miércoles, enero 14, 2026
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Resiliencia y economía digital: la red estaba ahí

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Leonard Pera

Sin buena conectividad no hay digitalización, no hay sociedad de la información, y durante los últimos meses no habría habido prácticamente nada.

La crisis del Coronavisus ha supuesto una prueba de fuego para muchos servicios de nuestro país, los servicios sanitaros, los servicios de mensajería, la distribución de alimentación y la educación. Pero hay uno que era la base de todos los demás, un servicio que si no hubiera funcionado correctamente habría afectado a toda la sociedad. Son la electricidad y las telecomunicaciones.

La electricidad no ha sufrido una tensión insuperable. La parada de la producción industrial ha dejado el consumo eléctrico en mínimos históricos y si bien es cierto que el consumo ha cambiado de patrón. Los hogares no han supuesto in incremento tan espectacular.

No sabemos lo que hubiera pasado si el confinamiento hubiera pasado en julio o agosto con los aires acondicionados de los hogares a máximo rendimiento. Pero las redes de comunicaciones han visto como su uso se multiplicaba y cambiaba de patrones de consumo geográficos y horarios. Todo a la vez.

Las zonas de negocios de las grandes ciudades con extensos cableados de fibra óptica preparados para atender a las empresas y todos los trabajadores en pleno uso de datos han quedado vacías y a la vez las redes de las zonas residenciales, preparadas para un consumo en horario nocturno y en fin de semana, es decir fuera de los picos se han visto sometidas a la presión más grande imaginable.

A la misma hora, una hora no prevista había hogares con dos miembros teletrabajando o viendo contenido de ocio online y a la vez con infinidad de videoconferencias tanto para educación como para relaciones familiares. ¿Y qué ha pasado?. Nada.

Nos parece lo normal pero no lo es. No queda tan lejos el tiempo en que las llamadas no salían en nochevieja, en donde en las zonas turísticas hay problemas de cobertura en verano o cuando en las grandes manifestaciones o eventos deportivos las redes móviles simplemente se colapsan y dejan de funcionar durante horas.

¿Se imaginan lo que hubiera pasado si esto llega a ocurrir? Las empresas sin poder teletrabajar porque la red no funcionaba, los estudiantes sin poder asistir a sus clases porque la red no funcionaba o las familias decidiendo volver a la llamada tradicional porque las videollamadas de WhatsApp simplemente no entraban.

En la crisis del 2008 se universalizó un concepto hasta entonces reservado a los experto financieros que eran los stress test. En tecnología lo usábamos desde hace años. A los sistemas había que probarlos en las situaciones críticas, con sistemas de backups, redundado y hasta en muchas ocasiones con tercera opción viable.

Recuerdo en T-Systems hace años como nos estábamos a idear como poner en las máximas dificultades la tienda online de una conocida marca de ropa española. poniéndonos en el peor de los escenarios para garantizar que el sistema saldría airoso.

Las nuevas redes New Generation Networks, y las SDN Software Design Networks han sido los que han permitido pasar con éxito este gran examen en tiempo real. Sistemas de escalado, virtualización, cloud.

En España tenemos una de las mejores redes de fibra óptica del mundo y a Telefónica como operador principal que es uno de los lideres a nivel mundial, pero también un sector robusto y competitivo que ha creado infraestructuras alternativas de la mano de Vodafone, Orange, BT, Colt o NTT. Tienen redes con el máximo nivel de calidad con proveedores de los más avanzados del mundo como Cisco o Huawei.

A veces es el momento de estar orgulloso. Y este es uno de esos momentos. En el momento en que más la necesitábamos la red ha estado ahí.

Leonard Pera, Director Transformación Digital Open-Ideas. Member of the Board International Telecommunications User Group

Una economía más competitiva, resiliente, inclusiva y verde.

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Timmermans

La crisis del coronavirus estalló de repente, y sorprendió a muchos desprevenidos. Pero no se puede decir lo mismo de los principales desafíos climáticos y de biodiversidad a los cuales nos  enfrentamos: hace tiempo que la ciencia ha dejado muy clara la necesidad de tomar más medidas urgentes.

La pandemia del coronavirus ha provocado la mayor conmoción económica y social en muchas  generaciones. A medida que empezamos a controlar mejor la emergencia sanitaria, tenemos que iniciar la ingente tarea de reconstruir nuestras economías y reparar el enorme daño que ha provocado esta crisis en nuestras sociedades, trabajadores y empresas, aseguran Frans Timmermans y Fatih Birol.

La crisis del coronavirus estalló de repente, y sorprendió a muchos desprevenidos. Pero no se puede decir lo mismo de los principales desafíos climáticos y de biodiversidad a los cuales nos  enfrentamos: hace tiempo que la ciencia ha dejado muy clara la necesidad de tomar más medidas urgentes.

A medida que los países de Europa y de más allá de nuestras fronteras  se recuperan de la crisis actual, tenemos, al mismo tiempo, que reparar nuestras economías y nuestro planeta. Nuestra salud y bienestar dependen de ello.

Tenemos que evitar pasar de las cuarentenas y el sonambulismo a un “encierro” perjudicial, de tecnologías obsoletas y contaminantes, de modelos de negocio trasnochados, del siglo pasado.

Si vamos a poner a disposición billones de euros para la recuperación, gastemos bien e invirtamos en una economía limpia, competitiva, “resiliente” e inclusiva para el siglo XXI.

Una economía más “verde” que fomente nuevos empleos “limpios”

El impulso está ahí. Antes de la crisis de la COVID-19, las ciudades de Europa pedían inversiones ecológicas, las empresas lo programaban y los ciudadanos se manifestaban por las calles reclamándolo.

Europa hizo del Pacto Verde su máxima prioridad hace muy pocos meses, y ahora promete una recuperación verde. Pero no es un lujo. Es la espina dorsal de su respuesta a la crisis. ¿Pero por qué y cómo?. En pocas palabras: porque todavía tiene lógica desde el punto de vista económico y ambiental.

En Europa, como en muchas otras partes del mundo, invertir en tecnologías de energía limpia, en transportes e industrias limpias es una forma de crear puestos de trabajo locales bien remunerados que impulsen el crecimiento económico.

Además, esas inversiones nos ayudarán a poder cumplir más rápido con nuestros objetivos internacionales en materia climática y ambiental, y a hacer que nuestras economías sean más resistentes ante futuras crisis. En la mente de muchos en Europa, el recuerdo del colapso económico de 2008 y 2009 se resume en que “los bancos fueron rescatados y la población no ganó nada”.

Esta vez, tenemos que conseguir mucho más que simplemente apuntalar un antiguo sistema; debemos construir uno nuevo que beneficie directamente a nuestros ciudadanos y a sus hijos.

Tenemos que dedicar nuestros recursos a proyectos viables, que aporten beneficios tanto a corto como a largo plazo, como la renovación de viviendas, la infraestructura de energía limpia y el transporte bajo en carbono.

Una “ola” de edificios más limpios y sostenibles

Los edificios siguen representando más de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE, y muchos europeos luchan por pagar sus facturas de energía en casas mal aisladas con sistemas de calefacción contaminantes.

Se puede ayudar al sector de la construcción, con sus 15 millones de empleados directos e indirectos, a volver a ponerse en pie, con una ola de renovación que haga más limpias y sostenibles nuestras casas y edificios públicos.

Los proyectos de renovación se pueden implementar rápidamente. Cerca del 60% del gasto en modernización para la eficiencia energética del hogar iría directamente para los trabajadores locales de la construcción, según apunta un análisis de la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

Centrar el esfuerzo en las viviendas sociales, escuelas, hospitales y otras infraestructuras de elevado impacto podría dinamizar a las comunidades más afectadas y contribuir sensiblemente a la recuperación económica.

Autobuses y tranvías de hidrógeno y “renacimiento” del tren

Otro ejemplo es el sector del transporte. Los programas de desguace para incentivar las compras de vehículos limpios, junto con la inversión en una red europea de puntos de recarga eléctrica, darían un gran impulso a la industria automotriz afectada y (potenciarían) el paso a vehículos menos contaminantes.

Las inversiones en sistemas de transporte urbano seguro y limpio, incluidos los autobuses y tranvías de hidrógeno, y un “renacimiento” de los viajes en tren ayudaría a aquellos que no pueden permitirse comprar un vehículo, o para quienes la compra de un coche ha dejado de ser una prioridad.

A medida que salimos de la crisis, tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para ayudar a las regiones mineras de carbón e intensivas en carbono a prepararse para su futuro en un sistema energético cada vez más limpio y sin carbono.

La recuperación verde europea no debe dejar a nadie atrás. Las inversiones en energía limpia deben estar en el eje de la recuperación si queremos mantener el impulso climático y apoyar a la industria europea.

Electrolizadores de hidrógeno y baterías de iones de litio

La energía eólica y la solar deberían beneficiarse de un importante apoyo de la UE. Y dos elementos nuevos importantes en el avance de la energía limpia: electrolizadores de hidrógeno y baterías de iones de litio, ya están a punto de convertirse en las tecnologías innovadoras de la década.

Estas tecnologías deberían desempeñar un papel clave en el refuerzo del transporte y la industria de Europa a medida que el continente emerge de la crisis y busca desarrollar nuevas manufacturas superiores para la exportación. Si la UE logra aprovechar esta oportunidad, conseguirá una ventaja competitiva en los mercados mundiales.

Para lograrlo, los líderes europeos, las empresas y los ciudadanos deben ser audaces y valientes. Hemos demostrado que podemos adaptarnos a las nuevas realidades durante la crisis del coronavirus.

Es momento de demostrar que también podemos construir una nueva realidad. Miremos más allá del mundo que conocíamos y comprometámonos con el mundo que queremos ver.

Ha llegado la hora.

(*) Frans Timmermans es Vicepresidente de la Comisión Europea, y Fatih Birol es Director Ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía AIE).

Fuente y fotos Agencia EFE.

Esta tribuna se publicó simultáneamente, en exclusiva, en inglés en el portal EURACTIV.com (EA.com), socio de EFE, y en otros portales miembros de la red paneuropea de EA.com.

Is Covid-19 really helping the climate?

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ESG

Covid-19 is not helping the climate, but it is reshaping the power sector and revealing the strength of ESG funds.

The biggest story this week was about how Covid-19 is not helping the climate after all. Yes, we have seen a big drop in CO2 emissions during the lockdown, but the first peer-reviewed analysis shows that it is not happening where it really matters, i.e. in the energy production. 

What we’ve seen is what happens if we all stop doing what we’re doing (no flying and no driving), and it’s not having a very big impact. And it won’t last.

In a very good article in Quartz, Leah Stokes, a political scientist with a focus on energy policy at the University of California, was quoted saying:This really shows the potential limits that extreme measures can deliver with the current energy mix. This is the upper bound of what we can achieve with changes to individual behavior.”

We need structural changes, not individual (non-)actions

Another good piece on this was published by Forbes. Here, the study’s lead author, Corinne Le Quéré, was quoted saying:

“The decreases are likely to be temporary (…) as they do not reflect structural changes in the economic, transport, or energy systems.”In a way, the lockdown has been a full-scale live test of what will happen if climate strikers get their will. 

Focusing on individual behavior is clearly not the solution. What we need in order to combat climate change is structural changes to our energy system. Not lockdowns. Not stay-at-home campaigns. Not no-fly movements.

Read my article on why flying isn’t the source of our global warming problems here.

The power sector after Covid-19

While the fall in emissions during the coronavirus is no cause for celebration in itself, there are a number of climate positives coming from it nonetheless.

First of all, the huge power demand plunge will help reshape energy markets. 

As reported in this piece from Bloomberg, the prolonged slowdown will increase economic pressure on older, uneconomic power plants – especially those that burn coal – and help speed the transition toward cleaner and cheaper wind and solar. 

ESG continues to gain ground

Another positive story is that ESG funds continue to gain ground. 

Not many ESG fund managers set out to protect investors from a global pandemic. But their funds have nevertheless proven resilient during the subsequent market collapse. 

With the benefit of hindsight, it’s easy to see how fund managers avoided risk by using ESG scores as a proxy for well-managed, adaptable companies, or planning for an existential climate shock.

Read the Bloomberg story here.

Hurricanes really are getting stronger

Finally, if we had somehow forgotten about the severity of the climate crisis, a new study on hurricanes woke us up. 

The study shows that with 95% confidence the tropical cyclones have gotten significantly stronger in the era of most intense climate change. 

And so, more tropical cyclones are becoming hurricanes. And more hurricanes are becoming “major hurricanes.”

Enjoy the reading and stay safe!

Best regards,

Author: Sasja Beslik via esgonsunday

Un ‘new deal’ ibérico para el periodismo y la comunicación

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Juan Carlos Blanco

El Green New Deal al que aspiramos, también necesita un ecosistema de la información más sano y más robusto. Para lograrlo, necesitaremos tener medios de comunicación fuertes, empresas socialmente comprometidas que sean capaces de transmitir sus valores y ciudadanos críticos y exigentes a los que no se les pueda engañar con un simple mensaje de whatsapp.

Recientemente he leído un par de entrevistas en El País con Ana Botín, presidenta del Banco Santander, y con Ignacio S. Galán, presidente de Iberdrola, en las que ambos coinciden en hacer hincapié en la necesidad de un nuevo contrato social (Botín) y un green deal europeo (Galán) que nos permitan superar las consecuencias del descalabro económico fruto de la pandemia del coronavirus. Estas ideas no son sólo suyas, pero es importante que dirigentes participen en este debate por su extraordinaria influencia en el mundo de las empresas y en el de las finanzas.

Tanto el Santander como Iberdrola son destacadas entidades de ese parque cerrado de grandes corporaciones que influyen en la agenda del país. Y más allá de maniqueísmos de corto alcance, es muy relevante que asuman el papel de fuerzas tractoras de este new deal ibérico que los distintos gobiernos describen como un gran ejercicio de reconstrucción nacional.

Pongámonos en el caso de que este debate sigue adelante y que nos ponemos a preparar entre todos el orden del día de ese nuevo gran pacto político, social y económico. Pues bien, en él, y quizás por deformación profesional, me gustaría que se incluyera un punto esencial para que ese new deal sea algo más que una declaración rimbombante y efectista sin consecuencias prácticas: el de la necesidad de trabajar para que éste llegue también al periodismo y a la comunicación.

En un mundo que, pese a los augurios apocalípticos, seguirá más o menos igual de globalizado como el de antes del coronavirus (salvo que el virus sea capaz de  inutilizar los cables submarinos de Internet que han convertido el planeta en una urbanización al alcance de un click), suena pueril pretender que España aporte por sí sola soluciones locales a un problema que es global.

Pero es cierto que, más allá de confrontaciones y polarizaciones domésticas, debemos esforzarnos para transmitir una imagen de marca de país seguro y con las ideas claras en los cuatro grandes pilares por los que se moverá el mundo: la innovación, la digitalización, sostenibilidad y la internacionalización. Y en eso, la comunicación y el periodismo son, como se dice ahora, actividades esenciales. Nos hace falta un nuevo relato de país y nos hacen falta profesionales que sepan contextualizar y enmarcar ese nuevo discurso para hacerlo creíble y para que conecte emocionalmente con los ciudadanos.       

Ahora bien , tanto en el periodismo como en la comunicación tenemos que solucionar antes nuestros problemas particulares si queremos ayudar aponer en marcha ese nuevo contrato social. Entre ellos, me quedo con tres para su discusión:

1. El futuro de los medios de comunicación tras el derrumbe del modelo de negocio basado en la publicidad y, en el caso de los periódicos, la venta de ejemplares de papel.

2. La importancia de trabajar, desde una comunicación corporativa comprometida con los valores sociales, la imagen de nuestras marcas para, así, poder colocarlas en esta nueva liga global 2030.

Y 3. Cómo afecta a nuestra capacidad de generar confianza un fenómeno que   aquí arrasa: el de las informaciones y las web falsas.

En todos los supuestos, las responsabilidades son compartidas y colectivas, pero se les debe exigir más a unos que a otros. Y es bueno que lo asumamos cuanto antes, porque este mundo nos va a exigir también nuevos sacrificios y compromisos.

Vayamos por partes:

En lo que se refiere a la crisis de la industria del periodismo, esa responsabilidad hay que pedírsela en primera instancia directamente a los ciudadanos. El derrumbe del modelo de negocio de los medios ya no es una hipótesis, sino un hecho. La publicidad se ha trasladado a los grandes gigantes sociales de la red (Google + Facebook) y los sistemas de pago por contenidos apenas acaban de arrancar en las grandes cabeceras.

Los españoles requieren información de calidad, básica para combatir la desinformación, y baten records de visitas en los portales de los principales medios, pero, después de treinta años de gratis total en los periódicos, aún no acaban de asumir que, si quieren periodismo de calidad, tendrán que pagar por él. Como consecuencia, el mercado periodístico se cae, las cabeceras sufren y la información se precariza y genera desconfianza.

Pues bien, o los lectores se van comprometiendo pagando por algún periódico lo mismo que desembolsan diez euros por Netflix o por Spotify o no podrán reclamar (ni disfrutar) de un periodismo capaz de soportar las inevitables presiones que les lleguen desde la política, la empresa o el mundo de las finanzas y, de otra parte, de desenmascarar a los traficantes de infamias y de bulos.

En cuanto a la marca social de las empresas, a quienes hay que exigirle esa responsabilidad más directa es a quienes están en la cúspide de estas organizaciones: a sus dueños y altos directivos. Ya no vale usar la responsabilidad social corporativa como un cliché vacío que queda muy bien en los discursos y en las presentaciones de las memorias de sostenibilidad, pero que luego acaba en algo vaporoso.

La misma pandemia nos demuestra que, más allá de los prejuicios clásicos sobre ellas, la mayoría de las empresas ya es consciente de que sólo compartiendo y transmitiendo los valores sociales de la comunidad a la que sirve, podrá ganarse la confianza de los ciudadanos a quienes quiere vender productos, bienes o servicios. En una era de escrutinio global y transparencia forzada, las empresas no podrán optar a ser socialmente responsables. O lo son o, si no, el mercado las expulsará más temprano o más tarde. Y eso les obligará a trabajar mejor su reputación.

Y, por último, en relación con las noticias falsas, que nos afectan a todos, a quien primero hay que reclamarle responsabilidades es a las Administraciones y a los gobiernos, quienes deben asumir su rol capital a la hora de liderar una acción conjunta con las plataformas sociales para frenar un proceso de erosión de la credibilidad que pone en peligro el propio nivel de calidad de las sociedades democráticas.

En este nuevo orden social, las Administraciones deben comprender la magnitud de la cuestión (estamos ante el mayor vertido tóxico de informaciones falsas de la historia de la humanidad) y, abandonando tentaciones orwellianas, liderar un ambicioso frente de lucha que incluya en esta disputa a los propios medios de comunicación y también a las instituciones educativas y culturales del país.

Este new deal al que aspiramos necesita un ecosistema de la información más sano y más robusto. Y para lograrlo, necesitaremos tener medios de comunicación fuertes, empresas socialmente comprometidas que sean capaces de transmitir sus valores y ciudadanos críticos y exigentes a los que no se les pueda engañar con un simple mensaje de whatsapp.

El empeño no es fácil para quienes quieren un periodismo y un ejercicio de la comunicación corporativa que sean capaces de aportar un valor social, pero es el momento de afrontarlo, ahora que hablamos tanto de este new deal peninsular.   Entre otras razones, porque quizás no tengamos ya otra opción si no queremos perder más trenes hacia la modernidad o hacia donde quiera que vaya la sociedad que saldrá de la pandemia de la COVID-19.         

Autor: Juan Carlos Blanco, periodista y formador

La empresa ante el reto de la resiliencia climática

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resiliencia climática

En los últimos cinco años, las empresas han intensificado los esfuerzos para abordar el desafío climático, dando pasos firmes para reducir las emisiones y limitar el calentamiento de acuerdo con los objetivos del Acuerdo de París. La crisis del COVID19 demuestra que no es suficiente.

Si bien debemos continuar implementando todos los esfuerzos posibles para limitar el calentamiento global y reducir las emisiones a la velocidad y escala adecuadas, también debemos centrarnos en adaptarnos a los cambios que ya están aquí, mientras nos preparamos simultáneamente para los cambios ambientales, regulatorios y económicos significativos que es probable que surjan en el futuro cercano.

Así de contundente es el informe “Thriving through the transformation” publicado por el World Business Council for Sustainable Development, y diseñado para proporcionar una visión y un lenguaje comunes sobre lo que significa “resiliencia climática” para las empresas y el papel que debe desempeñar el sector privado. Un documento que pretende ser una llamada a la acción para que la comunidad empresarial duplique sus esfuerzos en conseguir esa resiliencia, y también para que el sector público fortalezca las colaboraciones de beneficio mutuo con el sector privado.

Solo trabajando juntos podremos adaptarnos y aumentar nuestra capacidad de recuperación al cambio climático.

¿Qué se entiende por resiliencia climática?

El cambio climático ya ha desplazado a más de 22.5 millones de personas. A la vez, más de 800 millones de personas carecen de alimentos suficientes y más de un millón de especies animales están en peligro de extinción.

Existe una necesidad urgente de que los gobiernos y el sector privado emprendan una acción climática audaz para reducir drásticamente las emisiones y hacer la transición a un mundo de emisiones netas cero que esté alineado con el escenario de 1.5 ° C del Acuerdo de París.

Al mismo tiempo, la resiliencia climática se enmarca cada vez más dentro de la necesidad de proteger también la naturaleza y lograr comunidades resilientes.

De hecho, el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) depende de nuestra capacidad de conectar el clima, la naturaleza y las personas para asegurar un futuro resiliente para todos.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) define la resiliencia y la adaptación como la capacidad de los sistemas sociales, económicos y ambientales para hacer frente a un evento peligroso, tendencia o perturbación, respondiendo o reorganizándose de manera que mantengan su función, identidad y estructura esenciales, mientras conservan también la capacidad de adaptación, aprendizaje y transformación.

La resiliencia climática requiere que las organizaciones desarrollen capacidad de adaptación para responder al cambio climático, gestionando mejor los riesgos asociados y aprovechando las oportunidades.

Para el Grupo de trabajo sobre divulgaciones financieras relacionadas con el clima (TCFD) la resiliencia climática requiere que las organizaciones desarrollen capacidad de adaptación para responder al cambio climático, gestionando mejor los riesgos asociados y aprovechando las oportunidades. Entre esas oportunidades se encontrarían la capacidad para responder a los riesgos de transición y los riesgos físicos, la mejora de la eficiencia, el diseño de nuevos procesos de producción o el desarrollo de nuevos productos.

¿Qué estrategia deben seguir las empresas?

La resiliencia empresarial al cambio climático pasa por prepararse para los riesgos físicos asociados a él y, al mismo tiempo, para alcanzar un futuro de emisiones netas. Una empresa verdaderamente resiliente también trabaja para proteger la naturaleza y lograr comunidades resilientes, y debe ir más allá de las respuestas a eventos climáticos extremos y la interrupción de la cadena de suministro y considerar los cambios transformadores y los riesgos de transición asociados necesarios para lograr la resiliencia climática.

Aspectos para conseguir la resiliencia empresarial al cambio climático. Fuente: Traducción de “Thriving through the transformation”.

El primer aspecto de la resiliencia empresarial está relacionado con la continuidad. La planificación de continuidad, vinculada a la severidad y probabilidad del riesgo, establece planes para que una empresa resista y absorba los choques climáticos, se recupere y luego regrese a las operaciones normales lo antes posible.

Las acciones específicas para mejorar la continuidad pueden incluir el desarrollo de contingencias operativas y de abastecimiento, la implementación de protección de la infraestructura, la creación de cadenas de suministro flexibles y adaptativas, y el análisis predictivo para futuras crisis.

A medida que aumenten los impactos del cambio climático, se producirán importantes cambios ambientales, sociales, culturales y económicos, impulsados por la priorización de las actividades económicas, y elbusiness as usual  ya no será una opción viable. Para garantizar un mayor grado de fiabilidad, adaptación y flexibilidad, las empresas a necesitarán soluciones innovadoras y disruptivas.

Como resultado, el segundo aspectde la resiliencia empresarial estará relacionado con la posible transformación de los modelos de negocio. Las medidas de transformación siempre necesitarán involucrar la función de planificación estratégica y deberán aplicarse a los modelos de negocio y la dirección estratégica.

Por lo tanto, las empresas deberán considerar diferentes horizontes de tiempo y la gestión del riesgo físico y el desarrollo estratégico alineados con la resiliencia y las cero emisiones. Para ilustrar ejemplos de estrategias, el informe nos expone los casos de empresas como Enel, Tata, CocoaCloud u Olam.

Los 3 claves para lograr la resiliencia climática.

La resiliencia climática de las empresas pasa por desarrollar e implementar estrategias que aborden la mitigación, la adaptación y la transformación. Si una empresa progresa en sus esfuerzos de mitigación, se vuelve menos vulnerable a los riesgos disruptivos, como las políticas y medidas legales, la escasez de recursos o la evolución del mercado.

A largo plazo, los esfuerzos de mitigación climática permitirán a las empresas reducir el costo de la adaptación a los impactos físicos relacionados con el clima. La mitigación es probablemente el impulsor del aumento de los compromisos de acción climática que las compañías están haciendo en todo el mundo, y muchas empresas ya están tomando medidas concretas.

Las empresas deben asegurarse de evaluar los riesgos físicos relacionados con el clima a lo largo de las operaciones, las cadenas de suministro y en las comunidades en las que operan. Marcos específicos como el marco COSO y WBCSD21 destinados a aplicar la gestión de riesgos empresariales a los riesgos relacionados con ESG, ayudan a las empresas a identificar y gestionar nuevos riesgos y oportunidades, incluidos los relacionados con los impactos físicos del cambio climático.

las empresas deberán fomentar medidas que otorguen prioridad política y económica a las actividades con los mejores resultados para la sociedad y el medio ambiente.

Las conexiones, dependencias e interrelaciones entre el clima y la sociedad, el clima y la naturaleza y el clima y el desarrollo sostenible aumentarán la presión pública sobre el verdadero propósito de las actividades comerciales y el papel de las empresas en la sociedad. Por tanto, las empresas deberán fomentar medidas que otorguen prioridad política y económica a las actividades con los mejores resultados para la sociedad y el medio ambiente.

Llamada a la acción para las empresas y los políticos.

Aquellas empresas que incorporen la resiliencia climática se beneficiarán de importantes propuestas de valor y diferenciadores estratégicos, mientras lideran activamente la transición a un futuro de cero emisiones.

Por su parte, los encargados de formular políticas deben aumentar de manera proactiva las medidas reguladoras y los incentivos para eliminar los riesgos y descarbonizar las economías de acuerdo con las necesidades del Acuerdo de París. Una urgencia como la que provoca el desafío climático requiere que los gobiernos lideren el apoyo a las empresas y la sociedad en la transición a un mundo de cero emisiones netas.

Para lograr lo anterior, las empresas y los gobiernos pueden trabajar cada vez más juntos para desarrollar las soluciones adecuadas para impulsar la ambición y lograr la descarbonización rápida y profunda de la economía global. El informe desarrolla una serie de acciones a realizar tanto por las empresas como por los políticos, y que pueden verse resumidas en el siguiente cuadro.

Llamadas a la acción para conseguir la resiliencia climática. Fuente: Traducción de “Thriving through the transformation”.

También, explica los casos de éxito de empresas de diversos sectores como Veolia, Votorantim o Aditya Birla Group, implementando alianzas o realizando prácticas sostenibles en todas sus operaciones.

Albert VIlariño, consultor en Responsabilidad Social Corporativa, Reputación y Comunicación Corporativa, Gestión de Riesgos Empresariales, e Inclusión Sociolaboral de personas con discapacidad en la RSC de las empresas.

Tecnología Blockchain para el reciclaje de residuos agrícolas

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La trazabilidad que ofrece el Blockchain ayuda a conocer con exactitud todo el proceso por el que pasa un envase agrícola, asegurando que cumple con la normativa internacional y no se manipula en el proceso de recogida, transporte y recepción.

El crecimiento mundial de población y la globalización ha generado un elevado crecimiento en la demanda de productos vinculados a la producción agroalimentaria y con ello a la utilización masiva de fertilizantes y productos relacionados con los mismos. Esta evolución supone la generación de miles de toneladas de residuos de envases que, hasta hace unos años, se desechaban o directamente abandonaban en las explotaciones agrícolas, con un impacto irreversible sobre el medio ambiente.

Signeblock, compañía especializada en transformación digital y en soluciones de digitalización basadas en Blockchain y Heura consultoría medioambiental especializada en el desarrollo de Sistemas de Responsabilidad Ampliada del Productor y AEVAE, asociación sin ánimo de lucro que engloba a fabricantes de fertilizantes y productos relacionados, han puesto en marcha una solución para la trazabilidad y optimización de la gestión de envases utilizados en los procesos agrícolas. Fomentan así la incorporación de más productores, agricultores y otros agentes al proceso, potenciando la protección del medio ambiente y la generación de modelos eficientes de economía circular.

Heura junto con 25 fabricantes de productos fertilizantes y/o agroquímicos ha ejecutado el diseño, la implantación y la gestión de un sistema de responsabilidad ampliada del productor para los residuos de envases que genera el uso de sus productos. Este sistema se denomina AEVAE, y actualmente está formado por 48 fabricantes de estos productos.

En base a ello, AEVAE es una Asociación sin ánimo de lucro constituida en 2016 con la finalidad de implantar y gestionar a nivel nacional un Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada (SCRAP) para residuos de envases agrarios que implica a fabricantes, envasadores y distribuidores de productos de uso agrícola, para garantizar la recogida y correcta valorización de los residuos de envases generados, evitar su desecho incontrolado y ofrecer alternativas para volver a introducir en el sistema productivo el material plástico recuperado, generando un modelo claro de economía circular.

La colaboración con Signeblock y el uso de Gouze, su plataforma de trazabilidad de activos basada en Blockchain, permite a AEVAE incorporar a estos procesos de gestión medioambiental los beneficios de esta tecnología y fomentar así el impacto de los sistemas que pretenden garantizar el cumplimiento de la responsabilidad asociada a la fabricación de fertilizantes y productos asociados.  

La trazabilidad y transparencia que ofrece Blockchain, junto con el hecho de tratarse de una solución PaaS (Platform as a Service) accesible por todos los actores, ayuda a conocer con exactitud todo el proceso por el que pasa un residuo, asegurando que cumple con la normativa internacional y facilitando su trazabilidad por todas las partes implicadas en el proceso.

Es una solución integral que permite, no sólo identificar los residuos de forma unívoca, sino que sus características y geolocalización se incorporen a Blockchain, permitiendo su seguimiento de forma ágil, segura e inalterable por todos los agentes, ya sean fabricantes, envasadores o distribuidores, implicados en la gestión de residuos originados en los procesos productivos.

La solución implica a todos los actores. Los puntos de compra o de recogida de envases agrícolas dispuestos por AEVAE para que los agricultores entreguen los envases utilizados son los que activan las solicitudes de recogida. Los envases recibidos se acumulan en sacas, que son identificadas de forma única y sobre las cuales se aporta información básica (como tipo de envase y peso) y se genera un código QR que se adhiere a cada una de ellas para su trazabilidad a lo largo de todo el proceso.

A partir de ahí, los transportistas, tanto en el proceso de recogida en origen como en de entrega en destino, utiliza los QR generados para transaccionan en Blockchain el usuario, la geoposición y el timestamp de ambas operaciones a través de la App de Gouze. En el centro de destino, se realiza el mismo proceso de escaneado de los QR de cada saca tanto para recoger la geolocalización y su “timestamp” como el peso de cada una de ellas y poder así comparar con el peso inicial en origen.

La irrupción de nuevos habilitadores digitales supone un punto de inflexión significativo en las posibilidades de trazabilidad en el ámbito logístico, proporcionando en cualquier sector de actividad información precisa y en tiempo real sobre los procesos de tránsito de mercancías y activos. 

En definitiva, Gouze permite que los flujos de información y logística confluyan y sean, las propias sacas de envases reciclados las portadores de su propia información, permitiendo llevar a cabo una trazabilidad completa de cada una de ellas a lo largo de todo el proceso, desde origen a destino, evitando cualquier tipo de fraude en la manipulación de los envases recogidos.  

Marta Gutiérrez, CEO de SigneBlock, explica la importancia de llevar el Blockchain al sector de tratamiento de residuos, potenciando el desarrollo de una economía circular: “se trata de incorporar la trazabilidad que nos ofrece la digitalización para contribuir a combatir el cambio climático.

Es necesario crear un sistema de producción sostenible, gestionando la información vinculada al residuo en todas las etapas de la cadena de suministro, de forma ágil y segura, optimizando dicho tratamiento, verificando el cumplimiento de la normativa vigente por cada entidad responsable y permitiendo a todos los implicados trazar el tratamiento que cada residuo ha seguido y evitar cualquier tipo de fraude o manipulación de los mismos.”.

Jose Guaita, CEO de Heura, manifiesta la necesidad de que los fabricantes gestionen sus residuos a través de un SCRAP (sistema de responsabilidad ampliada del productor) para así poder beneficiarse de la aplicación de estas nuevas tecnologías: “Asociarse con otros fabricantes da a las empresas una herramienta de gestión que, además de ayudar a la empresa a cumplir con las obligaciones medioambientales, también les ayuda a certificar el correcto tratamiento medioambiental de sus residuos a través de nuevas tecnologías como el Blockchain. Los fabricantes pueden observar en todo momento el viaje de sus envases durante la vida útil de los mismos hasta el reciclaje.

Fuente: Revista Técnica del Medio Ambiente Foto. https://www.blockchaineconomia.es/blockchain/



Estrategia europea para la biodiversidad 2030

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biodiversidad

La Comisión Europea ha adoptado dos nuevas estrategias para trabajar conjuntamente hacia un futuro competitivo y sostenible. Su objetivo es fortalecer la resistencia de nuestras sociedades a futuras pandemias y amenazas como los impactos climáticos,

En línea con el Pacto Verde Europeo, la Comisión Europa ha propuesto la ‘Estrategia integral de biodiversidad para devolver la naturaleza a nuestras vidas‘ y la ‘Estrategia de la granja a la mesa para un sistema alimentario justo, saludable y respetuoso con el medio ambiente‘.

Con ella, la institución comunitaria propone uan serie de acciones y compromisos ambiciosos por parte de la UE para frenar la pérdida de biodiversidad en Europa y en todo el mundo. Su objetivo, transformar nuestros sistemas alimentarios en estándares globales para la sostenibilidad competitiva, la protección de la salud humana y mundial, así como el sustento de todos los actores en la cadena de valor alimentaria.

En las últimas décadas, la alteración do los ecosistemas naturales, ha provocando una mayor pérdida de biodiversidad y el derrumbe de las barreras naturales que protegen nuestra especie y al conjunto de formas de vida. La alteración de las áreas de distribución de especies, por ejemplo, está facilitando la transmisión de patógenos y, por tanto, un mayor riesgo de aparición de pandemias.

Estrategia de Biodiversidad

La nueva Estrategia de Biodiversidad aborda los impulsores clave de la pérdida de biodiversidad, como el uso no sostenible de la tierra y el mar, la sobreexplotación de los recursos naturales, la contaminación y las especies exóticas invasoras.

La estrategia es un elemento central del plan de recuperación de la UE para prevenir y desarrollar la resiliencia ante brotes futuros y proporcionar oportunidades comerciales y de inversión inmediatas para restaurar la economía de la UE. También tiene como objetivo hacer que las consideraciones sobre biodiversidad sean una parte integral de la estrategia general de crecimiento económico de la UE.

La estrategia propone, entre otras cosas, establecer objetivos vinculantes para restaurar los ecosistemas y ríos dañados, mejorar la salud de los hábitats y especies protegidas de la UE, reducir la contaminación, ecologizar nuestras ciudades, mejorar la agricultura orgánica y otras prácticas agrícolas respetuosas con la biodiversidad, y mejorar la salud de los bosques europeos.

La estrategia presenta pasos concretos para poner la biodiversidad de Europa en el camino hacia la recuperación para 2030, incluida la transformación de al menos el 30% de las tierras y mares de Europa en áreas protegidas administradas de manera efectiva y la recuperación de al menos el 10% del área agrícola bajo características de paisaje de alta diversidad.

Las acciones previstas en la protección de la naturaleza, el uso sostenible y la restauración traerán beneficios económicos a las comunidades locales, creando empleos sostenibles y crecimiento. Se desbloqueará una financiación de 20.000 millones de euros anuales para la biodiversidad a través de diversas fuentes, incluidos fondos de la UE, financiación nacional y privada.

Según el programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) el 60% des las enfermedades infecciosas humanas tiene origen animal, un porcentaje que llega hasta el 75% en el caso de las enfermedades llamadas “emergentes” como el ébola, el VIH, las gripes aviarias, el SRAS o el zika. Muchos científicas coinciden en que la pérdida de biodiversidad provoca un aumento en el riesgo de transmisión de estas enfermedades zoonóticas, es decir enfermedades que se transmiten de animales a seres humanos.

La desaparición de especies dentro de un ecosistema altera el funcionamiento de dicho ecosistema, e influye en la transmisión de patógenos. Si se preserva la biodiversidad, para que exista una mayor diversidad de especies, esto provoca un efecto de dilución. Por un lado se aumenta el número de especies en la cadena de contagio y por otro lado se produce un efecto cortafuegos natural provocado por una alta diversidad genética.

De la granja a la mesa

La estrategia ‘Farm to Fork’ (de la granja a la mesa) permitirá la transición a un sistema alimentario sostenible de la UE que salvaguarde la seguridad alimentaria y garantice el acceso a dietas saludables provenientes de un planeta saludable, y reducirá la huella ambiental y climática del sistema alimentario de la UE.

La estrategia ‘Farm to Fork’ (de la granja a la mesa) permitirá la transición a un sistema alimentario sostenible de la UE que salvaguarde la seguridad alimentaria y garantice el acceso a dietas saludables provenientes de un planeta saludable, y reducirá la huella ambiental y climática del sistema alimentario de la UE.

La estrategia establece objetivos concretos para transformar el sistema alimentario de la UE, incluida una reducción en un 50% del uso y el riesgo de pesticidas, una reducción en al menos un 20% del uso de fertilizantes, una reducción en un 50% en las ventas de antimicrobianos utilizados para animales de granja y acuicultura, y alcanzar el 25% de las tierras agrícolas bajo agricultura ecológica, y otras medidas como el etiquetado mejorado para satisfacer mejor las necesidades de información de los consumidores sobre alimentos saludables y sostenibles.

Los agricultores, pescadores y productores acuícolas europeos recibirán apoyo de la Política Agrícola Común y la Política Pesquera Común a través de nuevas fuentes de financiación y esquemas ecológicos para adoptar prácticas sostenibles. Hacer que la marca europea sea sostenible abrirá nuevas oportunidades de negocio y diversificará las fuentes de ingresos para los agricultores y pescadores europeos.

Como partes centrales del Pacto Verde Europeo, las dos estrategias también apoyarán la recuperación económica. En el contexto del coronavirus, su objetivo es fortalecer la resistencia de nuestras sociedades a futuras pandemias y amenazas como los impactos climáticos, incendios forestales, inseguridad alimentaria o brotes de enfermedades, incluso mediante el apoyo a prácticas más sostenibles para la agricultura, la pesca y la acuicultura y abordando la protección de la fauna y el comercio ilegal.

Fuentes: Comisión Europea, La Vanguardia, Construible.es

Teletrabajo y sostenibilidad de las organizaciones: Compromiso, Colaboración y Comunicación

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Teletrabajo

El mantenimiento del puesto de trabajo es probablemente el factor de seguridad más importante y las empresas e instituciones tienen que implementar una reingeniería de procesos para hacer sus organizaciones viables y eficientes.

El teletrabajo ha irrumpido de forma abrupta en el mercado laboral. La crisis del COVID19 ha impuesto sin transición nuevas formas de vivir y trabajar, y algunas de ellas han venido para quedarse. Una de ellas es teletrabajo, una tendencia que ya venía al alza, pero que tenía que romper con barreras y prejuicios en muchas organizaciones. El shock producido por el confinamiento del coronavirus ha forzado a adaptarse abruptamente a una nueva realidad que transformará culturas y procesos.

Nuestras empresas y organizaciones no volverán a ser igual, y constituye una oportunidad que debemos aprovechar para mejorar la productividad, competitividad y sostenibilidad de nuestras organizaciones.

La flexibilidad y adaptabilidad serán dos de los factores clave en el futuro de las organizaciones

En los últimos años el teletrabajo se abría paso lentamente en la cultura empresarial sobre todo entre las grandes empresas, aunque había gran resistencia entre las pymes. Parecía que la tradición del presncialismo estaba muy arraigada. La crisis del COVID19, nos ha forzado a trabajar en remoto, pero sin la preparación y la capacitación necesarias para implementar el teletrabajo en un aprendizaje a trompicones e improvisado.

Las empresas y los trabajadores han tenido que hacer un learning by doing (aprender mientras se hace) y no siempre en condiciones fáciles. Pero a pesar de los problemas y la falta de experiencia para millones de personas, la valoración es positiva y va a suponer un empuje definitivo a nueva cultura organizacional y del management de las organizaciones en los próximos años. Un impulso que hay que aprovechar para sentar las bases de un teletrabajo eficiente mediante la combinación inteligente entre comunicación, coordinación y socialización.

La flexibilidad y adaptabilidad serán dos de los factores clave en el futuro de las organizaciones. Implantar el teletrabajo requerirá aprender a gestionar los equipos con un enfoque más crítico, promoviendo el trabajo en equipo flexibles, cambiantes y desde diferentes lugares. Una realidad que nos interpela para aprovechar la tecnología de manera mucho más efectiva y que nos permita reaccionar y gestionar futuras crisis de forma más rápida y eficiente. Hay que aprovechar estos meses para medir y valorar el impacto, los beneficios funcionales y emocionales del teletrabajo, así como los problemas o ajustes que hay que realizar para evitar las largas jornadas.

Lo que no se mide no se puede valorar y mejorar. Si medimos y aprendemos de este proceso forzado de teletrabajo de los últimos meses, podemos sacarle mucho más partido, con una mayor productividad y permitiendo conciliar mejor la vida laboral y personal además de disminuir los desplazamientos y contribuyendo a un desarrollo más sostenible.

Una tendencia al alza en los últimos años

Diversas investigaciones en los últimos años mostraban ya los avances y beneficios del teletrabajo. Una de ellas publicada en 2012 a una gran multinacional china, mostraba que quienes trabajan desde sus casas presentan un 50% menos de desgaste laboral y un aumento de su satisfacción laboral. Aunque algunos empleados admitían distraerse con actividades de entretenimiento o tareas domésticas, eso no hacía disminuir su productividad, sino que aumentaba el rendimiento al liberarse del stress al poder permitirse momentos de distensión para trabajar con mayor eficacia.

Por su parte, Harvard Business Review publicaba en las mismas fechas una investigación del consultor de negocios Scott Edinger, que mostraba que los teletrabajadores optimizan el uso del tiempo y aprovechan al máximo sus oportunidades de comunicarse con sus compañeros. Otra encuesta de la agencia de noticias Reuters orientada al sector de negocios, indicaba que el 65% de los entrevistados respondía que los teletrabajadores eran más productivos al tener horarios flexibles y gestionar mejor su tiempo. Empresas como Cisco, obtenían datos semejantes en una consulta a 2.000 de sus trabajadores en el que el 69% afirmaba que era más productivo cuando trabajaba de forma remota, y el 67% aseguró que la calidad general de su trabajo mejoró cuando trabajaba a distancia.

Las tendencias eran claras, y los datos mostraban que el teletrabajo aumenta la productividad un 13% siendo un beneficio tanto para la empresa como para el colaborador, siempre que se hiciera con método, hábitos y las herramientas adecuadas para su implementación. En el mercado existen numerosa oferta de herramientas tecnológicas para gestionar un grupo de trabajo virtual con eficiencia que permiten conocer el estado de las tareas de todos los empleados en tiempo real, administrar el estado de los proyectos y el flujo de tareas, y ofrecer feedback en tiempo real.

Las 3C’s: Compromiso, Colaboración y Comunicación

Aunque el 80% de las empresas ha tratado de adaptar su actividad para no parar frente al coronavirus potenciando el teletrabajo, el margen de mejora que hay es enorme. Según el Banco de España, hasta un 30,6% de los empleos podría desarrollarse desde el domicilio. Antes de la crisis del COVID19, la Encuesta de Población Activa ya mostraba que el porcentaje de ocupados que, al menos ocasionalmente, trabajan desde su residencia ascendía al 8,3 % en 2019, lo que representa un crecimiento de 2,4 puntos porcentuales desde 2009.

Por tipo de ocupación, el trabajo a distancia es más frecuente entre los autónomos, en las empresas pequeñas y entre las ocupaciones cualificadas. Una cifra muy por debajo de la media europea (13%) y muy alejado de niveles de los países del norte como Países Bajos o Suecia en donde más del 30% de los empleados desarrollan su actividad laboral de forma remota.

cuadro teletrabajo

Entre los sectores de actividad “con más potencial” para aumentar la proporción de ocupados que trabajan desde casa destacan las actividades financieras y seguros, la información y las comunicaciones o las actividades inmobiliarias, que se encuentran entre las que más empleaban esta fórmula de trabajo hasta ahora. Otros sectores, aunque lo tienen más complicado, como el transporte y el almacenamiento, el suministro de energía eléctrica, la administración pública o el comercio, que prácticamente no recurren el teletrabajo, el Banco de España también encuentra un gran potencial de mejora, mientras que, en la agricultura, la construcción, la hostelería y el servicio doméstico, la posibilidad de teletrabajar “es limitada”.

Más allá de las características de cada sector, y de los beneficios que aporta, su implantación requiere de una delicada estrategia para aprovechar todo su potencial. El teletrabajo es mucho más que un ordenador portátil y una conexión a internet. Entre los factores críticos para su éxito destaca la gestión de la comunicación de las empresas con sus colaboradores como entre los propios colaboradores y equipos de trabajo. La comunicación tiene que hacerse cargo del estado emocional de las personas, contribuyendo a mitigar la sensación de trabajar en solitario, facilitar la productividad pero igualmente permitir la desconexión para acabar con las jornadas de trabajo interminables. La tecnología nos ofrece una oportunidad de innovar procesos y métodos de trabajo. Sin embargo, los ecosistemas de la innovación y de la colaboración no se improvisan. Requieren de una nueva gobernanza organizativa para desarrollar las actitudes, aptitudes y procesos que permitan adaptarse de forma rápida pero amable a la llamada nueva normalidad.

Prepararse para este mundo nuevo digital y con grupos de trabajo en remoto, requiere apostar por una nueva cultura organizativa basada en el compromiso, la colaboración y la comunicación

Prepararse para este mundo nuevo digital y con grupos de trabajo en remoto, requiere apostar por una nueva cultura organizativa basada en el compromiso, la colaboración y la comunicación. La sostenibilidad y la competitividad de una organización se basará así en un nuevo maridaje basado en la excelencia, la competencia y la cooperación gestionando el talento de una forma distribuida.  Los expertos apuntan además de réplicas de la crisis sanitaria y posibles nuevos confinamientos en los próximos años. Ya no podremos decir que no estábamos advertidos, por lo que tenemos que preparar nuestras organizaciones para futuras situaciones de caos.

El día después del confinamiento y la progresiva desescalada, es un buen momento para hacer un balance y repensar las prioridades, las capacidades y las formas de trabajo de nuestras organizaciones para rediseñar las culturas y procesos para hacerlas verdaderamente resilientes. Trabajar como lo hacíamos antes, el business as usual, se ha demostrado que es obsoleto frente a los nuevos y viejos problemas. En los meses que vienen, ser inclusivos será una de las cualidades más importantes en los próximos tiempos. Esto es, ofrecer seguridad a las personas en tiempos de incertidumbre. El mantenimiento del puesto de trabajo es probablemente el factor de seguridad más importante y las empresas e instituciones tienen que implementar una reingeniería de procesos para hacer sus organizaciones viables y eficientes.

El teletrabajo emerge como un must para las organizaciones y hacer de la necesidad una nueva oportunidad. Pensemos despacio para actuar rápido, pero hagámoslo, va en ello la viabilidad y sostenibilidad de nuestras empresas y de la sociedad.

Autor: Pau Solanilla Franco, consultor en reputación y liderazgo corporativo

Un nuevo modelo de movilidad y transporte para las ciudades

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Smart mobility

La movilidad y el transporte de las ciudades juegan un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático y la mejora de la calidad de vida de sus habitantes. 

Durante las semanas de confinamiento se ha podido evidenciar como la calidad del aire de nuestras ciudades ha mejorado debido a la limitación del tráficoLos niveles de contaminación se han reducido a la mitad en las 80 ciudades más pobladas de España lo cual tiene una repercusión tanto ambiental como de salud pública, ya que las enfermedades respiratorias (EPOC) están íntimamente ligadas a los niveles de partículas contaminantes en el aire. Incluso, un reciente estudio de la Universidad de Harvard relaciona la contaminación del aire con una mayor mortalidad por Covid-19.

Comparativa contaminacion ciudades durante el COVID

Crear un sistema de movilidad sostenible adaptado a cada territorio y a las necesidades poblacionales, teniendo en cuenta la salud y el medio ambiente es un reto crucial al que se enfrentan las nuevas urbes. Una movilidad 3.0, donde en centro sea el ciudadano.

Planificación y diseño participativo

La gobernanza participativa es clave para conseguir crear planes de movilidad urbana (PMU) sostenibles a largo plazo. Es imprescindible que todos los actores de la ciudad sean partícipes en la creación y el diseño de dichos planes. No solo para que se incorporen todos los puntos de vista, sino para corresponsabilizar a la población en el desarrollo y éxito de las iniciativas. Todos queremos vivir en ciudades sostenibles e inteligentes, por tanto es nuestro deber como ciudadanos, empresas o gobernantes, crearlas, cuidarlas y mejorarlas.

Cronourbanismo

¿Te imaginas que todo lo que necesitaras para vivir estuviera a menos de 15 minutos de tu casa? Reinventar el urbanismo creando ciudades y barrios compactos donde prime la proximidad es un gran desafío. 

Se trata de redescubrir la vida urbana dejando la movilidad sufrida (horarios, atascos, ruido, polución) por la movilidad elegida (a pie o en bicicleta, ahorro de tiempo, aumento de los vínculos sociales, menor contaminación acústica y del aire) que tendrá un gran impacto en la calidad de la vida de los ciudadanos, tanto a nivel de salud, de conciliación como de cohesión social.

Potenciación de modos de transporte sostenibles

El espacio público debe volver al peatón. Y no solo eso, debe tenerse en cuenta la accesibilidad universal. Todos, en algún momento, hemos sido o seremos personas con movilidad reducida y hay que diseñar las calles y los sistemas de transporte teniendo en cuenta a todos y cada unos de los ciudadanos.

La implantación de los sistemas de bicicletas públicas ha tenido gran impacto en los últimos años en todo el planeta. Fomentar su uso es un catalizador para la incorporación de la bicicleta privada en nuestros trayectos cotidianos, que debe conllevar cambios asociados como la mejora de aparcamientos, infraestructura en calzada, duchas en el trabajo, ordenanzas favorables, y un largo etcétera de incentivos a la movilidad sobre dos ruedas.

Además de la bicicleta, los patinetes, segways o hoverboars son nuevos medio de transporte que se ven cada vez más en nuestras ciudades. Sin duda habrá que tenerlos en cuenta a la hora de planificar la movilidad urbana. 

Mejora del transporte público

Promover el transporte público para atender las principales demandas de movilidad es un punto básico en todas las ciudades. Algunas acciones a tener en cuenta son la renovación de la flota de vehículos por alternativas menos contaminantes, el rediseño de rutas y frecuencias más eficientes, las plataformas exclusivas que eviten atascos y, sobretodo, la digitalización de los sistemas para poder ofrecer a los usuarios información y coordinación intermodal entre los diferentes servicios.

Uso eficiente de los vehículos motorizados

En un mundo ideal sería mínimo el uso de vehículos motorizados, pero hasta que ese futuro llegue hay que trabajar para minimizar el uso y maximizar la eficiencia de esta modalidad. ¿Cómo?

Compartir el viaje en coche (carpooling) y el coche en multipropiedad (carsharing) es la mejor forma de optimizar el uso del coche, en línea con el boom de la economía colaborativa.

Gestionando el aparcamiento en origen y destino. Si no se puede aparcar, no tiene sentido el uso del coche.

Reducir la tasa de congestión a través de peajes o pseudopeajes como han hecho ciudades como Londres, Estocolmo o Madrid.

-Incorporación de vehículos eléctricos, como Scoobic, y por tanto ampliar la red de puntos de recarga en la ciudad.

Uso de nuevas tecnologías y Big Data

La aplicación de las tecnologías de vanguardia en el sector de la movilidad es fundamental en las Smart Cities. Te traemos algunas iniciativas puestas en marcha por nuestros asociados:

Reporte y monitorización los puntos del tráfico tanto automovilístico como ferroviario e información actualizada al ciudadano a través de aplicaciones o dispositivos móviles. Algunos ejemplos son Cityneco en Granada o Sayme Traker en el metro de Rio de Janeiro.

Sommetrant, un software para la gestión del Big Data del transporte público en Málaga.

Sistemas de aparcamiento inteligente como los de Easypark implantados en Madrid, Elche y Antequera.

Apps de recarga de abono de transporte por reconocimiento facial, huella, como las soluciones de Paythunder en Córdoba. O las tarjetas ciudadanas inteligentes implementadas en Guadalajara o Zaragoza por Web Dreams.

Estaciones de recarga inteligentes de vehículos eléctricos como son las implantadas por Actisa o Endesa.

El compromiso de las ciudades con la implementación y desarrollo de Planes de Movilidad Urbana vendrá ligado a la capacitación del tejido empresarial y profesional para poner en marcha éstas y otras medidas que permitan crear ciudades sostenibles, conectadas y focalizadas en la calidad de vida de sus ciudadanos.

Smart City Cluster, desde su programa de capacitación Smartecofrece formación en diferentes áreas clave como el Transporte y la Movilidad Sostenible, la Gestión Responsable de Residuos, la Edificación Inteligente o el Turismo Inteligente.

Smartec es un proyecto que se enmarca en el Programa empleaverde. El Programa empleaverde del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto demográfico es una iniciativa de la Fundación Biodiversidad para el impulso y la mejora del empleo, el emprendimiento y el medio ambiente que está cofinanciado por el Fondo Social Europeo (FSE) en el marco del Programa Operativo Empleo, Formación y Educación 2014-2020.

Fuente: Smart City Cluster

Manifiesto por una recuperación económica sostenible

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La crisis del COVID-19 es la más importante a la que se está enfrentando la Sociedad desde la Segunda Guerra Mundial, y las medidas urgentes y extremas para luchar contra ella están teniendo un impacto tremendamente negativo sobre la economía, que ha quedado prácticamente paralizada.

Para mitigar este efecto, los gobiernos están planteando importantes paquetes de estímulo económico, probablemente los mayores de la historia. Pero ¿cómo emplear estas ayudas?, ¿cómo maximizar su valor para la Sociedad? Las decisiones que tomen los gobiernos deberán ser cuidadosamente valoradas, porque tendrán un gran impacto y unos efectos que perdurarán mucho en el tiempo, condicionando nuestra economía durante décadas.

En este contexto, se ha lanzado una iniciativa en Europa de agentes muy diversos, la Green Recovery Alliance (Alianza para una Recuperación Verde), que defiende que las políticas de estímulos deben ser efectivas desde el punto de vista económico y social y, a la vez, estar alineadas con las políticas de sostenibilidad y biodiversidad, que son esenciales.

Esta iniciativa se apoya en el Pacto Verde Europeo como estrategia de crecimiento basado en tres pilares: digitalización, descarbonización y resiliencia, entendiendo que la competitividad y el medio ambiente van de la mano, porque si no hay sostenibilidad ambiental no hay sostenibilidad económica o social.

España tiene unas condiciones ideales para aprovechar las oportunidades que supone esta estrategia de recuperación para generar economía y empleos: un enorme potencial de desarrollo de energías renovables, un capital natural único, una industria bien posicionada y una apuesta decidida por la eficiencia energética.

En este contexto, los abajo firmantes apoyan una recuperación hacia una economía más sostenible y robusta y demandan el establecimiento de alianzas entre partidos políticos, empresas, sindicatos, medios de comunicación ONGs y sociedad civil para apoyar e implementar un paquete de estímulos sostenibles, basado en el mejor conocimiento científico y en las mejores prácticas, que permita avanzar hacia una sociedad más próspera, sostenible, saludable y resiliente.

Consideran que estas cuestiones deben tenerse en cuenta en los planteamientos de la Comisión del Congreso de los Diputados para la Reconstrucción de España tras la crisis del Covid-19.

Para saber más… https://www.porunarecuperacionsostenible.net/