viernes, septiembre 4, 2026
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El Green New Deal y las políticas del futuro

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josé moisés martin carretero

La estrella ascendente de la política demócrata Alexandria Ocasio-Cortez presentó hace unos meses su programa económico denominado Green New Deal, en el que, haciéndose eco del New Deal de Franklin Delano Roosevelt, propone una transformación en profundidad del sistema económico norteamericano a través de una reducción drástica de las emisiones de gases de efecto invernadero, la renovación de las infraestructuras y la apuesta por la eficiencia energética.

El programa, presentado como resolución en el Congreso de Estados Unidos, aspira a una movilización de recursos sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, y ha despertado el interés y abierto cierto debate sobre el futuro de la economía, el papel de la sostenibilidad y el papel del sector público en esta compleja ecuación. En un contexto de ausencia de ideas frente al bajo crecimiento y la alta desigualdad y con la amenaza del cambio climático pendiendo sobre nuestras cabezas, la propuesta de Ocasio-Cortez, más que una revolución, puede ser una gran oportunidad.

Porque el Green New Dealno es una política nueva. La idea de un keynesianismo verde, en el que el sector público impulse las inversiones necesarias para transformar el modelo económico hacia un crecimiento más sostenible, basado en energías renovables, tiene varias décadas. El propio Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en los albores de la crisis económica internacional en 2009, sugirió que la reactivación económica debería basarse en un incremento masivo de las inversiones en energías renovables, recuperación del medio ambiente y lucha contra la contaminación.

La idea de fondo se vertebró en el marco de la cumbre de Medio Ambiente de Río+20 a través de la estrategia de crecimiento verde, esto es, la posibilidad de reimpulsar la economía internacional a través de las inversiones necesarias para avanzar en la senda de la sostenibilidad, al tiempo que se generan oportunidades para cientos de miles de nuevos empleos verdes. El propio concepto de Green New Deal ha dado lugar a informes y comisiones tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido, y su melodía forma parte de la justificación política del recientemente presentado Plan de Acción sobre finanzas sostenibles de la Unión Europea.

el Green New Deal es un keynesianismo verde, en el que el sector público impulse las inversiones necesarias para transformar el modelo económico hacia un crecimiento más sostenible

Las razones para este keynesianismo verde son más que razonables: en un contexto de crecimiento económico famélico, que Larry Summers caracterizó como el “estancamiento secular”, y con una ausencia de efectividad de la política monetaria, el recurso a la política fiscal para promover la inversión y fomentar el crecimiento económico a largo plazo es una política plausible. Sin embargo, no sirve cualquier tipo de gasto: las inversiones deben dirigirse a aquellas medidas que pueden promover el crecimiento económico equilibrado a largo plazo.

No cabe duda de que las inversiones en materia de eficiencia energética, economía circular o energías renovables forman parte del conjunto de políticas necesarias para mejorar la calidad de nuestro crecimiento económico. Estas inversiones no sólo impulsarían la economía y mejorarían el crecimiento potencial, sino que permitirían mitigar los riesgos económicos inherentes al cambio climático y mejorar la factura energética y de consumo de recursos. La inversión pública, correctamente dirigida, puede además lanzar señales al mercado para acelerar la transición ecológica de los operadores económicos, incentivando su transformación productiva y mejorando los niveles y la orientación de la innovación. Así, economistas de diferentes corrientes, como Philippe Aghion o Mariana Mazzucato, coinciden en señalar el papel que el sector público tiene en materia de promoción de la innovación y la asunción de los riesgos inherentes a las mismas.

Las virtudes de los planes de inversiones con marcado carácter ambiental son, por tanto, ampliamente reconocidas. Pero subsisten dificultades para su operativización. La primera de ellas es la financiación de un plan de inversiones lo suficientemente ambicioso como para generar un impacto significativo en el rumbo de la economía. El recurso al déficit público es una tentación que debe ser examinada con atención, pues su impacto neto dependerá de que el crecimiento económico que genere sea lo suficientemente sólido como para poder absorber el aumento de la deuda pública. Las inversiones estructurales, como la I+D, la educación, o las infraestructuras, suelen tardar tiempo en impactar en la economía, de manera que una inversión masiva puede generar un efecto a muy corto plazo en función de la actividad económica, pero su impacto en materia de crecimiento a largo plazo debe ser cuidadosamente considerado.

En segundo lugar, se debe tener en cuenta el efecto sustitución de las nuevas infraestructuras. En el reto de la transición hacia las energías renovables pesa también la amortización acelerada de infraestructuras contaminantes cuya vida útil todavía será larga, como las centrales de ciclo combinado, cuya vida útil puede alargarse hasta bien entrada la década de 2030. Más preocupante que la vida útil de las infraestructuras energéticas contaminantes es la asunción de los costes económicos y sociales de la adaptación de mano de obra vinculada a un modelo productivo insostenible y anticuado. En España, la política de transición justa no ha logrado ofrecer una salida razonable a las cuencas mineras, por no hablar de los costes de adaptación que traerá para nuestra industria automovilística la generalización del automóvil eléctrico.

la política del Green New Deal puede significar un importante paso para garantizar una prosperidad sostenible a medio y largo plazo

En tercer lugar, cabe ser muy cauteloso en la elaboración de una política pública que evite tanto los fallos de mercado como los fallos de gobierno en la selección y gestión de las inversiones, algo que requiere de un nivel de calidad institucional lo suficientemente alto como para evitar clientelismos y malas decisiones, lo cual es, en sí mismo, un importante reto. La experiencia española en inversiones fallidas es todo un ejemplo.

Con todo, la política del Green New Deal puede significar un importante paso para garantizar una prosperidad sostenible a medio y largo plazo. Más allá de las declaraciones, la inversión verde está ganando peso en el conjunto de políticas públicas, aunque todavía estamos lejos de un auténtico New Deal. No sería la primera vez que las economías occidentales impulsan su crecimiento con un liderazgo financiero y tecnológico del sector público. La carrera espacial invirtió decenas de miles de millones de dólares para llevar al ser humano a la Luna, hace ahora 50 años. Además de un éxito propagandístico de primer nivel sobre la superioridad técnica de Estados Unidos, el programa espacial norteamericano impulsó la industria de alta tecnología, difundió nuevos productos y servicios que luego alcanzaron el mercado y el sector privado, y nos ofreció una nueva visión de nuestro mundo. Quizá ha llegado el momento de que nuestros Gobiernos asuman el reto de invertir decenas de miles de millones de dólares para que, en vez de salir del planeta, podamos habitar justa y libremente en él.

José Moisés Martín Carretero es economista y consultor y miembro de Agenda Pública.

Fuente: El Pais

Future goverment 2030+

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El futuro del trabajo en la era de las plataformas digitales - Sostenibles
El futuro del trabajo en la era de las plataformas digitales - Sostenibles

En octubre de 2019, la Unión Europea publicaba el informe “Future Government 2030+” en el que recoge las implicaciones y recomendaciones políticas sobre cómo ha de ser el futuro del gobierno, en una perspectiva que va más allá de 2030.

En octubre de 2019, la Unión Europea publicaba el informe “Future Government 2030+” en el que recoge las implicaciones y recomendaciones políticas sobre cómo ha de ser el futuro del gobierno, en una perspectiva que va más allá de 2030.

Para qué sirve una buena reputación

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Juan Carlos Blanco

El término “licencia social para operar”, un concepto que está en las antípodas de los liderazgos dominantes propios de machos alfa que han leído demasiados manuales sobre el arte de la guerra y otras habilidades castrenses en las que se requiere mucha testosterona, algo de maquiavelismo y muy poco pensamiento crítico.


Hace un par de semanas asistía, gracias a una invitación de José María Zambrano y de Ana Salazar, a una charla en Sevilla en la que el consultor Pau Solanilla presentaba su libro ‘La república de la reputación’, un texto que acabo de leer y sobre el que quería exponeros algunas ideas.

El ensayo reflexiona sobre algunos de los desafíos a los que se enfrentan las sociedades modernas (desinformación, posverdad, crisis de confianza en los liderazgos, poder excesivo de las nuevas plataformas sociales y de los algoritmos…) v reivindica el sentido común, la mesura y la sobriedad como herramientas fundamentales para superar este escenario público que vivimos de confrontaciones, polarización ideológica y populismo de trazos gruesos.

El texto defiende la importancia de cuidar en este nuevo escenario un intangible imprescindible para sobrevivir en él: el de la buena reputación, aquella que permite que las empresas, las instituciones y los líderes políticos y sociales obtengan lo que él define como una ‘licencia social para operar’, es decir, para lograr la confianza en ti de tu comunidad y de quienes te rodean.

La licencia social para operar

Me gusta este término de la licencia social para operar, un concepto que está en las antípodas de los liderazgos dominantes propios de machos alfa que han leído demasiados manuales sobre el arte de la guerra y otras habilidades castrenses en las que se requiere mucha testosterona, algo de maquiavelismo y muy poco pensamiento crítico.

Pau Solanillas, a la izquierda de la imagen, junto a José María Zambrano, en la presentación en Sevilla de su libro ‘La república de las emociones’.

Solanilla apuesta más por los liderazgos abiertos, inclusivos y transparentes que nacen desde la coherencia, la autenticidad y la empatía, virtudes blandas que suelen ser más eficaces que las que definen los liderazgos autoritarios basados en el ordeno y mando.

Estas habilidades sostienen el edificio de esa república de la reputación de la que habla el autor, un territorio en el se persigue la confianza necesaria para construir una marca desde el ejemplo y el compromiso ético.

La primacía de lo emocional

En esta búsqueda no hay un combate entre lo emocional y lo racional. Ambos se retroalimentan. Y son tan necesarios el uno como el otro. Pero es evidente que los buenos liderazgos se centran en buscar una conexión que vaya más allá de las cuentas de resultados. Aspiran a trascender y a conectar emocionalmente. Aspiran a inspirar. Prefieren conversar y escuchar antes de tomar decisiones. Y buscan el compromiso de los suyos mediante el fortalecimiento del sentido de pertenencia y orgullo a la organización.

La búsqueda de la buena reputación se convierte, así, en la búsqueda de un propósito que sintonice con los valores sociales emergentes y que sea capaz de trasladarse a la sociedad con mensajes directos y sencillos, no con discursos desangelados y huérfanos de vida, sino a través del mayor arma de persuasión masiva con el que cuenta el ser humano: el del poder de contar y de narrar historias.

El poder de las historias

Solanillas es consciente de que las historias conectan a las audiencias como no lo hacen ni los datos fríos ni las frases empalagosas y vacías que pueblan los discursos de tantos dirigentes políticos y sociales. Y pone ejemplos tan dispares como el de Pepe Mújica o el de Steve Jobs para reivindicar la capacidad de inspirar a los demás desde la autenticidad y desde la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, entre el storytelling y el storydoing.

Cada día más, los ciudadanos exigen que les traten como a mayores de edad y no como a unos adolescentes con síndrome de Peter Pan a los que se les puede engañar con discursos de vendedores de crecepelos. Están hartos de que les quieran vender mercancía caducada. Y reclaman líderes políticos y sociales de los que se puedan fiar.

Un consejo, si os preocupan estos temas, no dejéis de leer este ensayo.

Autor: El blog Blanco

Empresa familiar, el delicado equilibrio entre reputación y sostenibilidad.

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En un mundo en cambio y con nuevos paradigmas, las empresas familiares siguen siendo uno de los actores fundamentales de la vida económica y social de nuestras sociedades. Su comportamiento estratégico es diferente a otras corporaciones y se caracterizan por estar comprometidas con sus colaboradores así como por el compromiso y contribución con el territorio. Éstas, trasladan y transmiten los valores a sus compañías, por lo que el propósito y el legado de las distintas generaciones constituyen un elemento central y diferenciador.

El principal reto en los últimos años ha sido la transformación que supone su corporatización, y en la medida en que estas transiten de “empresa familiar” a convertirse en “familia empresaria” pueden gestionar mejor su actividad y su legado. Vivimos un momento de disrupción económica y social a causa de la transformación digital, que impacta en el desarrollo del negocio y en el posicionamiento público y la reputación. La hiperconectividad ha dado paso a la hipertransparencia y quien no sea capaz adaptarse a ese contexto corre el riesgo de dañar su reputación. Las reputación de las empresas familiares están íntimamente vinculadas a la imagen y a la reputación de las familias propietarias, por lo que es especialmente importante una correcta gestión de la comunicación para proteger el buen nombre de las familias. Muchas de ellas no tienen todavía hoy profesionalizada la comunicación a pesar de que se han dado avances importantes en el terreno del Gobierno Corporativo. La comunicación sigue siendo una de las asignaturas pendientes y muchas de ellas no cuentan con ningún tipo de estrategia ni sus miembros han recibido ningún tipo de formación o capacitación para afrontar los retos en materia de comunicación y reputación.

Además de la profesionalización de la gestión de la empresa familiar, hay que caminar hacia la profesionalización de la comunicación para contribuir a la buena reputación tanto del negocio como de la familia.

Existe una creencia sobre los riesgos de comunicar muchas de las acciones, políticas y estrategias corporativas por temor a una sobreexposición de la familia. Igual que se han profesionalizado otras áreas de gestión, hay que caminar hacia la profesionalización de la comunicación para contribuir a la buena reputación tanto del negocio como de la familia en tres dimensiones principales:

1. La gestión de la comunicación en el seno de la familia o entre las diferentes ramas familiares.
Es fundamental cohesionar las diferentes visiones entre las generaciones que conviven en ella. En una década, numerosas empresas familiares se enfrentarán al reto de abrir posiciones ejecutivas a una nueva generación, los millenials, con una forma de ver el mundo diferente a las anteriores,  generando un reto importante en la transición de las empresas. Es importante planificar no sólo el legado, sino construir una cultura de la comunicación que acompañe de forma coherente e inclusiva el proceso de construcción de valores y cultura empresarial compartida. Los miembros de la familia deben tener sentimiento de pertenecia para que sea atractivo para la siguiente generación.

2. La comunicación entre familia y empresa. Es importante transmitir el propósito y los valores entre sus empleados y colaboradores incluso si existen disensos en el seno de las familias propietarias. Hay que evitar trasladar la informalidad de las relaciones familiares a los procesos internos de las empresas y desarrollar políticas de employee engagement para incrementar el orgullo de pertenencia y el compromiso de los colaboradores con el proyecto empresarial y familiar como mejor garantía de productividad, efectividad y continuidad de las empresas.

3. La comunicación corporativa. En “la economía de la atención”, la comunicación se ha convertido en un recurso estratégico para la competitividad del negocio y construir una imagen reputacional sólida. Las empresas familiares tienen que romper el techo de cristal para desplegar una estrategia global que les permita poner en valor tanto su diferencial, su competitividad y sostenibilidad, y proteger la reputación familiar.

Operamos en mercados cada vez más conversacionales y veloces. Las nuevas tecnologías hace que consumidores y público tomen el control de la conversación las veinticuatro horas del día en múltiples canales y formatos. Las redes sociales son el lugar en el que se construyen o destruyen marcas y compañías, por lo que además de escuchar hay que participar en la conversación creando la narrativa adecuada. El storytelling ha pasado a ser también un “must” para la gestión de la reputación familiar. Atrás quedan convicciones obsoletas como “si no estamos en las redes sociales nadie hablará de nosotros”. Tenemos que estar preparados para comunicar, escuchar e interactuar para proteger la reputación de la empresa y el buen nombre familiar. La reputación y la trasformación digital van a ser las variables que van a mover al mundo en los próximos años, y la empresa familiar deber ser capaz de gestionarla de forma eficaz.

Para saber mas:
https://www.desarrollando-ideas.com/2018/07/la-reputacion-de-la-empresa-familiar-frente-a-la-transformacion-digital/

Más allá de los mapas y fronteras: la conectividad desborda la geografía

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Tradicionalmente, los mapas y sus fronteras, las banderas y la identidad, eran los símbolos que mejor definían el mundo y la Comunidad en que nacíamos o vivíamos. Hoy sin embargo, la “conectividad” lo está cambiando todo.

Financiarse con Bonos verdes es más barato que con los convencionales

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Primera emisión de bonos sociales de la UE: interés de los inversores - SOSTENIBLES
Primera emisión de bonos sociales de la UE: interés de los inversores - Sostenibles

Las empresas se financian ya más barato con bonos verdes que con los convencionales. Goldman cifra en 14 puntos básicos el ahorro en el mercado europeo. Los bonos verdes atraen a inversores más estables y diversos.

Las empresas más sostenibles del mundo

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La sostenibilidad está impregnando las agendas sociales, políticas y comerciales de todo el mundo. Esta infografía, basada en Corporate Knights Global 100, muestra cuáles son las empresas más sostenibles del mundo.

La inversión verde, una tendencia al alza

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ESG

Esta nueva década podría marcar el inicio de la maduración definitiva de las inversiones verdes o ecoresponsables, es decir, aquellas destinadas a financiar iniciativas empresariales y tecnológicas sostenibles y respetuosas con el medio ambiente.

Slow fashion: La moda ‘repiensa’ su futuro en clave sostenible

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La ‘slow fashion’ está en auge. El consumidor no solo se fija en la parte estética de la ropa, sino que va más allá. El cómo y dónde se fabrica la ropa también importa.

El futuro es sostenible, pero todavía queda mucho por hacer. Esta fue la clave más repetida a lo largo de Re-Barcelona, que celebró su primera edición del 29 al 30 de noviembre en la capital catalana. Más de treinta participantes debatieron durante la jornada sobre cómo abordar la sostenibilidad y la circularidad, desde la industria a la distribución.

El congreso, organizado por Moda Sostenible Barcelona e impulsado por el Ayuntamiento de la ciudad, dio el pistoletazo de salida de la mano de Marie-Claire Daveu, directora de sostenibilidad de Kering. La ejecutiva incidió en el papel estratégico de la sostenibilidad dentro del gigante francés propietario de Gucci y recalcó en la necesidad de que todo el sector aborde este cambio. 

 “Si queremos sobrevivir como humanidad, empujar juntos es una responsabilidad compartida, no hay magia”

La industria de la moda ha dejado de funcionar con un objetivo exclusivamente estético. Lo que hay detrás de cada prenda que lucimos en nuestro día a día cada vez importa más, pese a que las grandes de franquicias de la conocida como fast fashion no tengan, aparentemente, competencia.

El impacto medioambiental que supone fabricar una camiseta, las condiciones en las que trabajan personas que se encargan de confeccionar la ropa o el país de donde procede cada una de las prendas influye, cada vez más, en la decisión del consumidor a la hora de comprar en una u otra tienda.

La moda ya no solo significa estar guapa, tener estilo o vestir las últimas tendencias. En el siglo XXI, la cuestión va más allá. Se trata de comprar con una serie de principios, de ver lo que hay detrás de lo que vestimos. Por eso, cada vez son más las firmas que surgen dentro del ámbito moda ética o sostenible. Por lo general, son marcas que fabrican en España o, al menos, en Europa, que cuidan el medioambiente en su proceso y, ante todo, cuidan que las condiciones de trabajo sean lo más óptimas posibles.

Fuente: Moda.es y Bazaar

La sostenibilidad como derecho fundamental

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Cristina Monge

El Tribunal Supremo holandés ha dictaminado que “en un estado democrático de derecho, una demanda para la protección de los derechos humanos es mucho más que una demanda sobre las elecciones políticas de cada persona.