viernes, septiembre 4, 2026
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Reconstruir la idea de progreso. De la era de la tecnología a la innovación social de las preguntas.

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Durante los últimos años los defensores del tecnodeterminismo nos han querido hacer creer que el futuro lo lideraría la programación y los algoritmos. Proclaman la autosuficiencia de la tecnología para construir una nueva inteligencia para el siglo XXI como refleja el “Manifiesto de Palantir” el documento político e ideológico en forma de 22 tesis publicado por Alexander Karp, el CEO de la empresa de software y análisis de datos Palantir.

Es evidente que la innovación, y particularmente la innovación tecnológica es una palanca imprescindible para el progreso, siempre que maride de forma coherente la competitividad con la sostenibilidad y la equidad. Pero asistimos a una aceleración tecnológica que nos arrastra hacia un mundo en el que la tecnología parece renunciar a incorporar los principios de la equidad, olvidando un enfoque ni sensibilidad humana que genera nuevas brechas y desigualdades.

Muchos de los avances tecnológicos que se nos presentan como el nuevo mantra tecnológico no están diseñados para favorecer a la sociedad o el interés común. Son innovaciones que sirven eminentemente a los intereses corporativos de algunas compañías, ya sean las BigTech o la aspiración de algunos emprendedores que diseñan tecnologías sin alma y sin propósito para dar el pelotazo y hacerse ricos en poco tiempo.

Por todo ello, es imprescindible reivindicar, dar tribuna y reconocimiento a aquellos emprendedores y empresas que diseñan tecnología o iniciativas con propósito. Tecnologías que además de dinamizar e innovar en el terreno económico, también lo hacen en el terreno de las relaciones humanas, sociales y culturales. No son iniciativas que se construyen o diseñan en un laboratorio o basados en el mito de tres amigos programando en un garaje, sino que se generan gracias a la convivencia e interacción entre las personas de un grupo que aspiran a constituir una verdadera comunidad de destino.

La eclosión y evolución de la Inteligencia Artificial nos muestra que la tecnología puede ser una gran aliada del bienestar siempre que se utilice con un claro propósito económico y social. Asistimos a una carrera por la primacía tecnológica que ahonda la brecha de acceso al mercado, amenaza el empleo cronificando la precariedad desplazando a los trabajadores hacia modelos de subcontratación hacia plataformas digitales con algoritmos entrenados con datos históricos que reflejan y perpetúan estereotipos.

La resignación no puede ser la respuesta. El futuro no tiene por qué ser un lugar distópico y debemos y podemos reconstruir la idea de progreso. Quizás no tenemos todas las respuestas, aunque una buena parte sí, porque precisamente la tecnología y la Inteligencia Artificial puede proporcionarlas si le hacemos las preguntas adecuadas. Y es que, en un mundo saturado de respuestas, el liderazgo ya no pertenecerá a quienes hablen más alto o actúen más rápido, sino a quienes sean capaces de abrir y dinamizar las conversaciones que realmente importan. Ahí radica la gran oportunidad de la política, de la diplomacia corporativa o del diálogo social. Aquellas organizaciones que sepan preguntar, escuchar y conectar intereses diversos será la que esté mejor preparada para construir el futuro.

La influencia política y social en las décadas que vienen no dependerá tanto de la capacidad de presión -o de lobby- como de la de generar confianza, visión y deliberación compartidas sustentadas en conexiones humanas y tecnología. En entornos cada vez más algorítmicos caracterizados por la sobreabundancia y la saturación de datos, la verdadera ventaja competitiva ya sea política, económica o social no consistirá en saber más, sino en formular las mejores preguntas sobre intereses comunes o misiones compartidas.

Para ello debemos reconocer que solos no podemos y tener la humildad de cuestionar constantemente nuestras  propias ideas e hipótesis. Eso incluye saber identificar los sesgos de confirmación, desafiar las narrativas dominantes tanto en nuestras organizaciones como en la sociedad y hacernos las preguntas adecuadas que quizás nadie se está haciendo todavía.

El trabajo que técnicamente llamamos advocacy, o de incidencia pública o de lobby, ya no se sustentará en competir por disponer de más información que los demás, sino de interpretar mejor la complejidad, construir confianza entre actores diversos y formular las preguntas adecuadas que permita anticipar riesgos y descubrir oportunidades antes que nadie. Esa será en esencia el papel de la nueva política, así como de la diplomacia corporativa o el activismo social y cultural.

La innovación podrá seguir siendo una fuente de progreso si sabemos formular las preguntas adecuadas sustentado en una potente capa tecnológica. Los grandes laboratorios de IA lo han comprendido y están incorporando filósofos, lingüistas, especialistas en ética e historiadores del pensamiento a sus equipos. Han comprendido algo que los clásicos sabían ya hace más de dos mil años. La inteligencia no consiste únicamente en responder rápido, que es lo que hace la IA, sino en hacerse mejores preguntas.

La disciplina de la prospectiva ya sea política, económica o social comparte esa misma lógica. Estudiamos qué futuros son plausibles, cuáles son deseables y qué señales quizás estamos ignorando para influenciar para que vaya en una dirección u otra. Es, en esencia, un ejercicio permanente de duda organizada como ya hacía Sócrates en la vieja Grecia.

Ante un futuro tecnológico y algorítmico, las organizaciones que generarán más confianza no son las que tienen las respuestas prefabricadas más rápidas, sino aquellas que entiendan mejor lo humano. Algo que se hace a través de un proceso de escucha y preguntas para comprender los intereses diversos que residen en la sociedad y desde ahí construir espacios de convivencia y síntesis entre actores con objetivos o sensibilidades diferentes.

La política, como la diplomacia corporativa o el activismo social empieza mucho antes de una negociación, es ante todo un proceso de escucha. Influir ya no consiste únicamente en defender una posición por legítima que esta sea. Significa comprender el marco mental del otro, identificar los valores compartidos y construir relatos creíbles que sean capaces de construir confianza y generar consensos.

Y es que por mucha tecnología que apliquemos o dispongamos, hasta la IA se sustenta en el viejo método socrático de la ignorancia fingida. Eso es especialmente importante para los entornos humanos, quien crea saberlo todo dejará de aprender, y si dejas de aprender te estancas.

En definitiva, la tecnología, por sí sola, no define el progreso. Programar un algoritmo resulta cada vez más sencillo, lo realmente difícil será mantenernos alerta ante los dilemas éticos, los conflictos de valores y las situaciones ambiguas que requieren de decisiones humanas mediante complejos procesos deliberativos. Cuanto más avance la IA, más evidente resultará no dependerá únicamente de máquinas inteligentes, sino de personas capaces de dotarlas de criterio, sentido y propósito.

Pau Solanilla es fundador y editor de Sostenibles.Org y socio en Harmon.

Starbucks, de marca global admirada a ser una marca cuestionada.

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Starbucks ha anunciado que elimina el puesto de CSO (Chief Sustainable Officer) como parte de una nueva ronda de reducción de costes y simplificación organizativa. Las funciones de sostenibilidad pasan a depender de Kelly Goodejohn, Chief Social Impact Officer de la compañía. Una decisión polémica que se suma a una década de crisis reputacionales.

La compañía atraviesa una etapa de presión financiera y transformación estratégica bajo la dirección de Brian Niccol, CEO desde 2024, centrada en mejorar la rentabilidad y simplificar operaciones. La noticia de la supresión de la responsabilidad ejecutiva en sostenibilidad refleja una tendencia que va más allá de la compañía y apunta a la transformación del papel de la sostenibilidad dentro de las grandes corporaciones.

La decisión resulta especialmente llamativa porque Starbucks había sido considerada una de las empresas pioneras en institucionalizar la sostenibilidad. En 2020 creó el cargo de CSO bajo el liderazgo de Michael Kobori y fijó objetivos ambiciosos para reducir en un 50% sus emisiones, consumo de agua y generación de residuos antes de 2030.

Sin embargo, la compañía atraviesa una etapa de presión financiera y transformación estratégica bajo la dirección de Brian Niccol, CEO desde 2024, y tiene como misión mejorar la rentabilidad y simplificar operaciones. La desaparición del CSO puede mandar un mensaje de que la sostenibilidad ha dejado de ser prioritaria para la compañía, sin embargo, la propia Starbucks argumenta que está integrando sostenibilidad e impacto social bajo una única dirección porque ambas agendas están estrechamente relacionadas.

Si bien esta explicación podría tener sentido, se observa una tendencia en grandes corporaciones de gestionar la sostenibilidad en unidades que integran varias áreas del negocio para pasar a ser considerada una parte de la gestión ordinaria. El problema con este tipo de decisiones es que esta integración también puede interpretarse como una pérdida de influencia y visibilidad de las prioridades en materia de sostenibilidad.

El caso Starbucks no es un caso aislado. Diversos análisis publicados durante 2025 y 2026 muestran como varias empresas están reduciendo o transformando los cargos de Chief Sustainability Officer, y parece responder a tres factores principalmente:

  1. Presión por la eficiencia y reducción de costes.
  2. Maduración de las políticas ESG, que pasan a ser responsabilidad de todas las áreas.
  3. Reacción política y empresarial contra el exceso de burocracia ESG, especialmente en Estados Unidos.

De hecho, Starbucks ya había dado una señal previa cuando decidió disolver su comité específico de supervisión ESG (Environmental, Partner and Community Impact Committee), redistribuyendo sus funciones entre otros órganos del consejo de administración. La medida fue criticada por algunos inversores que temían una pérdida de control y rendición de cuentas.

La cuestión clave en el caso de Starbuks así como de otras compañías no reside en si existe o no un Chief Sustainability Officer. La cuestión clave es si hay capacidad para impulsar cambios relevantes y mejoras en materia de sostenibilidad al estar integrados en otras grandes áreas. Cuando la sostenibilidad dispone de una voz propia en el comité ejecutivo o el comité de dirección de las compañíastiene una mayor capacidad para influir en decisiones estratégicas, en las inversiones y en los modelos de negocio.

Cuando esa función se diluye entre otras responsabilidades, existe el riesgo de que los objetivos ambientales y sociales queden subordinados a otras prioridades financieras de corto plazo. La experiencia muestra cómo muchas iniciativas bienintencionadas en materia ESG fracasan no tanto por falta de voluntad, sino por falta de liderazgo, presupuesto y capacidad de coordinación e impulso en el seno de las compañías.

El caso de Starbucks es relevante para observar la tendencia de las grandes compañías en materia de sostenibilidad los próximos años.

El caso de Starbucks es relevante para observar la tendencia de las grandes compañías en los próximos años. La sostenibilidad no se mide por los cargos internos o las etiquetas, sino por su capacidad para seguir avanzando hacia objetivos climáticos más ambiciosos como la economía circular y articular cadenas de valor y de suministro igualmente sostenibles y responsables.

Si, por el contrario, los objetivos ambientales pierden relevancia o se ralentizan, el caso Starbucks se convertirá en uno de los ejemplos más visibles del retroceso de la sostenibilidad corporativa en la segunda mitad de la década.

Cabría recordar que Starbucks ha tenido diversos problemas reputacionales en la última década que han erosionado su imagen pasando de ser una de las marcas más admiradas del mundo a gestionar varias crisis que han involucrado a consumidores, empleados e inversores y han afectado notablemente su reputación y le ha generado un daño importante en su imagen de marca. Habrá que seguir de cerca cómo lo gestiona.

Somos Conexión: la democratización del sector de las telecomunicaciones

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Entrevistamos a Idoia Miranda, responsable de prensa de la cooperativa de telefonía ética Somos Conexión, la primera cooperativa de telecomunicaciones sin ánimo de lucro en España. Ofrece servicios éticos y sostenibles de telefonía móvil, fija e internet (fibra óptica), posicionándose como una alternativa real frente a las grandes operadoras del mercado tradicional. Promueven el uso consciente de la tecnología y adaptan las tarifas a las necesidades reales para evitar el sobreconsumo.

¿Qué elementos diferenciales definen a Somos Conexión en comparación con los operadores tradicionales de telecomunicaciones?

    Uno de los más destacados es que somos cooperativa de consumo y no tenemos ánimo de lucro. Los operadores tradicionales pertenecen a grandes fondos de inversión o accionistas, cuyo principal objetivo es maximizar la rentabilidad económica. Somos Conexión es propiedad de sus socias y socios. Funcionamos bajo un modelo democrático donde cada persona tiene voz y voto (una persona, un voto), y los beneficios no se reparten para enriquecer a unos pocos, sino que se reinvierten en mejorar el servicio y en proyectos de transformación social. Los excedentes económicos, en lugar de ir al bolsillo de nadie, nos permiten impulsar proyectos alineados a nuestra razón de ser: acompañar a las familias en el acompañamiento digital de sus hijos/as, para reducir la brecha digital o para evitar las llamadas SPAM.

    Otra de las grandes diferencias es nuestro servicio de atención a las usuarias, próximo, humano y gestionado desde los cuidados, la transparencia y la honestidad.

    En un contexto de digitalización creciente, ¿qué papel considera que debe desempeñar una cooperativa de telecomunicaciones en la sociedad actual?

      Nosotros nacimos con una vocación de servicio clarísima y con muchas ganas de agitar el sector. Seamos sinceras: la industria tradicional vive de empujarte a contratar tarifas gigantescas con gigas ilimitados y velocidades que te permitirían conectar a la NASA desde el salón de tu casa. Te lo pintan como el paraíso, pero al final pagas por cosas que no usas. En Somos Conexión hacemos justo lo contrario: asesoramos a la gente para que contrate solo lo que necesita. Si con 30 GB vas de sobra, ¿para qué vas a pagar por 100? Impulsamos una cultura de la contención y del consumo digital consciente, porque sabemos que esos datos flotando en la nube también tienen un impacto real en el planeta. Básicamente, preferimos priorizar tu bienestar y el del medioambiente por encima de nuestra propia facturación.

      En resumen: mientras las telecos tradicionales usan a las personas para generar beneficios, en Somos Conexión le damos la vuelta a la tortilla y utilizamos la tecnología como una herramienta para generar bienestar colectivo y construir un modelo más justo, transparente y sostenible.

      El consumo de datos y el despliegue de infraestructuras no dejan de aumentar en el sector. ¿Cómo se aborda desde vuestro modelo esta tendencia de crecimiento continuo?

        A nivel de infraestructura y producto, esto se ve muy claro en el día a día. Por ejemplo, evitamos la duplicidad de redes. En lugar de llenar fachadas con cables innecesarios que dañan el territorio, optimizamos lo que ya existe y compramos los servicios de forma colectiva a los proveedores. No hace falta colonizar y destruir el territorio y las fachadas para dar buena conexión.

        Y en cuanto a las tarifas, vamos a contracorriente: no ofrecemos datos ilimitados. Es más, somos de las poquísimas operadoras que tienen tarifas con muy pocos gigas… ¡e incluso tarifas sin datos! Que parece un chiste en los tiempos que corren, pero es que hay gente que solo quiere el móvil para llamar. Esto va totalmente alineado con nuestra idea de contención del consumo.

        Además, hacemos mucha pedagogía. A través de nuestros artículos, del videopodcast, de talleres y de otros recursos, intentamos generar conciencia sobre el impacto social y ecológico que tiene la tecnología. Para nosotras, la conectividad es un derecho fundamental que hay que cuidar, no un privilegio de consumo para exprimir al máximo.

        ¿Cómo se concreta en la práctica el concepto de “telecomunicaciones éticas” en la prestación de servicios, redes y tecnologías?

          Para nosotras, la ética no es un concepto abstracto; se aterriza en decisiones muy concretas. A nivel técnico, como decíamos, preferimos optimizar los recursos que ya están instalados mediante acuerdos mayoristas compartidos.

          En los servicios aplicamos una honestidad radical: no hay letra pequeña, no inflamos tarifas y facilitamos tanto la entrada como la salida. Creemos que la fidelidad debe basarse en la satisfacción, no en contratos de permanencia abusivos. Y un detalle del que estamos muy orgullosas: si bajamos un precio, se aplica automáticamente a todo el mundo, no solo a los nuevos clientes para “engancharlos”.

          Además, trabajamos en red con la economía social y apoyamos iniciativas como el Mobile Social Congress para luchar contra el extractivismo tecnológico. Esto nos lleva a impulsar proyectos como nuestras tarifas bonificadas contra la brecha digital o la fibra comunitaria para edificios, que reduce el impacto ambiental y el coste para los vecinos.

          ¿Y sobre la IA? Tenemos una postura muy clara: nunca la usaremos para sustituir a personas. Mientras el sector automatiza y deshumaniza los call centers, nosotras usamos la tecnología solo para quitar tareas repetitivas y aburridas internamente. Así, nuestro equipo puede seguir dedicándote todo el tiempo y el cariño que necesites cuando nos llamas. Las personas van primero, siempre.

          ¿Qué decisiones estructurales o de diseño de servicio son clave para priorizar la protección de los derechos digitales y la privacidad de las personas usuarias?

            En esto somos tajantes: con los datos no se comercia. Solo almacenamos la información técnica estrictamente imprescindible para que puedas hablar, navegar y para emitir las facturas. Por supuesto, no hacemos ningún tipo de explotación comercial ni vendemos los datos de nuestras usuarias a terceros. Nosotras, por ejemplo, no compartimos tus datos privados con plataformas de marketing digital como Google o Meta para que te persigan con anuncios. Tu privacidad no es nuestro negocio.

            Y esto lo aplicamos incluso en proyectos tan potentes como la alianza que tenemos con Som Energia y Som Mobilitat. Aunque colaboremos estrechamente, cada cooperativa pide solo lo estrictamente necesario y jamás compartimos información con terceros. Si compartimos algún dato con las otras “SOM”, es única y exclusivamente si la usuaria nos da su consentimiento explícito porque le interesa contratar un servicio conjunto. La confianza de nuestra base social está por encima de todo.

            ¿De qué manera influye el modelo cooperativo en la toma de decisiones estratégicas, la relación con proveedores y el diseño de servicios?

              El hecho de ser cooperativa lo cambia todo. Aquí las grandes líneas estratégicas, los presupuestos y qué hacemos con los excedentes se debaten y aprueban en la Asamblea General. Y se hace bajo el principio democrático de “una persona, un voto”, de igual a igual, sin importar el capital que hayas aportado.

              Como no tenemos la presión de un inversor externo exigiéndonos exprimir el negocio, tenemos la libertad de tomar decisiones desde un punto de vista mucho más humano. Por eso podemos permitirnos invertir en proyectos como los que te comentaba antes —la reducción de la brecha digital o las herramientas pedagógicas para familias—, aunque económicamente no tengan un retorno inmediato. Nuestro retorno es social.

              Además, intentamos ser coherentes en toda nuestra cadena. A la hora de contratar herramientas de software, logística o servicios financieros, priorizamos a compañeras de la economía social y solidaria. Trabajamos codo con codo con proyectos como Som Energia, Som IT, Coop57 o Fiare. Creemos que la transformación se hace así, tejiendo red.

              En un mercado altamente concentrado, ¿qué oportunidades y qué limitaciones presenta la estructura cooperativa en el sector de las telecomunicaciones?

                Seamos realistas: el modelo cooperativo no es una varita mágica y tiene límites claros. Al no tener redes propias de miles de millones de euros, dependemos de la infraestructura de los grandes proveedores mayoristas, y negociar con ellos en un mercado donde imponen sus reglas es un reto diario. Además, las grandes telecos compiten en una guerra de precios agresiva porque compensan márgenes mínimos vendiéndote de todo: televisión, alarmas, seguros… de todo menos valores. Nosotras priorizamos salarios dignos y estables y no inflamos facturas, lo que nos deja márgenes estrechos y presupuestos incomparables a los de las grandes para campañas de publicidad masiva. Aun así, hacemos un esfuerzo enorme por mantenernos en precios de mercado; cuanta más gente se sume a este lado, más fuertes seremos para ganar soberanía y transformar el sector.

                Pero ojo, porque este modelo también nos da superpoderes que los gigantes ya querrían para sí mismos. Gracias a nuestros valores y calidad en el servicio y la atención, tenemos una comunidad fiel que nos recomienda con orgullo, lo que hace que nuestra tasa de bajas esté a años luz por debajo de la media del sector. Y lo mejor de todo es que nuestros proyectos de impacto social nacen de una convicción real y del conocimiento de las necesidades de la gente y del sector, no son parches de marketing ni el típico greenwashing con el que las grandes corporaciones intentan lavar su imagen en sus campañas de RSC. Aquí nos movemos por transformación, no por postureo.

                ¿Cómo se integra la consideración del impacto del entorno digital en la operativa diaria sin tratarse como un ámbito separado de la actividad principal?

                  Totalmente. Es que, en línea con eso que comentábamos del greenwashing y las campañas de RSC de las grandes empresas, para nosotras el impacto de las telecomunicaciones no es un anexo que añadimos para lavar la conciencia mientras el negocio sigue funcionando a toda máquina.

                  Aquí el impacto es, literalmente, el filtro a través del cual pasa cada decisión que tomamos. Se nota en cómo diseñamos cada producto, en los proyectos que decidimos impulsar y, sobre todo, en nuestras alianzas. No buscamos colaboradores al azar; tejemos red con sentido. Un ejemplo de esto son los servicios compartidos que ofrecemos para empresas junto a Som Energia y Som Mobilitat. Nos unimos para ofrecer una alternativa completa de conectividad, energía limpia y movilidad sostenible. Así es como demostramos que otra forma de consumir y de hacer economía no solo es necesaria, sino que ya es totalmente real.

                  ¿Qué transformaciones considera necesarias en el sector de las telecomunicaciones para avanzar hacia un modelo digital más equilibrado y centrado en las personas?

                    Es imprescindible y urgente frenar esta inercia de empujar a todo el mundo hacia los gigas ilimitados. Es un reclamo comercial muy goloso, pero invisibiliza por completo el impacto ecológico de las infraestructuras y satura las redes de forma innecesaria.

                    Para nosotras, el gran cambio pasa por reconocer la conectividad como lo que es: un derecho fundamental, no un bien de consumo. Mientras internet y la telefonía móvil se sigan tratando como meras mercancías, el mercado continuará priorizando las zonas más rentables y a los usuarios con más dinero. Por eso apostamos por una infraestructura abierta, compartida y neutral. El cableado o las torres deberían tratarse como bienes comunales o servicios públicos compartidos, de forma que las operadoras compitamos en calidad de servicio, atención y valores, y no en ver quién destruye o satura más el territorio. No tiene ningún sentido ver calles con tres o cuatro cables de fibra distintos en la fachada; en suministros como el agua o la luz esto nos parecería una locura impensable.

                    Y, por supuesto, hay que abordar de una vez el tema de las redes sociales por pura salud digital, tanto de los más pequeños como de los adultos, y por la propia salud de nuestra democracia. El debate público no puede depender de una infraestructura digital privatizada. Hemos privatizado la plaza del pueblo y eso es un peligro enorme. Necesitamos revertir esta situación impulsando redes abiertas, éticas y neutrales que no basen su modelo de negocio en secuestrar nuestra atención, y que funcionen con algoritmos transparentes y auditables. La tecnología tiene que volver a estar al servicio de la ciudadanía, no al revés.

                    Desde vuestra experiencia, ¿cuáles deberían ser los principios que definan el futuro de las telecomunicaciones en un horizonte de medio y largo plazo?

                      Al final, la gran transformación que tenemos pendiente como sociedad es entender que el éxito del sector tecnológico no se debería medir por cuántos gigas se consiguen facturar a final de mes, sino por cómo contribuimos a la cohesión social y a la salud del planeta. El objetivo del futuro no puede ser tener una sociedad hiperconectada a cualquier precio, enganchada a las pantallas las 24 horas, sino construir una sociedad comunica

                      El impacto ambiental de la crisis climática en la gestión pública.

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                      Eco friendly sustainable growth concept. 3d rendering of chart and arrow shape sign on fresh spring meadow with blue sky in background.

                      La sostenibilidad se ha convertido en un elemento central de la gestión pública. El Ministerio de Hacienda, a través de la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE), ha publicado el Informe sobre Sostenibilidad Medioambiental del Sector Público Estatal 2024 que ofrece una radiografía detallada del impacto ambiental de la Administración y de las entidades públicas estatales.

                      El informe supone un avance significativo en la transparencia y la rendición de cuentas públicas, ya que cuantifica aspectos clave como el consumo energético, la huella de carbono, el gasto verde y el coste económico derivado de fenómenos climáticos extremos. Se trata de una herramienta que permite evaluar hasta qué punto el sector público contribuye a los objetivos de transición ecológica y lucha contra el cambio climático.

                      Uno de los principales indicadores analizados es el consumo energético. Durante 2024, el conjunto de entidades incluidas en el perímetro de consolidación de la Cuenta General del Estado consumió aproximadamente 7.506 gigavatios hora (GWh) de electricidad. Más de la mitad de esta energía, un 56 %, contaba con garantía de origen renovable, lo que evidencia un avance en la incorporación de fuentes energéticas sostenibles. El sector público empresarial y fundacional concentró cerca del 76 % de este consumo, destacando organismos y empresas públicas de gran tamaño vinculadas al transporte y a las infraestructuras.

                      Además de la electricidad, el informe analiza otros consumos energéticos relevantes. El sector público estatal utilizó alrededor de 392 millones de litros de combustibles y más de 701 millones de kilovatios hora de gas natural. Estos datos permiten identificar áreas de mejora en eficiencia energética y reducción de emisiones, especialmente en aquellas actividades que todavía dependen de combustibles fósiles.

                      La huella de carbono constituye otro de los capítulos centrales del documento. Las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al sector público estatal alcanzaron en 2024 un total de 2,15 millones de toneladas equivalentes de CO₂. Casi la mitad de estas emisiones correspondieron al sector público empresarial y fundacional, mientras que algo más del 42 % procedió de la Administración General del Estado. El resto se repartió entre organismos autónomos, otras entidades administrativas y la Seguridad Social.

                      Para calcular esta huella de carbono, la IGAE aplicó la metodología y los factores de emisión establecidos por la Oficina Española de Cambio Climático. El análisis incluye las emisiones directas derivadas del uso de combustibles y las emisiones indirectas asociadas al consumo eléctrico, conocidas respectivamente como emisiones de alcance 1 y alcance 2.

                      El informe señala que las emisiones de alcance 3 —relacionadas con viajes, compras, residuos y contrataciones— serán incorporadas progresivamente en futuras ediciones, lo que permitirá obtener una visión más completa del impacto ambiental del sector público.

                      Otro aspecto especialmente relevante es la cuantificación del denominado el “gasto verde”. Este concepto engloba las inversiones y gastos públicos que contribuyen a los objetivos medioambientales definidos por la taxonomía europea de finanzas sostenibles. Según el informe, el gasto verde consolidado del sector público estatal alcanzó los 24.583 millones de euros en 2024. Más de la mitad de esta cantidad correspondió al sector público empresarial y fundacional, mientras que el resto fue ejecutado por la Administración General del Estado y otros organismos administrativos.

                      La mayor parte de este gasto estuvo orientada a la mitigación del cambio climático, que concentró cerca del 60 % de los recursos identificados. También destacaron las actuaciones vinculadas a la adaptación climática, la protección de los recursos hídricos y la conservación del medio ambiente. Estos datos reflejan el creciente peso de la sostenibilidad en las políticas públicas y en la asignación de recursos presupuestarios.

                      ¿Cuánto cuestan las catástrifes naturales y eventos climáticos extremos?

                      El informe incorpora la valoración económica de los efectos de las catástrofes naturales y los eventos climáticos extremos. En 2024, el impacto presupuestario consolidado de estos fenómenos ascendió a 6.920 millones de euros. La mayor parte de este importe estuvo vinculada a la DANA que afectó a la Comunidad Valenciana, con un coste estimado de 5.420 millones de euros. También se contabilizaron gastos asociados a inundaciones, sequías, incendios forestales, erupciones volcánicas y actuaciones de emergencia desarrolladas por la Unidad Militar de Emergencias.

                      Más allá de las cifras, el informe pone de manifiesto una realidad cada vez más evidente, el cambio climático tiene consecuencias económicas directas sobre las cuentas públicas. La necesidad de reconstruir infraestructuras, atender emergencias y financiar medidas de adaptación supone una presión creciente sobre los recursos del Estado. Por ello, disponer de información rigurosa y homogénea sobre sostenibilidad resulta fundamental para diseñar políticas públicas más eficaces y resilientes.

                      En definitiva, el Informe sobre Sostenibilidad Medioambiental del Sector Público Estatal constituye un hito en la modernización de la información pública en España. Al integrar indicadores ambientales junto a los tradicionales datos financieros, la Administración avanza hacia un modelo de gestión más transparente, responsable y alineado con los compromisos climáticos nacionales y europeos.

                      El reto ahora será consolidar esta metodología, ampliar el alcance de los indicadores y convertir la sostenibilidad en un criterio estructural de la acción pública.

                      La voracidad hídrica de la inteligencia artificial: ¿estamos preparados para medir el coste ambiental de nuestras preguntas?

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                      Durante años hemos asociado la digitalización con la desmaterialización. Pensábamos que sustituir el papel por documentos electrónicos, las reuniones presenciales por videoconferencias o los desplazamientos por servicios digitales reducía automáticamente nuestra huella ambiental. La revolución digital también nos interpela a hacer visible la huella ambiental, especialmente el uso del agua en la inteligencia artificial.

                      La irrupción de la inteligencia artificial generativa nos debería obligar a revisar algunas de las certezas de los beneficios ambientales de la revolución digital. Una pregunta aparentemente inocente a ChatGPT, la generación de una imagen mediante inteligencia artificial o la creación de un vídeo sintético activan una compleja infraestructura global formada por centros de datos, servidores de alto rendimiento, sistemas de refrigeración y redes energéticas que consumen recursos a gran escala.

                      Lo que para el usuario parece una conversación instantánea y casi inmaterial, tiene detrás una huella física muy real en el uso de energía y de agua dulce. Una cuestión que debería tener más visibilidad para poder ser conscientes de nuestras acciones individuales y colectivas. Más allá de las cifras concretas —que varían según el modelo utilizado, el tipo de consulta o la ubicación de los centros de datos—, el verdadero debate es otro: ¿somos conscientes del impacto ambiental de la nueva economía digital?.

                      Uno de los grandes desafíos de la sostenibilidad contemporánea es precisamente la invisibilidad de muchos impactos. Sabemos cuánta agua utilizamos cuando nos duchamos o regamos un jardín. Percibimos el combustible que consume un vehículo o la energía que necesita una fábrica, pero resulta mucho más difícil visualizar los recursos necesarios para sostener los servicios digitales que utilizamos cada día.

                      Cada interacción con una inteligencia artificial requiere capacidad de procesamiento. Los servidores que ejecutan estos modelos generan calor y necesitan sistemas de refrigeración que, en muchos casos, utilizan agua dulce. A ello se suma el consumo energético asociado tanto al funcionamiento de los centros de datos como a la producción de la electricidad que los alimenta.

                      A escala individual, el consumo puede parecer insignificante. El propio Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, ha señalado que una consulta promedio consume una cantidad muy pequeña de agua y energía. El problema aparece cuando multiplicamos esa cifra por millones de interacciones diarias.

                      La paradoja de la transición digital

                      La digitalización es una de las grandes aliadas de la transición ecológica. Permite optimizar redes eléctricas, mejorar la eficiencia energética, gestionar mejor los recursos hídricos, reducir desplazamientos y acelerar la innovación científica. Pero al mismo tiempo genera nuevas demandas materiales. Los centros de datos ya se han convertido en infraestructuras críticas para el funcionamiento de la economía global y su crecimiento se acelera al ritmo de la inteligencia artificial y del uso intensivo de energía y agua.

                      Un reciente informe del Instituto Universitario de Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud advierte que, de mantenerse las tendencias actuales, el consumo de agua asociado a la IA podría alcanzar en 2030 niveles equivalentes a los de 1.300 millones de personas, mientras que la demanda energética asociada seguirá creciendo de forma exponencial.

                      No se trata de demonizar la tecnología, sino de comprender que toda innovación tiene una huella material que debe ser gestionada.

                      Durante los primeros años del auge de la inteligencia artificial, la atención se ha concentrado principalmente en aspectos como la privacidad, los sesgos algorítmicos, la seguridad o el impacto sobre el empleo, pero emerge con fuerza el impacto en la sostenibilidad.

                      Investigadores de la Universidad de California Riverside llevan años alertando sobre la necesidad de incorporar la huella hídrica al análisis del impacto ambiental de la IA. Sus trabajos muestran que el consumo de agua ha sido históricamente uno de los aspectos menos transparentes del sector tecnológico. La situación recuerda a lo ocurrido hace dos décadas con las emisiones de carbono. Durante años se midieron únicamente algunos impactos visibles, mientras otros permanecían ocultos para la opinión pública.

                      La inteligencia artificial nos enfrenta ahora a un desafío similar y la industria tecnológica tiene como uno de sus retos desarrollar sistemas de refrigeración más eficientes, centros de datos alimentados por energías renovables y arquitecturas de inteligencia artificial capaces de reducir significativamente el consumo energético por operación.

                      Pero la innovación tecnológica por sí sola no es suficiente, también es necesario avanzar en transparencia. Las empresas tecnológicas tienen que informar con mayor claridad sobre la huella ambiental de los servicios digitales que ofrecen y en los próximos años tendremos que incorporar indicadores relacionados con el consumo de agua, energía y materiales asociados a la inteligencia artificial.

                      En definitiva, empresas, instituciones y usuarios tendremos que transitar por procesos de alfabetización sostenible. Hemos aprendido a medir el impacto de nuestras decisiones físicas como qué comemos, cómo nos desplazamos o cuánta energía consumimos en nuestros hogares. Ahora debemos aprender también a comprender el impacto de nuestras decisiones digitales.

                      La inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria para acelerar la transición ecológica. Puede ayudarnos a optimizar redes energéticas, predecir fenómenos climáticos, gestionar recursos hídricos o impulsar la innovación sostenible pero tenemos que preguntarnos cçomo diseñemos las infraestructuras digitales que sostienen nuestra economía y nuestra vida cotidiana.

                      La sostenibilidad no consiste en renunciar a la innovación, sino en hacer visible aquello que hasta ahora permanecía oculto, el uso intensivo de recursos naturales. Y pocas cosas son hoy tan invisibles —y tan relevantes— como la huella ecológica de nuestra nueva conversación con las máquinas y los algoritmos.

                      Bienal Climática de Avilés: convertir la transición climática en un proyecto cultural

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                      La transición ecológica suele explicarse a través de indicadores técnicos, inversiones industriales, grandes objetivos de descarbonización, las energías renovables, la economía circular, la movilidad sostenible o la adaptación climática. Sin embargo, existe una dimensión menos visible y probablemente igual de importante: la dimensión cultural del cambio. Eso es lo que nos propone la Bienal Climática de Avilés.

                      Ninguna transformación profunda se produce únicamente mediante normas, infraestructuras o tecnologías. Las grandes transiciones también necesitan nuevos relatos, nuevas formas de imaginar el futuro y nuevos espacios para construir consensos sociales.

                      En este contexto nace la Bienal Climática: Arte, Industria y Territorio, cuya primera edición se celebra en Avilés entre junio y septiembre de 2026 bajo el lema “Ensayar lo inesperado”. Más que un evento cultural, la iniciativa aspira a convertirse en un laboratorio de reflexión colectiva sobre algunos de los grandes desafíos de nuestro tiempo.

                      Una bienal diferente

                      Europa cuenta con numerosas bienales de arte contemporáneo. Sin embargo, la propuesta de Avilés introduce un elemento diferencial. La Bienal Climática no sitúa el arte como un fin en sí mismo, sino como una herramienta para abordar cuestiones relacionadas con el clima, la industria, el territorio y la convivencia democrática.

                      La iniciativa reúne a más de cuarenta artistas nacionales e internacionales y despliega un programa expositivo y de diálogo distribuido en diferentes espacios de la ciudad y de Asturias. Lo verdaderamente innovador es que no se limita a hablar del cambio climático desde una perspectiva ambiental. La bienal propone entender el clima también como una cuestión social, económica y cultural. Habla del futuro del empleo industrial, de la relación entre el mundo rural y el urbano, de los procesos de transformación territorial y de la necesidad de construir nuevas formas de convivencia en sociedades cada vez más complejas.

                      Avilés como símbolo de transformación

                      La elección de Avilés como sede inaugural no es casual. Pocas ciudades españolas representan mejor la capacidad de reinventarse frente a los cambios económicos y ambientales. Durante décadas, Avilés fue uno de los grandes símbolos de la industrialización española. Más tarde tuvo que afrontar los desafíos derivados de la reconversión industrial y de la transformación de su modelo productivo.

                      Hoy la ciudad aparece como un ejemplo de cómo industria, sostenibilidad, patrimonio y cultura pueden formar parte de una misma estrategia de desarrollo. Precisamente esa experiencia de transformación convierte a Avilés en un escenario especialmente adecuado para reflexionar sobre los desafíos de la transición ecológica.

                      La Bienal de despliega en un territorio que ya ha experimentado procesos de adaptación, resiliencia y cambio.

                      La cultura como infraestructura para el futuro

                      Durante años hemos considerado la cultura como un complemento de las políticas públicas. Algo importante para la calidad de vida, pero separado de los grandes debates económicos o ambientales. La Bienal Climática cuestiona esa visión y plantea una idea sencilla pero poderosa: la transición ecológica es también una transición cultural. Para transformar nuestros modelos de producción y consumo necesitamos transformar también nuestra manera de relacionarnos con el territorio, con la naturaleza y con las comunidades que habitamos.

                      Las transformaciones sostenibles no se construyen únicamente con innovación tecnológica; necesitan también innovación social y cultural. En este sentido, la Bienal introduce una dimensión frecuentemente ausente en los debates climáticos como es la capacidad del arte para generar preguntas, activar conversaciones y abrir espacios de encuentro entre actores que habitualmente no dialogan entre sí.

                      Arte, industria y territorio

                      Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es precisamente la combinación entre arte, industria y territorio. Durante mucho tiempo hemos pensado la industria y la cultura como ámbitos separados. La sostenibilidad nos obliga a superar esas divisiones. La transición ecológica requiere nuevas alianzas entre conocimiento científico, innovación tecnológica, creatividad artística y participación ciudadana.

                      La Bienal se presenta como una plataforma donde estos mundos pueden encontrarse. Sus programas abordan desde los imaginarios de la transición energética hasta las nuevas formas de observar el clima o las dimensiones emocionales de los cambios que atraviesan nuestras sociedades. No se trata de exponer obras, sino generar conversaciones.

                      Quizá la principal aportación de la Bienal Climática sea que aspira a convertirse en algo más que una programación cultural temporal. El proyecto incorpora procesos de investigación, residencias artísticas, mediación comunitaria, colaboración con instituciones científicas y programas educativos vinculados al territorio. Su objetivo es dejar capacidades instaladas y fortalecer redes de colaboración que continúen activas más allá de la propia edición.

                      Esta visión conecta con una tendencia cada vez más presente en las políticas de sostenibilidad, pasar de los eventos a los ecosistemas. Los grandes desafíos climáticos no pueden resolverse mediante intervenciones aisladas. Requieren plataformas permanentes de cooperación entre administraciones, empresas, universidades, comunidades y organizaciones sociales.

                      La Bienal Climática propone ensayar colectivamente nuevas respuestas, explorar futuros posibles y construir espacios de diálogo capaces de generar confianza en medio de la complejidad. Desarrollar capacidades para adaptarnos a lo inesperado y asumir que la transición ecológica no es únicamente un desafío ambiental, es un proyecto de transformación social.

                      Y quizá una de las grandes lecciones que nos deja Avilés es que el futuro sostenible no se construirá solo en laboratorios, centros tecnológicos o despachos institucionales. También se construirá en los espacios donde la cultura, la creatividad y la participación ciudadana son capaces de imaginar, juntos, nuevas formas de habitar el mundo.

                      ESG, mucho más que reputación: el nuevo lenguaje de los mercados.

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                      Durante algunos años la sostenibilidad se percibía como una política complementaria para las empresas. Generaba una capa de valor para ganar reputación y legitimidad entre los diferentes grupos de interés. Hoy, todo ello ha quedado superado y la sostenibilidad ha pasado de los departamentos de comunicación a los departamentos de desarrollo de negocio y de riesgos y es condición necesaria para la competitividad.

                      La gran transformación que estamos viviendo es que la sostenibilidad ha dejado de ser un relato para convertirse en una política mainstream asociados a una serie de métricas para poder medirlo y evaluarlo. Los mercados ya no escrutan únicamente qué compromisos tiene una empresa, sino cómo esos compromisos reducen los riesgos asociados a su actividad – la doble materialidad- y cómo siguen generando oportunidades de futuro.

                      La sostenibilidad ya no pertenece exclusivamente al ámbito ambiental, es una cuestión económica, tecnológica, social y geopolítica. Las empresas que entiendan esta realidad estarán mejor preparadas para navegar un mundo cada vez más incierto. Las empresas que sigan considerando ESG como un mero ejercicio de comunicación corren el riesgo de quedarse fuera de los grandes flujos de inversión que están configurando la economía del futuro

                      Las empresas y organizaciones que sepan integrar los criterios ESG en su estrategia no solo serán más sostenibles, también serán más resilientes, más innovadoras y atractivas para la inversión. Ya no se pueden considerar los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) como una cuestión vinculada principalmente a la reputación corporativa, pero hoy forma parte del core del negocio mismo.

                      Hoy, los factores ESG han dejado de ser un elemento accesorio para convertirse en una variable central en la valoración económica de las empresas, en el acceso a la financiación y en la capacidad de atraer inversión y talento. Lo que antes era una cuestión de imagen es ahora una cuestión de balance. Y lo que antes se interpretaba como un compromiso voluntario se está consolidando como una exigencia del mercado.

                      La transformación es profunda y afecta al corazón mismo del sistema financiero, a pesar del activismo anticlimático de la admistración Trump o de algunos gobiernos de extrema derecha.  Como explica CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, los criterios ESG dejan de ser reputacionales cuando los inversores comprenden que los riesgos ambientales, sociales y de gobernanza tienen un impacto directo sobre los flujos de caja, la capacidad de repago y el retorno esperado de una inversión. ([CAF][1])

                      La sostenibilidad ya no se evalúa únicamente desde la ética. Se evalúa desde el riesgo.

                      El nuevo lenguaje de los mercados

                      Durante décadas, la rentabilidad financiera fue prácticamente el único lenguaje que hablaban los mercados. Hoy ese lenguaje incorpora nuevas variables. El cambio climático, la escasez de recursos, los riesgos regulatorios, la pérdida de biodiversidad, los conflictos sociales o los problemas de gobernanza ya no se perciben como factores externos y son capaces de alterar el valor futuro de los activos.

                      Una empresa expuesta a fenómenos climáticos extremos, dependiente de recursos escasos o vulnerable a conflictos sociales presenta un riesgo superior para los inversores. Del mismo modo, una organización con estructuras de gobernanza débiles o problemas de transparencia puede enfrentar mayores dificultades para acceder a capital.

                      La consecuencia es evidente, los criterios ESG se están integrando progresivamente en los modelos de análisis financiero y en las decisiones de inversión. No se trata únicamente de cumplir una normativa o publicar indicadores, se trata de demostrar resiliencia, capacidad de adaptación y visión de largo plazo.

                      La evolución del concepto ESG refleja también la madurez del propio movimiento de sostenibilidad empresarial. Durante años predominó una aproximación centrada en los compromisos, los objetivos y las declaraciones públicas. Sin embargo, inversores, reguladores y entidades financieras exigen cada vez más evidencias concretas sobre cómo las cuestiones ambientales y sociales afectan a la creación de valor. Transitamos de la sostenibilidad declarativa a la sostenibilidad financiera.

                      Este cambio explica por qué la sostenibilidad está entrando en los comités de inversión, en las agencias de rating, en los departamentos financieros y en las entidades bancarias. La sostenibilidad ha pasado de los departamentos de comunicación a los departamentos de riesgos. ([Ambientum Portal Lider Medioambiente][2])

                      Europa es uno los principales impulsores de esta transformación. La Taxonomía Europea, la Directiva de Información sobre Sostenibilidad Corporativa (CSRD) o las nuevas exigencias de diligencia debida han contribuido a crear un marco en el que la sostenibilidad deja de ser un concepto abstracto para convertirse en un estándar de gestión empresarial. ([EY][3])

                      Aunque recientemente la Comisión Europea ha planteado medidas de simplificación regulatoria para mejorar la competitividad, el rumbo general no ha cambiado. La economía europea seguirá avanzando hacia una mayor integración de los factores ESG en la toma de decisiones empresariales y financieras.

                      La razón es que la transición ecológica requiere movilizar cantidades masivas de capital público y privado. La transición hacia una economía climáticamente neutra no será posible sin financiación, y para movilizar ese capital resulta imprescindible disponer de criterios homogéneos que permitan evaluar riesgos y oportunidades. Es por ello que las entidades financieras están incorporando cada vez más criterios ESG en sus procesos de evaluación.

                      Los proyectos capaces de demostrar una adecuada gestión de los riesgos ambientales y sociales tendrán mayores oportunidades de acceso al capital. Por el contrario, los que no lo hacen verán aumentar sus costes financieros o reducidas sus opciones de financiación.

                      En definitiva, las organizaciones que integran adecuadamente los factores ESG suelen estar mejor preparadas para ganar competitividad, gestionar riesgos, atraer talento, innovar y adaptarse a entornos cambiantes. Además, disponen de mejores condiciones para acceder a financiación y responder a las crecientes exigencias de clientes, inversores y reguladores. ([KPMG Tendencias][5])

                      En un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica, la volatilidad energética y la aceleración de los impactos climáticos, la sostenibilidad se está convirtiendo en una ventaja competitiva. La sostenibilidad no es una cuestión de reputación corporativa, es ante todo, una cuestión de valor económico para crecer, innovar y competir y una condición para la inversión.

                      Para saber más:

                      [1]: https://www.caf.com/es/actualidad/noticias/esg-dejo-de-ser-un-tema-reputacional-hoy-incide-directamente-en-los-flujos-y-en-el-acceso-a-financiamiento/?utm_source=chatgpt.com ““ESG dejó de ser reputación: hoy define el financiamiento” – CAF”

                      [2]: https://www.ambientum.com/ambientum/responsabilidad-ambiental/esg-en-empresas-por-que-los-criterios-sostenibles-son-clave.asp?utm_source=chatgpt.com “Criterios ESG en empresas: Sostenibilidad y éxito estratégico”

                      [3]: https://www.ey.com/es_es/newsroom/2025/03/las-empresas-ven-esg-transformacion-palanca-competitividad?utm_source=chatgpt.com “Las empresas ven la ESG en transformación como una palanca de … – EY”

                      [4]: https://elpais.com/america-futura/2025-12-26/caf-cierra-2025-con-un-record-aprobo-mas-de-18000-millones-de-dolares-para-el-financiamiento-sostenible.html?utm_source=chatgpt.com “CAF cierra 2025 con un récord: aprobó más de 18.000 millones de dólares para el financiamiento sostenible”

                      [5]: https://www.tendencias.kpmg.es/2025/06/criterios-esg-palanca-competitividad-sostenibilidad-empresarial/?utm_source=chatgpt.com “Criterios ESG y sostenibilidad corporativa – KPMG Tendencias”

                      II Foro Iberoamericano sobre Deporte, Inclusión y Sostenibilidad (FIDIS), Madrid 18 de junio 2026.

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                      El II Foro Iberoamericano sobre Deporte, Inclusión y Sostenibilidad (FIDIS) se celebrará el 18 de junio de 2026 en el marco de Sports Summit Madrid, con el apoyo del Consejo Iberoamericano del Deporte. Una iniciativa que busca consolidar un espacio donde el deporte de Iberoamérica pueda articular una agenda común vinculada a la sostenibilidad, la inclusión y el desarrollo social.

                      El Foro está organizado Sostenibles.org, en colaboración con el Consejo Iberoamericano del Deporte y el apoyo de CAF y OEI. El FIDIS está dirigido a una audiencia diversa que incluye representantes gubernamentales, federaciones deportivas, patrocinadores, ONG, universidades, atletas y líderes del sector.

                      Entre sus principales objetivos se destacan: impulsar programas de deporte para la sostenibilidad, fomentar la adopción de criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza), y ofrecer una plataforma para el intercambio de conocimientos y la construcción de redes de colaboración entre actores del ámbito deportivo, institucional, empresarial y académico.

                      La primera edición, realizada en 2025, marcó un hito al reunir por primera vez a actores institucionales y líderes del ecosistema deportivo regional en torno a esta temática. Entre los participantes, hubo organismos como CID, UNESCO y CAF; propiedades deportivas, tales como UEFA, Ocean Race, Tigres de Monterrey, Atlético de Madrid o el Comité Paralímpico Español; empresas como Movistar, Ilunion, o entidades como SIGA y la Fundación Laureus.

                      La segunda edición se proyecta con un rol aún más estratégico, al celebrarse meses antes de la Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno. El Foro se consolida así como una plataforma donde el deporte iberoamericano no solo comparte buenas prácticas, sino que construye una voz colectiva con capacidad de incidencia regional.

                      FIDIS forma parte del ecosistema de contenidos estratégicos de Sports Summit Madrid, la plataforma B2B que conecta a líderes, organizaciones y empresas de toda la región.

                      PROGRAMA Jueves 18 de junio – IFEMA

                      11:40 – 12:00 | Apertura Institucional Bienvenida institucional:

                      • Belén Lara, Directora Ejecutiva, Consejo Iberoamericano del Deporte
                      • Martín Lorenzo, Secretario General, OEI • Representante de CAF (TBC)
                      • Emanuel Macedo de Medeiros, Presidente, SIGA – Sports Integrity Global Alliance
                      • Presenta: Rafael Veljanovich – Sports Summit

                      12:00 – 12:35 | Deporte para el Desarrollo Construyendo oportunidades desde la política pública

                      • Diogenes de Urquiza, Argentina, Secretario de Deportes
                      • Natalia Duco Soler, Chile, Ministra de Deportes
                      • Isaac Piña Valdivia, México, Secretario de Deporte de México, Pte de la Red Deporte y Desarrollo
                      • Sergio Ludeña, Perú, Presidenta del IPD, Perú
                      • Moderador: Fernando Cáceres, Presidente honorario del CID

                      12:35 – 13:10 | Sostenibilidad Del compromiso a la certificación

                      • Rocío Torres, Atlético de Madrid, Directora de Sostenibilidad
                      • Manuel Parga, COE, Director de Marketing y Sostenibilidad
                      • Juan del Campo, Bureau Veritas, Responsable de Sostenibilidad
                      • Juan Luis Pozo, Global Omnium, Director de Sostenibilidad
                      • Moderador: Stephane Bazire, Think Beyond, Senior Dir. ExDirector ESG en Silverstone

                      13:10 – 13:40 | Deporte sin Barreras Historias de inclusión, resiliencia y alto rendimiento

                      • El Langui, deportista paralímpico
                      • Francisco Botía, Comité Paralímpico Español

                      13:40 – 14:15 | El Deporte como Motor de Impacto Social Clubes, ligas y fundaciones que transforman realidades

                      • Conxita Esteve, AGF LaLiga Genuine
                      • Felipe Llorente, Fundación River Plate
                      • Mateo Figueroa, Fundación Real Madrid

                      15:00 – 15:20 | Sostenibilidad y Patrocinio con Propósito Cómo el deporte impulsa alianzas que combinan impacto social y ambiental, reputación de marca y creación de valor a largo plazo.

                      • Evelyn Honderbach, Senior Sustainability & Commercial, UEFA
                      • Henrique Conceição, Director de Sostenibilidad, Benfica
                      • Aileen McManamon, Gren Sports Alliance Moderador: Stephane Bazire, Think Beyond, Senior Dir. ExDirector ESG en Silverstone

                      La revolución de etanol en la generación de energía termoeléctrica.

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                      El Complejo Portuario Industrial de Suape, Pernambuco (Brasil) ha entrado en la historia de la transición energética mundial con la inauguración del primer motor del mundo alimentado casi exclusivamente con etanol para la generación de energía termoeléctrica. La inciativa fruto de la colaboración entre Suape Energia y Wärtsilä Energy es una planta piloto, con una capacidad de 4 megavatios, fue desarrollada en Finlandia y adaptada para funcionar con etanol brasileño.

                      Este proyecto es una colaboración entre Suape Energia y Wärtsilä Energy un gigante europeo del sector de la tecnología energética y consolida a Suape como un entorno estratégico para la innovación y la descarbonización, posicionando a la región de Pernambuco como referente en la transición energética.

                      El proyecto pasa ahora a la fase de pruebas operativas en un entorno real, una etapa que evaluará el rendimiento, el consumo, la fiabilidad y la eficiencia de la tecnología. Con un motor W32M modificado adaptado para etanol, cuanta con una capacidad nominal de 381 MW aunque la planta podría ampliarse a 600 MW, suficiente para abastecer a 2 millones de hogares, sujeto a la superación de las pruebas y la calificación en la subasta.

                      Se espera que el cambio a etanol reduzca las emisiones de CO₂ hasta en 3600 toneladas por hora y genere aproximadamente 2000 empleos. El etanol provendrá principalmente de la región de Zona da Mata en Pernambuco y otros estados del noreste, fortaleciendo así la cadena de suministro de biocombustibles de Brasil.

                      Esta iniciativa también abre nuevas perspectivas para la integración entre los sectores energético y azucarero-energético, ampliando las oportunidades para la cadena del etanol y para el desarrollo sostenible de Brasil. La eficiencia del motor de etanol alcanza el 40%, cercana a la de los motores diésel, oscila entre el 46% y el 48%. Sin embargo, la principal diferencia radica en el impacto ambiental: el motor de etanol emite solo el 10% del CO₂ en relación al liberado por un motor diésel .

                      Además, la planta termoeléctrica garantiza una respuesta más rápida al Sistema Nacional Interconectado (SIN). Mientras que las plantas de fueloil requieren calentamiento y filtración, la unidad de etanol podría operar en menos de 30 minutos, lo que aporta agilidad al sistema eléctrico.

                      La puesta en marcha de la planta en Pernambuco fortalece la economía local, crea empleos y reduce la dependencia de los combustibles importados. Además, el proyecto aprovecha la cadena de suministro de etanol ya consolidada en Brasil para estimular las inversiones e impulsar la innovación en el sector energético .

                      Este proyecto piloto podría convertir a Brasil en un referente internacional en el uso de etanol para la generación de electricidad y prosiciona al etanol como un vector estratégico para reducir las emisiones y mejorar la seguridad energética nacional. Un modelo que podría abrir el camino a nuevas plantas tanto a nivel nacional como internacional.

                      Lleida: talento y excelencia universitaria

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                      Miguel Lapeña Cregenzán

                      Recuerdo la experiencia de haber asistido en septiembre de 2001 a los Cursos de la UIMP – Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, en su sede de los Pirineos en el Balneario de Panticosa de Huesca. Una edición dedicada a la economía regional y al análisis de las nuevas teorías que además fue un homenaje a la figura de Ernest Lluch, asesinado vilmente por la banda terrorista ETA.

                      En la Economía Regional y la economía de las ciudades y de los territorios, como bien explicaba Lluch en su obra maestra “La Vía Valenciana“, hay tres pilares claves: la tierra, los recursos naturales y el trabajo, este último concepto es el que ahora denominamos talento.

                      Las grandes fábricas del talento son las Universidades. La ciudad de Lleida y sus vecinos pueden estar muy orgullosos, porque cuentan con estudios universitarios desde el año 1.300, con la fundación del Estudi General el 1 de septiembre de 1.300 mediante un decreto firmado por el Rey Jaime II.

                      Lleida es una ciudad que en estos momentos se encuentra inmersa en un crecimiento económico y de transformación muy importante, con la puesta en marcha de 6 millones de m2 de suelo de actividad económica y el impulso de la Estación Intermodal de Torreblanca.

                      Este reto se está afrontando con acciones estratégicas de captación de inversiones y de apoyo empresarial en la reducción de los trámites burocráticos, pero también, con la captación y retención del talento, siendo estratégico el papel de la UDLUniversitat de Lleida.

                      Las alianzas son fundamentales para el impulso del talento y el posicionamiento de una ciudad para la atracción de nuevas oportunidades económicas a través de una Estrategia de Diplomacia Económica. El Parque AgroBioTech es un ejemplo, claro del impulso y desarrollo de la economía regional a través de una alianza entre Ajuntament de Lleida y la UDL. Todo un caso de éxito donde en la actualidad trabajan alrededor de 1.500 personas.

                      La colaboración en materia de investigación basada en un modelo público-privado contribuye a reforzar el tejido productivo. Un ejemplo claro son los diferentes centros de investigación y tecnológicos de referencia ubicados en Lleida, como Agrotecnio, Eurecat, Leitat o el IRB en el ámbito biomédico y sanitario.

                      Todas estas alianzas, refuerzan el aspecto innovador del conocimiento y genera un ecosistema referente en todo el espacio económico común de Lleida, con una visión estratégica clara, la puesta en marcha del área industrial de Torreblanca con 400 hectáreas de suelo de alto valor añadido.

                      Pero si algo hay que destacar en este artículo de opinión, es la cultura emprendedora de la ciudad de Lleida, donde cuenta con empresas referentes del sector agroalimentario y de la fruta con vocación internacional y con un alto compromiso con la innovación y la investigación.

                      Este intercambio y transferencia del conocimiento que nos aporta la Universitat de Lleida, es fundamental para el desarrollo de proyectos empresariales innovadores, desde un ámbito del emprendimiento, muchas veces basado en un modelo startup con talento local y con proyección internacional.

                      La enseñanza basada en la excelencia y los dobles grados que aporta la Universitat de Lleida, hace crecer el territorio, mejora su estrategia y conocimiento y por supuesto, eleva el nivel de un gran activo para posicionar la ciudad como es también la cultura. Todo un ejemplo de impulso a la economía regional, siempre con visión a largo plazo y pensando en las oportunidades de los jóvenes.

                      Miguel Luis Lapeña Cregenzán. Embajador Europeo por el Pacto Climático. Director Adjunto de Promoción de la Ciudad del Ajuntament de Lleida.