% de las personas con estudios superiores consulta la reputación de la empresa, frente al 59% de quienes no tienen estudios, lo que sugiere que los perfiles más cualificados valoran más este criterio en su proceso de decisión laboral.

Canales y fuentes de información: de lo formal a lo informal

Otro aspecto clave del informe es la identificación de los principales canales a través de los cuales los profesionales se informan sobre la reputación de una empresa:

  • La web corporativa aparece como la principal fuente para el 54% de los encuestados, seguida de las plataformas de empleo (51%), con InfoJobs consolidándose como la plataforma de referencia para este tipo de consulta para un 79% de los usuarios que buscan información reputacional.
  • Entre las redes sociales, LinkedIn encabeza el uso con un 62%, seguida de Instagram (52%) y Facebook (43%), aunque todas ellas han perdido peso respecto a años anteriores, lo que evidencia una menor confianza en las redes como fuente reputacional fiable.
  • Y aunque los foros de opinión, blogs y noticias de prensa ocupan un lugar secundario, las opiniones de personas del entorno cercano —familiares, amigos o conocidos— se consolidan como el elemento más valorado (83%), junto con las opiniones de trabajadores y extrabajadores (76%). Estas voces independientes cobran relevancia precisamente por percibirse como más honestas y menos sesgadas por intereses corporativos.

Qué buscan los candidatos hoy

El estudio también arroja luz sobre los atributos que actualmente resultan más atractivos para los profesionales al evaluar una empresa. Más allá de los valores y discursos corporativos abstractos, los aspectos más valorados están directamente vinculados con la experiencia laboral real:

  • Un ambiente de trabajo positivo (44%)
  • Estabilidad y seguridad laboral (39%)
  • Transparencia en las condiciones laborales (37%)
  • Flexibilidad (36%)

Estos elementos superan en importancia a valores más tradicionales como la igualdad de género o la diversidad, que, aunque siguen siendo relevantes, han perdido peso frente a las prioridades centradas en la experiencia diaria y la calidad de vida laboral.

Diferencias generacionales y territoriales

La influencia de la reputación no es homogénea en toda la población activa. Las personas con mayor trayectoria profesional tienden a valorar más la transparencia, la comunicación y las opiniones de empleados. Por el contrario, los perfiles más jóvenes muestran un escepticismo más acentuado frente a compromisos corporativos que no se traducen en acciones palpables.

Asimismo, existen diferencias según comunidades autónomas, con una mayor proporción de personas que consultan la reputación antes de aplicar en regiones como Madrid y Andalucía, frente a otras como Cataluña o el País Vasco, donde este factor tiene menor peso.

En definitva, la batalla por el talento en España no se libra únicamente con salarios competitivos o beneficios laborales atractivos, sino también con una reputación empresarial sólida, coherente y creíble.

Fuente: equiposytalento.com

Clima, desarrollo y economía en el siglo XXI. Nicholas Stern: una nueva historia del crecimiento

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Hace casi dos décadas, Nicholas Stern cambió de forma decisiva la conversación global sobre el cambio climático y la economía. Hasta entonces, predominaba una idea de que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero implicaría necesariamente sacrificar crecimiento económico. La acción climática se concebía como un coste, una carga o una concesión frente a objetivos considerados más urgentes, como el desarrollo o la reducción de la pobreza.

El Informe Stern sobre la Economía del Cambio Climático, publicado en 2006, rompió ese marco mental. Basándose en los mejores datos disponibles sobre ciencia climática disponible y en un análisis económico riguroso, demostró que el cambio climático sin mitigación sería económicamente devastador. Los costes de la inacción —en forma de daños, pérdida de productividad, conflictos, desplazamientos humanos y colapso de ecosistemas— superarían con creces los costes de actuar a tiempo.

La conclusión era simple: invertir en descarbonizar la economía era barato en comparación con no hacerlo.

El mensaje fue en su momento revolucionario. Stern nos enseñó que no existía una disyuntiva real entre acción climática y desarrollo económico. Muy al contrario, el crecimiento solo puede sostenerse si es ambientalmente sostenible. Esta idea, inicialmente controvertida, ha ido ganando terreno con el paso del tiempo, aunque todavía no se ha traducido en la velocidad ni en la escala de acción necesarias.

Desde entonces, el mundo ha avanzado en algunos frentes clave: la fijación de precios al carbono, la inversión en energías limpias, la innovación tecnológica y ciertos mecanismos de cooperación internacional. Sin embargo, las emisiones globales han seguido aumentando y el sistema climático se acerca peligrosamente a puntos de inflexión irreversibles. La crisis climática amenaza con volverse inmanejable en amplias regiones del planeta, y como tantas veces ocurre, quienes menos han contribuido al problema son los menos preparados para afrontarlo.

El margen de maniobra se estrecha. Cada año de retraso reduce las opciones disponibles y eleva los costes futuros. Sin embargo, la creciente ansiedad económica, el aumento del coste de la vida y, más recientemente, los ataques a la ciencia ambiental, dificultan los cambios de política necesarios. Este bloqueo explica por qué resulta tan oportuno el nuevo libro de Stern: “The Growth Storyof the 21st Century: The Economics and Opportunity of Climate Action”, concebido como una suerte de “Revisión Stern 2.0”.

El núcleo del argumento es poderoso y, al mismo tiempo, esperanzador: tenemos al alcance de la mano un modelo de crecimiento mejor, en el que prosperidad económica y protección del planeta se refuerzan mutuamente. En esta nueva historia de crecimiento, la inversión y la innovación dirigidas a afrontar las crisis climática y de biodiversidad no frenan la economía, sino que impulsan la producción, el empleo de calidad y el bienestar.

Los cambios tecnológicos de la última década han hecho posible este giro. En muchas áreas, “lo limpio ahora es más barato que lo sucio”. Las energías renovables, las baterías, los vehículos eléctricos y la eficiencia energética han reducido sus costes de forma drástica. Al igual que muchos países de África y Asia se saltaron la telefonía fija y pasaron directamente a la telefonía móvil, hoy pueden dar el salto a sistemas eléctricos renovables sin pasar por una fase fósil costosa y contaminante.

La transformación climática va mucho más allá del sector energético. Nuevas técnicas permiten producir cemento y hormigón más duraderos y con menor intensidad de carbono. La inteligencia artificial promete mejorar la productividad agrícola, optimizar el uso de insumos y reforzar la resiliencia de pequeños agricultores frente al cambio climático. Todo ello dibuja una economía más eficiente en el uso de recursos, más saludable y con menos externalidades negativas.

Sin embargo, el potencial de la economía del clima dista mucho de haberse materializado y hay oportunidades por explotar. África, por ejemplo, concentra más de la mitad de los mejores recursos solares del planeta, pero recibe apenas el 2 % de la inversión solar mundial. La excesiva aversión al riesgo, los altos costes de capital y las debilidades del sistema financiero internacional bloquean inversiones que serían beneficiosas tanto para la economía como para el medio ambiente.

Resulta difícil justificar que sigamos destinando cerca de 2 billones de dólares anuales a subsidios a los combustibles fósiles

Aquí reside uno de los grandes desafíos —y oportunidades— de nuestra época: movilizar billones de dólares de inversión privada, especialmente hacia los mercados emergentes y las economías en desarrollo. Para ello se requieren políticas públicas inteligentes, marcos regulatorios creíbles y una inversión pública catalizadora por parte de gobiernos y bancos multilaterales de desarrollo. En un contexto de restricciones fiscales, resulta difícil justificar que sigamos destinando cerca de 2 billones de dólares anuales a subsidios a los combustibles fósiles y otras ayudas ambientalmente dañinas.

La dimensión internacional es inseparable de esta agenda. El comercio y la inversión transfronterizos son esenciales para difundir tecnologías limpias, reducir costes mediante economías de escala y aprovechar las ventajas comparativas ecológicas. Permitir que actividades intensivas en energía se localicen donde la energía renovable es abundante y barata puede beneficiar tanto al crecimiento como al clima.

Si África logra utilizar sus recursos solares, eólicos e hidrógeno verde para añadir valor a los minerales críticos que extrae, se reforzará la resiliencia de las cadenas de suministro globales, se impulsará el desarrollo del continente y se contribuirá a la descarbonización mundial. Este es el tipo de sinergia que la nueva historia de crecimiento hace posible.

A pesar de los retrocesos políticos recientes —incluida la hostilidad de la actual administración estadounidense hacia la acción climática—, la dinámica de fondo sigue avanzando. Muchos actores públicos y privados continúan invirtiendo en energías limpias porque son más competitivas, no por altruismo. Cuando una gran potencia da un paso atrás, otras pueden y deben avanzar.

Estamos ya a una década del Acuerdo de París. Aunque las emisiones siguen aumentando, también se han producido avances notables: alrededor del 80 % de las emisiones globales están cubiertas por objetivos de cero emisiones netas, y los costes de las tecnologías clave continúan cayendo. La revolución de la inteligencia artificial, combinada con la transición baja en carbono, configurará la historia de crecimiento del siglo XXI.

El mensaje final de Stern es claro y consistente con dos décadas de trabajo: el retraso es extremadamente peligroso, pero la acción es posible, deseable y económicamente racional. La alternativa —seguir deambulando hacia un futuro de altas emisiones— no es realista ni pragmática, sino una receta para el desastre.

La acción climática, integrada con la protección de la biodiversidad, no es un obstáculo al desarrollo, sino su condición de posibilidad. Clima, crecimiento y desarrollo no son agendas separadas. Están profundamente entrelazadas. Actuar ahora es la única forma de garantizar un futuro próspero, justo y sostenible para las próximas generaciones.

Acceso al contenido del libro: https://press.lse.ac.uk/books/m/10.31389/lsepress.tgs

Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono: competir con normativas climáticas iguales para todos.

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La Unión Europea ha lanzado una de las medidas climáticas más ambiciosas y también complejhas de los últimos años: el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM, por sus siglas en inglés). Un instrumento pionero busca integrar el coste de las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) en el comercio internacional y garantizar que los objetivos climáticos europeos no se vean socavados por importaciones más contaminantes procedentes de fuera de la UE.

El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono es una tarifa ambiental sobre las importaciones de productos intensivos en carbono, diseñada para nivelar el coste del carbono entre productores europeos y no europeos. El instrumento hace que que ciertos bienes procedentes de países con normativas climáticas menos exigentes deberán paguen un coste adicional que refleje las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a su producción.

El mecanismo fue establecido por el Reglamento (UE) 2023/956 y entró en vigor inicialmente en octubre de 2023 en una fase transitoria que consiste sobre todo en informar sobre las emisiones incorporadas de las importaciones. La implantación completa, con efectos financieros plenos, comenzó el 1 de enero de 2026, en paralelo con la eliminación progresiva de las asignaciones gratuitas de emisiones bajo el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (ETS) de la UE —un sistema de mercado para fijar precio al carbono dentro del bloque.

El propósito principal de este ajuste de carbono en frontera es prevenir la denominada “fuga de carbono”. Este fenómeno ocurre cuando empresas trasladan su producción a países con regulaciones menos estrictas sobre emisiones para reducir costes, lo que a su vez puede aumentar las emisiones globales e incluso poner en desventaja a las industrias europeas sometidas a normas más rígidas. Wikipedia

Al imponer un coste a las importaciones que refleje el precio del carbono que ya pagan los productores europeos, la UE busca:

  • Garantizar una competencia más equitativa entre productos internos y extranjeros.
  • Incentivar la descarbonización global, al obligar a los países exportadores a adoptar tecnologías más limpias o enfrentar costes más altos para acceder al mercado europeo.
  • Reducir las emisiones globales de carbono, alineándose con los compromisos del Acuerdo de París y la estrategia climática de la UE para alcanzar la neutralidad climática en 2050. EUR-Lex

Cómo funciona el mecanismo

El CBAM no es un arancel tradicional fijo, sino un ajuste basado en las emisiones reales de los productos importados. Las empresas importadoras deben:

  1. Registrar sus operaciones y declarar las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a los productos que importan.
  2. Comprar certificados CBAM equivalentes a las emisiones declaradas, cuyo precio se vincula al coste del carbono en el mercado de derechos de emisión de la UE (ETS).
  3. Ajustar el coste si ya se ha pagado por el carbono en el país de origen, para evitar la doble imposición.

Los sectores inicialmente cubiertos incluyen acero, aluminio, cemento, fertilizantes, electricidad e hidrógeno, pero la UE ha abierto la puerta a expandir la lista en el futuro.

Fortalecimiento del CBAM: medidas recientes

La Comisión Europea se han propuesto medidas para cerrar vacíos legales, evitar la elusión y fortalecer la eficacia del CBAM en su aplicación. Estas propuestas responden a comentarios de la industria y buscan mejorar el sistema de trazabilidad, garantizar que se capture el carbono real asociado a los productos y evitar prácticas de contabilidad que distorsionen los resultados.

Entre las propuestas figura, por ejemplo, la incorporación de materiales reciclados (‘scrap’) en los cálculos de emisiones para asegurar que los productos importados y los producidos en la UE se traten de manera equitativa. También se refuerzan los requisitos de reporte para evitar subdeclaraciones.

Impacto y reacciones

El CBAM es, sin duda, una medida revolucionaria cuya implementación ha generado debate internacional y doméstico:

  • A nivel global, socios comerciales importantes como China, India y Brasil han expresado preocupaciones sobre la equidad, la claridad normativa y los posibles efectos proteccionistas disfrazados de política ambiental.
  • Dentro de la UE, sectores como la agricultura han advertido sobre posibles aumentos de costes —por ejemplo, se calcula que los fertilizantes podrían encarecerse significativamente si se aplican plenamente los costes de carbono.
  • Empresas importadoras pequeñas podrían quedar exentas gracias a cambios normativos recientes, como la propuesta de excluir a importadores con volúmenes reducidos para reducir cargas administrativas sin perder cobertura sobre las emisiones más significativas.

CBAM no es un arancel tradicional

A diferencia de los aranceles aduaneros, que gravan productos en función de su valor comercial, el CBAM se basa en el contenido de carbono de cada bien. Esto significa que dos productos idénticos desde el punto de vista físico pueden pagar costes muy distintos si sus procesos de producción tienen diferentes intensidades de emisiones.

Este enfoque hace del CBAM una herramienta más compleja y técnicamente exigente, pero también más alineada con los objetivos climáticos. Refuerza el principio “quien contamina paga”, extendiendo la lógica del mercado de carbono interior de la UE al comercio internacional.

Hacia una transición climática global

El ajuste de carbono en frontera representa una nueva frontera en la política climática y comercial. Más allá de sus implicaciones para el comercio internacional, el CBAM impulsa a países fuera de la UE a fortalecer sus sistemas de fijación de precio al carbono o enfrentar desventajas competitivas en el mayor mercado del mundo.

Para la Unión Europea, el mecanismo no solo protege su industria, sino que contribuye a armonizar los esfuerzos climáticos a escala global, incentivando a otros países a avanzar hacia economías bajas en carbono. Si bien no es la única herramienta —el ETS, la regulación de emisiones y otras políticas ambientales siguen siendo clave—, el CBAM se perfila como un pilar fundamental para alcanzar los ambiciosos objetivos climáticos de la UE en las próximas décadas.

Para saber más:

Preguntas y respuestas

Actos de ejecución y actos delegados (Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono, Fiscalidad y Unión Aduanera)

Informe de revisión del MAFC (Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono, Fiscalidad y Unión Aduanera)

Europa se seca: las reservas ocultas de agua dulce entran en declive

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Amplias zonas de las reservas de agua de Europa se están secando a un ritmo alarmante. Un nuevo análisis basado en más de dos décadas de datos satelitales revela una disminución sostenida del almacenamiento de agua dulce en el sur y el centro del continente, desde España e Italia hasta Polonia y partes del Reino Unido.

El estudio, realizado por científicos del University College London (UCL) en colaboración con Watershed Investigations, pone cifras y evidencia física a una tendencia que ya se percibe en el terreno: Europa se enfrenta a una transformación profunda de su ciclo hidrológico.

El análisis se basa en datos recogidos entre 2002 y 2024 por satélites capaces de medir cambios minúsculos en el campo gravitatorio de la Tierra. Como el agua tiene peso, las variaciones en acuíferos, ríos, lagos, humedad del suelo y glaciares alteran la señal gravitatoria, permitiendo a los científicos “pesar” cuánta agua se almacena en los continentes. El resultado es una imagen integrada del agua terrestre total, tanto visible como oculta bajo el suelo.

Los datos muestran un patrón claro y preocupante. El norte y el noroeste de Europa —especialmente Escandinavia, partes del Reino Unido y Portugal— se están volviendo más húmedos. En cambio, grandes extensiones del sur y del sureste, incluidas zonas de España, Italia, Francia, Suiza, Alemania, Rumanía, Ucrania y también áreas del este de Inglaterra, están perdiendo agua de forma sostenida. Esta divergencia regional no es casual, sino que refleja cambios estructurales en el clima europeo.

“Cuando comparamos los datos de almacenamiento total de agua terrestre con los conjuntos de datos climáticos, las tendencias correlacionan de manera general”, explica Mohammad Shamsudduha, profesor de crisis hídrica y reducción de riesgos en UCL. Para el científico, los resultados son una prueba directa del impacto del cambio climático. “Esto debería ser una llamada de atención para los responsables políticos que todavía dudan de la necesidad de reducir las emisiones. Ya no estamos hablando de limitar el calentamiento a 1,5 ºC; nos encaminamos hacia los 2 ºC por encima de los niveles preindustriales, y ya estamos viendo las consecuencias”.

Uno de los hallazgos más inquietantes es la situación de las aguas subterráneas

Uno de los hallazgos más inquietantes es la situación de las aguas subterráneas. El investigador doctoral Arifin aisló el componente de los acuíferos dentro del almacenamiento total y comprobó que incluso estas reservas, consideradas tradicionalmente más resilientes que las aguas superficiales, siguen la misma tendencia de agotamiento. En otras palabras, no solo se secan ríos y embalses: también se están vaciando los “bancos” invisibles de agua dulce de Europa.

A escala europea, los datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente muestran que la extracción total de agua superficial y subterránea disminuyó entre 2000 y 2022. Sin embargo, las extracciones de aguas subterráneas aumentaron un 6 %, impulsadas sobre todo por el suministro público y la agricultura. En 2022, los acuíferos proporcionaron el 62 % del agua potable y el 33 % del agua utilizada en la agricultura en los estados miembros de la UE, lo que subraya su carácter estratégico.

La Comisión Europea reconoce el desafío. Un portavoz señaló que la nueva estrategia de resiliencia hídrica busca ayudar a los países a adaptarse al cambio climático y a reducir las presiones humanas sobre el recurso. El objetivo es avanzar hacia una “economía inteligente en el uso del agua”, acompañada de una recomendación para mejorar la eficiencia en al menos un 10 % de aquí a 2030. Con pérdidas por fugas que oscilan entre el 8 % y el 57 % según el país, modernizar infraestructuras será clave.

Las soluciones para mitigarlo lo son inmediata. “Prometer grandes infraestructuras que tardarán décadas en entrar en funcionamiento no resolverá el problema ahora. Necesitamos reutilizar el agua, reducir el consumo, separar usos de agua potable y reciclada, apostar por soluciones basadas en la naturaleza y replantear cómo construimos”. Las implicaciones van más allá del suministro urbano. La pérdida de agua tendrá efectos “de gran alcance” sobre la seguridad alimentaria, la agricultura y los ecosistemas dependientes de aguas subterráneas. España, por ejemplo, podría ver mermada su capacidad agrícola, con impactos indirectos en países como el Reino Unido, altamente dependientes de importaciones de frutas y hortalizas europeas.

Durante décadas, estos impactos se asociaban sobre todo al sur global. Hoy, el mensaje del estudio es claro: el cambio climático ya está afectando de lleno a Europa. Aceptarlo y actuar con rapidez, advierten los científicos, será crucial para evitar que la sequía pase de ser una advertencia a una crisis permanente.

Europa frente a los populismos climáticos

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Miguel Lapeña Cregenzán

Asistimos a momentos difíciles frente a cómo afrontar con responsabilidad los retos del cambio climático, a través del impulso del Pacto Verde Europeo y la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Esta situación nos debe hacer reflexionar el porque los populismos de extrema derecha frenan las acciones climáticas y el papel de falta de liderazgo en Europa.

El artículo 45 de la Constitución española, reconoce el medio ambiente como un derecho constitucional, en su punto primero establece: “Todas las personas tienen el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo”, siendo la obligación de los poderes públicos deben velar por la utilización racional de los recursos naturales, proteger y mejorar la calidad de vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la solidaridad colectiva.

Si nos centramos en términos constitucionales, las negociaciones políticas en diferentes Comunidades Autónomas en base a no impulsar medidas basadas en la ciencia para evitar los efectivos negativos del cambio climático y la mejora del medio ambiente son totalmente inconstitucionales, aun así, existen varios gobiernos autonómicos en nuestro país, que, a pesar de ello, siguen gobernando con el apoyo de VOX. No es la mejora forma de defender a los ciudadanos, el presente y el futuro de nuevas generaciones y la defensa del medio ambiente.

Frente a todo ello, necesitamos más Europa, más democracia y un mejor futuro que no contribuya a retroceder en todos los avances conseguidos, la última decisión de la Comisión Europea de alargar los plazos para finalizar con el vehículo de combustión es una mala noticia para el liderazgo climático, porque mientras, otros países como China están avanzando notablemente con el impulso del vehículo eléctrico y por lo tanto, a conseguir los objetivos de descarbonización, esta decisión pone en valor la debilidad de Europa frente a los objetivos del Pacto Verde Europeo.

La Unión Europea debe afrontar un liderazgo decisivo contra el cambio climático, marcado por el avance de discursos populistas que cuestionan las políticas verdes y por decisiones de agenda política que retrasan la transición ecológica, generando una pérdida de peso en el ámbito de la geopolítica mundial.

Afronto este año 2026 reforzando mi Propósito como Embajador Europeo por el Pacto Climático, poniendo el valor el papel de la sostenibilidad y el cuidado del Planeta, a través de diferentes artículos, publicaciones en redes sociales y seguramente si todo va bien, junto con el Embajador Europeo Rosmel Rodríguez, publicaremos nuevos proyectos con la Editorial Video Cinco sobre Sostenibilidad en el ámbito de la productividad, dirigidos a alumnos/as de ciclos de Formación Profesional, todo un orgullo, pero también una gran responsabilidad, porque generamos a través de estas publicaciones a la construcción del talento de calidad.

Desearos lo mejor para un año 2026 más humano, más sostenible y equitativo.

Miguel Luis Lapeña Cregenzán – Embajador Europeo por el Pacto Climático

Estrategias y tácticas de la obstrucción climática: un complejo sistema bien financiado y organizado.

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El informe “Climate Obstruction: A Global Assessment,” coordinado por la Red Global de Ciencias Sociales del Clima (CSSN) de la Universidad de Brown y publicado por Oxford University Press, ofrece un análisis exhaustivo de las fuerzas que bloquean y retrasan las acciones climáticas en todo el mundo. La falta de acción climática no se debe a la ausencia de conocimiento científico ni al desinterés público, sino a un sistema complejo de obstrucción bien financiado y organizado.

El informe es la primera evaluación global sistemática de los mecanismos de “obstrucción climática” definidos como acciones intencionales para frenar o bloquear políticas climáticas alineadas con el consenso científico sobre lo necesario para evitar daños graves al clima. El estudio ha contado con la participación de más de 100 especialistas organizados en 12 equipos y no solo documenta quién obstaculiza la acción climática, sino también cómo lo hace y por qué. Los principales actores de ese entramado serían principalmente cinco grupos económicos con claros intereses económicos:

El lobby obstruccionista climático

Industrias de combustibles fósiles y energía tradicional: incluyendo petróleo, gas, carbón, servicios públicos y transporte, que han financiado campañas y lobbies para proteger sus intereses económicos. EL informe documenta cómo las empresas de petróleo, gas y carbón han sido los actores más consistentes y mejor financiados de la obstrucción climática a nivel global. Muchas empresas reconocen internamente la gravedad del cambio climático, mientras públicamente trabajan para retrasar la transición.

Agroindistrias, un actor relevante pero menos visibilizado que se resisten a cambios dirigidos a reducir emisiones del sector agrícola. Las formas de obstrucción van desde la resistencia a regulaciones sobre metano, fertilizantes y uso del suelo a narrativas que presentan la regulación climática como una amenaza a la seguridad alimentaria y la externalización de responsabilidades hacia el consumo individual. En este sector destaca la asimetría de poder entre grandes corporaciones agroindustriales y pequeños productores.

Medios de comunicación y agencias de relaciones públicas que diseminan desinformación y moldean percepciones públicas para sembrar dudas sobre la urgencia o eficacia de medidas climáticas. Los autores analizan el papel de los medios tradicionales y digitales en la difusión de narrativas obstructivas y la falsa equivalencia entre ciencia y negacionismo con una sobreexposición de argumentos económicos alarmistas y la amplificación de conflictos culturales (“guerras culturales del clima”). Una estrategia que ha evolucionado desde la negación directa hacia la confusión estratégica y el cansancio informativo.

Organizaciones políticas conservadoras, populistas y de extrema derecha que fomentan narrativas de escepticismo y rechazo hacia políticas climáticas robustas. Son las derechas políticas que han incorporado el rechazo a la política climática en su identidad política. Enter sus estrategias destacan pPresentar la acción climática como una imposición elitista, vincular las políticas del clima con la pérdida de soberanía nacional, y convertir el cambio climático en un símbolo de polarización cultural. El resultado es la parálisis política incluso en contextos con amplio apoyo social a la acción climática.

Tácticas de obstrucción más allá de la negación científica que se documenta cómo se usan argumentos económicos falsos, “lavado verde” (greenwashing) y teorías conspirativas para desacreditar políticas y retrasar decisiones con la obstrucción en la gobernanza internacional y la dilución del lenguaje científico en los informes finales. Suelen exigir el uso del consenso para bloquear decisiones ambiciosas instrumentalizando las reglas del multilateralismo para retrasar la acción climática.

La evaluación del informe no se limita a ese grupo de actores e identifica cómo la obstrucción climática se manifiesta en diferentes escalas y niveles. A nivel local y subnacional, existen intereses poderosos que interfieren con políticas climáticas municipales y regionales. A nivel internacional, se organizan poderosos lobbies en las negociaciones del UNFCCC (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático) y los procesos del IPCC, donde los esfuerzos de lobby pueden manipular procedimientos y resultados. Igualmente en los países del Sur Global, revelando dinámicas específicas de obstrucción en países en desarrollo y sus implicaciones para conseguir avanzar con la justicia climática.

¿Qué se puede hacer? Acciones para contrarrestar la obstrucción

El informe no solo diagnostica el problema, sino que también dedica capítulos a las posibles respuestas a ese onstruccionismo climático. Se exploran políticas legales para frenar prácticas engañosas y responsabilizar a agentes obstructores mediante la regulación y litigios, así como la movilización de los grupos de la sociedad civil destacando el papel de las organizaciones no estatales, el activismo y las alianzas globales que buscan contrarrestar las prácticas engañosas y fraudulentas para reorientar el rumbo de las políticas climáticas, entre ellas, regular la desinformación y el greenwashing o fortalecer el periodismo de investigación.

En definitiva, el informe muestra muestra que la falta de acción climática no se debe a la ausencia de conocimiento científico ni al desinterés público, sino a un sistema complejo de obstrucción bien financiado y organizado. Es un sistema que opera en múltiples frentes —económico, político y comunicacional— haciendo que las transformaciones necesarias sean exponencialmente más difíciles de lograr generando confusión. La respuesta a tosa esa compleja red no puede ser simple ni improvisada, requiere sofisticación, audacia, medios y nuevas alianzas que permitan combatir a los nuevos ingenieros del caos que se enriquecen a costa de la salud del planeta y de las personas.

Acceso al informe completo: Sabotaging Climate Action Around The World

Paquete Ómnibus Ambiental: simplificar las cargas administrativas para alcanzar los objetivos ambientales y fortalecer la competitividad.

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La Comisión Europea ha presentado un paquete de medidas para simplificar la legislación ambiental en materia de emisiones industriales, economía circular, evaluaciones ambientales y datos geoespaciales. El objetivo es contribuir a reducir la carga administrativa para las empresas mantenien los objetivos de la UE de proteger el medio ambiente y la salud humana. En principio, debería permitir agilizar los procesos de obtención de permisos, en particular en sectores estratégicos.

El paquete Ómnibus Ambiental constituye la octava propuesta ómnibus de la Comisión europea, que estableció un rumbo para  
simplificar las normas de la UE  y hacer que la economía de la UE sea más competitiva y próspera. El objetivo es realizar un esfuerzo de simplificación sin precedentes, logrando una reducción de al menos el 25 % de las cargas administrativas, y de al menos el 35 % para las pymes, hasta finales de 2029.

Esta iniciativa forma parte de un esfuerzo más amplio, alineado con  la Brújula de Competitividad de la UE para contribuir a reducir la burocracia y a reforzar la competitividad y la resiliencia de la UE, a la vez que fomenta el crecimiento verde.  

Con esta propuesta, se espera que las empresas ahorren aproximadamente 1000 millones de euros al año, lo que eleva el ahorro administrativo anual derivado de las medidas ómnibus y otras iniciativas de simplificación que la Comisión ya ha presentado a casi 11 000 millones de euros anuales. De este modo, nos acerca al objetivo general de 37 500 millones de euros en ahorros anuales de costes administrativos para el final del mandato de esta Comisión en 2029.

El paquete de simplificación presentado hoy consta de seis propuestas legislativas. Las simplificaciones propuestas hoy incluyen cambios legislativos específicos y reflejan las contribuciones de las partes interesadas tras una convocatoria de información anunciada el 22 de julio de 2025. La convocatoria recibió más de 190.000 respuestas.

Elementos clave de la simplificación administrativa

  1.  Evaluaciones ambientales simplificadas para la concesión de permisos

Los promotores de proyectos se beneficiarán de procedimientos simplificados y acelerados, como ventanillas únicas, digitalización y procedimientos más ágiles. Estas medidas agilizarán proyectos clave necesarios para la economía de la UE. Además, la propuesta incluye un conjunto de herramientas con medidas adicionales de aceleración para sectores estratégicos y proyectos que contribuyan a la descarbonización o la eficiencia de los recursos, como la vivienda asequible.

  1. Normas simplificadas de emisiones industriales para la industria y los agricultores

Las empresas tendrán más flexibilidad bajo la Directiva de Emisiones Industriales (DEI) a la hora de implementar sistemas de gestión ambiental (SGA). Por ejemplo, se eliminará el requisito de incluir planes de transformación. Se otorgará más tiempo a los operadores para la elaboración de Sistemas de Gestión Ambiental (SGA). No se requerirán auditorías independientes para los SGA. Los agricultores y acuicultores estarán exentos de ciertas obligaciones de información, lo que aliviará la carga administrativa. Además, se simplificará el alcance de las actividades agrícolas y se reducirán las duplicaciones en las explotaciones ecológicas.

  1.  Soluciones digitales más efectivas para sustancias peligrosas en productos

El coste de la base de datos SCIP (Sustancias de Preocupación en Productos) sobre sustancias peligrosas en productos fue desproporcionadamente elevado, y sus funciones se sustituirán por soluciones digitales más eficaces, como el Pasaporte Digital de Productos y la implementación del paquete «Una Sustancia, Una Evaluación». Por ello, la Comisión propone modificar la Directiva Marco sobre Residuos para derogar la base de datos SCIP .

  1.  Responsabilidad Extendida del Productor Simplificada (REP)

La legislación vigente sobre baterías, envases, equipos electrónicos, plásticos de un solo uso y residuos exige que las empresas con sede en la UE designen un representante autorizado para cumplir con las obligaciones relacionadas con su responsabilidad ampliada del productor. Las empresas deben establecer este sistema en todos los Estados miembros donde no estén establecidas y vendan productos. Esta obligación se suspenderá para los productores europeos mientras esté pendiente la racionalización de los sistemas de responsabilidad ampliada del productor (REP) en el marco de la Ley de Economía Circular. Esto reducirá los costes de operar en la UE.

  1.  Acceso facilitado a datos geoespaciales

Los requisitos técnicos actuales para los datos geoespaciales conforme a la Directiva INSPIRE se armonizarán plenamente con la legislación horizontal que regula los datos geoespaciales de alto valor del sector público. Esta simplificación reducirá los costes de cumplimiento normativo para las autoridades públicas y facilitará el acceso a conjuntos de datos geoespaciales de alto valor para todos los usuarios, tanto públicos como privados. 

Además de normas más claras y eficaces, también necesitamos una narrativa actualizada. La UE está a la defensiva en materia de sostenibilidad

Más allá de la simplificación administrativa

Pero más allá de este primer paquete de medidas, que es sin duda positivo, necesitamos seguir con el esfuerzo de facilitar la transición hacia una economía competitiva y sostenible. Para ello, además de normas más claras y eficaces, también necesitamos una narrativa actualizada. La UE está a la defensiva en materia de sostenibilidad, asedidada por fuerzas internas de la extrema derecha y la derecha conservadora, así como de presión de ciertos competidores internacionales como los EE.UU.

La Comisión se compromete a seguir aprovechando al máximo el potencial de simplificación, sometiendo a pruebas de resistencia la legislación de la UE y trabajando en su aplicación efectiva. El proceso de simplificación continuará durante los próximos años, centrándose en las pruebas de resistencia, la orientación y la mejora de la legislación vigente.

Por ejemplo, para garantizar una transición fluida y oportuna del Reglamento sobre envases y residuos de envases , la Comisión debe publicar próximamente una guía para proporcionar mayor claridad y una implementación armonizada sobre las cuestiones planteadas en la convocatoria de pruebas.

La Directiva Marco del Agua también se revisará y modificará en 2026, como ya se anunció en el Plan de Acción RESourceEU . Con la próxima revisión de la Directiva Marco sobre la Estrategia Marina , la Comisión también buscará mejorar la coherencia con el acervo de la UE en materia de agua dulce. Además, como parte de la Estrategia de Resiliencia Hídrica , se llevarán a cabo una serie de Diálogos Estructurales sobre el Agua que podrían identificar problemas adicionales y conducir a nuevas mejoras.

Además, la Ley de Economía Circular, prevista para 2026, establecerá normas más sencillas y armonizadas y reducirá los costes para las actividades circulares transfronterizas.

Pero la Comisión europea no debería olvidarse de invertir en renovar el maltrecho relato del crecimiento sostenible a través de nuevas narrativas co-creadas con grupos de la sociedad civil económicos y sociales. Se trata de reconstruir la idea de progreso para que la mayoría de europeos vean la sostenibilidad como una oportunidad y no como un problema o un sacrificio. En ese terreno, no parece que haya nadie a los mandos, y en un mundo tan emocional, esas batallas también son importantes.

Para saber más:

Preguntas y respuestas sobre el paquete de simplificación ambiental

Paquete de simplificación ambiental

Una brújula de la UE para recuperar la competitividad y garantizar una prosperidad sostenible

La Comisión propone reducir la burocracia y simplificar el entorno empresarial

Simplificación de las cargas administrativas en la legislación ambiental